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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

¿Qué hacemos con las joyitas?

martes, 7 de septiembre de 2010

Parece que, desde que algunas famosas, famosísimas, aparecen en las revistas sin joyas, la moda de llevar el muestrario de alhajas puesto, incluso el falso, está superada. Por otro lado, en estos tiempos que corren, enjoyarse da vergüenza y miedo. Las dos cosas.

Sin embargo, guardamos las joyitas o los “garbanzos” heredados y acumulados “tacita a tacita”, con cariño. Son fruto de la nostalgia y de los caprichos inconfesables.

El otro día, en esas últimas tertulias playeras a las que se unen las hijas mientras los nietos construyen castillos en la arena, surgió el tema: “¿Habéis hecho testamento?”, preguntó C, a bocajarro. Y es que C está obsesionada con estos temas. Pues bien, ninguna de las presentes había hecho testamento.

“¿Y a quién le vais a dejar las joyitas?”, continuó. La hija de C alteró la cara de parchís de las tres tertulianas sin testamento: “Mamá, las tuyas me las tienes que dejar a mí, no soportaría ver a mi cuñada con tus pendientes de perlas australianas o con el collar de la abuela.

C nos miró pidiéndonos opinión. Tiene un hijo casado con una mujer fantástica, dos nietos, chicos, y esta hija, sin descendencia por el momento, moderna para casi todo y retrógrada por conveniencia.

Se produjo una discusión “caliente” con argumentos para todos los gustos. De repente, M, que había permanecido callada, dijo: “Bueno, en realidad, yo hace tiempo que lo tengo pensado, quizás desde que a mi padre le convirtieron en paréntesis a la hora de repartir recuerdos de mi abuela. Mis cuatro cosas de valor serán para mi hija y mis dos hijos. No pretendo que ellos se pongan mis sortijas. Pero les pertenecen, y que hagan lo que quieran con ellas. Estoy segura de que mis maravillosas nueras serán finalmente las destinatarias y de que un día se las pondrán mis nietas y las disfrutarán mis nietos”. Nos quedamos de piedra.

Le he dado vueltas a este inesperado discursito de la más tímida de la tertulia y he llegado a la conclusión de que el auténtico sentimiento de igualdad implica estas decisiones. Yo, mujer, no entiendo por qué las hijas (o las nueras cuando no hay hijas) tienen que heredar “el joyerío “, mientras los hijos varones aceptan esta situación, en muchos casos, como algo natural…

Nuestra amiga L no tiene este tipo de problemas: este verano, cuando se fue de vacaciones, dejó su tesoro particular en una bolsa de basura junto al cubo. Le pareció el escondite ideal. Cuando volvió a casa, la bolsa había desaparecido: su madre la había tirado a la basura, claro, para que L se lo encontrara todo limpio.

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