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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

Nuestros mayores: más luces que sombras

martes, 2 de noviembre de 2010

En mi familia, o se mueren jóvenes como los héroes o ancianos como Matusalén. No hay término medio. Los que nos han dejado enseguida se han ido, los pobres, llevándose un trozo irrecuperable de nuestra felicidad. Algunos de los que se han quedado son ya tan mayores, los pobres, que hay que adoptarlos para protegerlos.

Un esfuerzo ímprobo, a veces, pero extrañamente gratificante.

Es cierto que oficialmente se piensa en la calidad de vida de los mayores y se ha avanzado mucho en atención a la dependencia. Pero a medida que los míos van envejeciendo, soy testigo de su deterioro físico, mental, psicológico… y siento una especie de rebeldía que me impulsa a luchar por ellos. Porque ellos quieren vivir, y no me basta con atenderlos, ni me gusta la sociedad que los margina, que de todo hay, ni la resignación de los marginados. Quiero que, mientras puedan pensar, no pierdan nunca el orgullo de ser ciudadanos de primera, miembros privilegiados de esa sociedad que mima a sus nietos. Quiero que, en la medida de lo posible, sigan participando de la vida familiar para que se sientan útiles, personas… La experiencia me dice que la ilusión, el afecto y la seguridad son las mejores vitaminas que les podemos proporcionar, en cualquier caso y circunstancia.

Mi padre estaba destinado a una silla de ruedas antes de haber cumplido los 80… La inesperada noticia tenía un barniz de impotencia y un trasfondo de apatía que me sirvió de revulsivo: un hombre con la cabeza privilegiada, todo un carácter, indefenso como un pajarillo, en mis manos… Ni él ni yo nos podíamos conformar con ver pasar los días sin hacer algo. Vivió bastante más, y bien, gracias a un médico que creía en los milagros y a la familia que se empeñó en prestarle su vida.

La historia se ha vuelto a repetir… Y, otra vez, los mismos sentimientos.

Ayuda mucho pensar que la persona es siempre persona.

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