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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

Navidad 2009: El tiempo no borra lo esencial

lunes, 28 de diciembre de 2009

Me gusta la Navidad, hay noticias emocionantes, suceden milagros, florece la buena gente, todo brilla… Dicen que es el resplandor de una noche mágica.
Me gusta la Navidad pero, con todo respeto a las diversas opiniones, ni tanta, ni toda.
Las Navidades constituyen ya un periodo largo en el que entramos con ilusión y siempre salimos agotados. Curiosamente, cada año repetimos este ritual que, cada año también, comienza un poquito antes: un papá Noel despistado que se asoma a un escaparate a mediados de noviembre, estrellas que adornan algunos establecimientos madrugadores… Este “adviento” tempranero de tinte comercial acentúa la sensación de unas fiestas interminables. Tanta, no, por favor.

La Navidad es una fiesta de todos, por supuesto, pero a lo mejor no todos celebramos lo mismo o lo hacemos de forma diferente. Precisamente el resultado de esta variedad de interpretaciones, es un ambiente divertido, bullicioso y, tal vez, un poco desconcertante, sobre todo en algunos mercadillos: Mickey Mouse con los pastores y Santa Claus en camello. Tiene su gracia y un sabor ligeramente descafeinado. Me gusta una Navidad más íntima, más espiritual o más humana, pero que te “llegue”.
No puedo dejar de pensar por un momento en las Navidades en casa de mi abuelo, que por estas fecha parecía un hotel (“La Posada del Peine” la llamaba mi madre) con toda la familia dentro. Lo que me queda, no son los regalos ni las cenas, es el amor que respirábamos.
Los recuerdos son inevitables, pero soy enemiga de la nostalgia. Vivo una etapa nueva, preciosa, vuelve a haber niños en casa, y los mayores no tenemos derecho a aguar la fiesta a nadie, sino todo lo contrario, porque grandes y pequeños tienen derecho a experimentar su Navidad, a ser felices y a tejer sus propios recuerdos.

Quisiera transmitir a los míos, a los lectores de estas líneas, un mensaje de alegría, de paz, de cariño, de solidaridad, de esperanza. Nada original, se lo he copiado, más o menos, a un coro de ángeles que, con motivo del nacimiento de aquel Niño divino llamado Jesús, lo lanzó al viento hace más de 2000 años para todos los hombres y mujeres de buena voluntad. El tiempo no borra lo esencial.

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