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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

El movilbús

lunes, 19 de abril de 2010

Utilizo con frecuencia el autobús como medio de transporte por la ciudad. Me encanta ir pensando mientras viajo. Pero no me dejan. Muchos viajeros, jóvenes y mayores, utilizan el autobús también como locutorio compartido para contar su vida a través del móvil.

Hablan sin pudor de las cosas más cotidianas, más peregrinas, más personales: vocecitas divinas diciendo necedades exasperantes y voces como truenos machacando al personal, mientras suena por aquí y por allá un pasodoble o el timbre de un despertador que te pone en vilo las neuronas.

Si el trayecto es largo y no hay mucha gente, paciencia, porque se dan las circunstancias ideales para que surja la necesidad de comunicarse. Así que cuando sucede, me digo: “relájate y escucha”. ¡Se podría escribir un novelón! Efectivamente, el otro día, escuché atónita la parrafada de una adolescente angelical intentando convencer a una amiga para irse solas de fin de semana a Marbella. Argumentaba un plan perfecto para engañar a sus respectivas familias. Fueron 15 minutos de tensión que terminaron felizmente gracias a la sensatez de la amiga.

La señora de edad indefinida que se sentó a mi izquierda estaba de vacaciones. Llamó a su hermana para que no olvidara “dar las pastillas a papá”. ¡Pero no acertaban con las pastillas!: “estarán en la repisa del baño…, no, en la cómoda…, son verdes… ¡Qué estrés!

Un señor muy amable recibió una llamada con ritmo caribeño que cortó enseguida: “Te llamo en 5 minutos, cielo”. “Gracias”, le respondí sin darme cuenta.

Pues no digo nada del trenmóvil , hay quien llama varias veces en un trayecto de 2.30 h para decir: “oye, que nada, que ya llego, que te llamo cuando llegue, ¿vale?, hablamos”. ¡Ay, Gila!

Apelo a los derechos de todos, más bien a la compasión, para controlar esta fiebre. Confieso que yo ya no puedo vivir sin el teléfono móvil, pero tampoco con el móvil pegado a mi oreja o a la del vecino, en cualquier lugar, a cualquier hora. “Sugiero” que pensemos más… en los demás. Simplemente.

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