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Hola soy Antonio Acevedo, abogado de familia. Experto en temas legales de las relaciones abuelos-nietos.

Hacia un nuevo derecho de familia

jueves, 1 de enero de 2009

La sociedad en la que vivimos en los inicios del siglo XXI ha adquirido una complejidad extraordinaria, y la familia, aquella célula básica de la sociedad como siempre se le consideró, no escapa de esta enloquecida transformación que no ha hecho más que empezar.

Desde la familia nuclear en la que hemos crecido, compuesta por padres e hijos en una situación de estabilidad y de permanencia en el tiempo, se ha pasado, en el transcurso de apenas una generación, a una institución que se encuentra incluso pendiente de encontrar su definición definitiva. Son cada vez más las parejas que unen sus vidas en una situación de convivencia libre, rechazando la formalidad del matrimonio, y creando una forma de familia que la sociedad cada vez con más fuerza considera como equiparable a la relación matrimonial en muchos aspectos. Las numerosas rupturas de familia a o pareja dejan paso, en no pocos casos, a familias monoparentales en las que los hijos residen en compañía de uno de los progenitores, en tanto que el otro mantiene con la prole un sistema de simples contactos o vivitas. En otras muchas ocasiones, los integrantes de las parejas rotas dan lugar a nuevas uniones en familias reconstituidas, en las que es frecuente que cada miembro de la pareja aporte hijos habidos en la unión anterior, que tendrán que convivir juntos en la nueva unidad familiar, lo que indiscutiblemente creará situaciones de tensión a las que esa familia tendrá que enfrentarse. Y todo ello –en la mayor parte de las ocasiones- contando con la presencia del progenitor de los hijos ajenos, que vive separado de ellos, y que a su vez puede que haya formalizado otra pareja, con quienes los hijos también tendrán que relacionarse.

Y en este complicado escenario, no olvidemos la presencia de los abuelos, a quienes la complejidad de las relaciones familiares a la que nos hemos referido tiende a postergar, y cuyo derecho a relacionarse con los nietos mediante un régimen de visitas que puede ser judicialmente establecido, agrega un ingrediente más de dificultad en el entramado de relaciones dentro de una misma familia, sin descartar la posibilidad de que los derechos de unos se solapen con derechos igualmente legítimos de otros miembros de la misma rama familiar, generando un nuevo conflicto que hay que resolver.

Por último, la proliferación de las adopciones y las posibilidades que abre la reproducción asistida nos conducen a una situación de vértigo, a poco que dejemos volar la imaginación y pensemos a dónde puede conducirnos este fenómeno en permanente cambio que constituye hoy la familia, tan alejado del modelo tradicional en el que todo era estabilidad apenas hace unos pocos años.

El derecho de familia tiene que dar respuesta legal a este entramado de situaciones que, aunque evidentemente enriquecen el escenario familiar, es obvio que también lo complican y generan posibles conflictos de intereses a los que una Ley suficientemente flexible y receptiva a los cambios sociales debe dar respuesta inmediata, puesto que los intereses a proteger no admiten demora sin peligro de quedar perjudicados para siempre.

Y junto con la versatilidad de la norma, hacen falta órganos jurisdiccionales atentos a estas transformaciones sociales y con capacidad para gestionar los conflictos familiares con la vista puesta en la garantía de las relaciones entre todos los miembros de una misma estirpe, dejando a salvo la posición de todos y cada uno en el escenario que les toque vivir.

En este difícil mundo de la familia actual, la mediación familiar se configura, como sucede en muchos países de nuestro entorno pero con más tradición en la resolución alternativa de los conflictos, como el sistema más adecuado para resolver cualquier crisis de familia o de pareja sin que las relaciones interpersonales se resientan o resulten perjudicadas.

Las crisis son frecuentes, pero de ellas puede salir un escenario nuevo más gratificante y más feliz, siempre que contemos con el medio adecuado para gestionar el conflicto, y que las frecuentes rupturas no signifiquen necesariamente la quiebra de las relaciones personales dentro de la misma familia. Para remediar el conflicto, la mediación familiar es sin duda alguna la herramienta adecuada. Solo hace falta una Ley avanzada que permita a cada cual seguir manteniendo su posición tras el estallido de la crisis.

Antonio Acevedo Bermejo
Abogado de Familia
Mediador Familiar

Autor del Libro “Las Relaciones abuelos-nietos. Régimen de Visitas y reclamación judicial”. Editorial Tecnos. 2006. y autor del libro “El divorcio sin pleito. El Abogado y la mediación familiar”. Editorial Tecnos 2009.

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