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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

¿Abuela yo?

miércoles, 22 de mayo de 2013

Hoy me siento más abuela que nunca, quizás porque he pasado el fin de semana con tres de mis nietos y los he disfrutado especialmente.
Permitidme que de la abundancia del corazón hable la boca.

Abuelas, abus, abuelitas…, abuelos canguro, o como quieran llamarnos, nos “pierde” el amor por nuestros hijos y nietos.

Los años se llevan nuestra juventud, no toda, como el viento barre la arena en el desierto, pero nos regalan montañas de experiencia, de equilibrio, de paciencia, de generosidad… para que enseñemos a nuestros nietos a subir y bajar las dunas de la vida con habilidad, incluso a vencer dificultades con la sonrisa puesta… ¡Hermosa forma de envejecer!

Me costó reconocer que ya era abuela. Cuando nació mi primer nieto, me repetía que aquella criatura preciosa era el hijo de mi hijo… Y me propuse quererlo aunque no acabara de asimilar la situación. ¡Y ya lo creo que le quise! Lo adoro. Poco a poco, se me fue despertando un sentimiento especial, cada vez más bonito, más profundo. Pero el niño era y no era mío… Tuve que buscar mi papel en la historia y aprender a actuar según el guión. Imprescindible.

De momento, tengo cuatro nietos: el mayor tiene 11 años, y el pequeño, 2. El último nació con la suerte de haberse encontrado una abuela “hecha y derecha” con un corazón maduro en el que caben todos y más.
Existe una notable diferencia entre nuestros abuelos y nosotros. Ahora, la mayoría de los abuelos tiene, debe, o debería estar muy cerca de sus nietos porque las circunstancias lo demandan. Pero no es fácil: la sociedad, las formas de educar, los avances tecnológicos, la diversidad de familias, los valores de moda… abren zanjas entre nietos y abuelos y, sin embargo…, nunca estuvieron tan necesitados los unos de los otros… No queda más remedio que reciclarse.

Hay cosas que cambian, sobre todo las que se ven, porque las valiosas, las que guardamos celosamente para ellos, sirven siempre. Pero necesitamos puentes para transportarlas y para asegurarnos de que llegan a su destino.

No hay tanto que aprender. Se trata de conocer su mundo y comprenderlos, de proporcionarles, en segundo plano, las herramientas para contribuir a su formación de personas sólidas, honestas, felices… Y se trata también de sentir una enorme satisfacción en el empeño. Porque ser abuela, abuelo, hoy, es un privilegio y un placer, pero también un compromiso, un servicio que oculta cualquier sacrificio que pidan “los tiempos” a cambio de… poca cosa, un “gracias” por parte de los padres.

En la actualidad, muchos abuelos no solo mantienen sólidamente las raíces de la familia y transmiten savia vital a las ramas jóvenes sino también, tienen la llave sin cerradura de la despensa familiar… Duro, admirable. Se merecen más que lo que puede ofrecerles un monumento.

“¡Abuela, tú siempre estás feliz!”, me dijo mi nieto Íñigo. No siempre, claro, pero sí es cierto que me lleno de energía sólo con ver los ojos de mis nietos: negros almendrados, azul pastel, verde magnético, añil … Tienen la fuerza de la vida que empieza.

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