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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

Una generación sin nombre

viernes, 25 de junio de 2010

Unos 8 millones de españoles tenemos entre 55 y 70 años, más o menos, y la sociedad no sabe muy bien cómo “catalogarnos”. Nos llaman, maduros (sería imperdonable que fuéramos inmaduros), mayores (¿quién, yo?)o mayores activos (¿qué es eso?)…

También nos denominan “baby boomers” porque un porcentaje significativo de esos 8 millones nacimos durante un periodo caracterizado por un notable aumento de la natalidad, después de la II Guerra Mundial. En Norte América, somos la generación “U”, de “unretired”, un término para designar a las personas que no se quieren jubilar por edad porque se encuentran en plena forma para seguir trabajando. Otros americanismos se refieren a nosotros con cierta ironía: generación sándwich, porque vivimos armonizando el mundo de nuestros padres y el de nuestros hijos, o generación chicle porque estiramos nuestra capacidad de adaptación a los cambios hasta el infinito… Séniors, nos llaman algunos en un esfuerzo por agradarnos … Viejos, sería un insulto para muchos…”Viejas son las cosas, las personas somos mayores”, me dijeron una vez. Y sin embargo…viejo es una palabra que me gusta si el tono es respetuoso y va acompañada de cariño.

Definitivamente, no hemos encontrado un vocablo que nos encante, ni una frase corta que nos defina. Tal vez, porque no somos conscientes de que cumplimos años y de que la percepción que los demás tienen de nosotros sí encaja con alguna de las denominaciones que nos adjudican. De todas formas, no es una cuestión de aceptar o no las arrugas, sino de sentirse bien dentro del vocablo adecuado.

Supongo que todos tenemos experiencias parecidas, pero a mí, que me creo eternamente joven, me hacen entrar en razón advertencias tan inocentes como: “¡Cuidado, señora, no se vaya usted a caer!”. ¡Ummm!
Hace dos días, un taxista me acabó de hundir en la miseria. Pensó que iba a una reunión de trabajo y me dijo entre risas: “¿Qué hace usted trabajando? Usted tiene que estar de crucero… Ya es hora de que se dedique a la buena vida y deje sitio a los jóvenes.”
No le respondí porque estoy segura de que no pretendía ofenderme. Pero empecé a hablar de la crisis, un tema que nos pone a todos firmes , y se le fueron las ganas de ganarse la propina torpemente.

Si alguien encuentra un nombre para esta generación, que lo diga. De momento, me enternece la amorosa conclusión a la que llegó uno de mis nietos, casi un bebé, después de mirarme fijamente : “Abuela, tú eres un poquito vieja y un poquito joven…” Pues esa es la cuestión.

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