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Blog de Isabel García Olasolo. Plusesmas.com

¿Qué tal? Soy Isabel García Olasolo, directora editorial de Bayard durante muchos años. Ahora, jubilada y presidenta de la Fundación Bayard, me gustaría compartir desde este blog mis pensamientos, anécdotas y experiencias con vosotros, ¿Quedamos aquí? Os espero.

Yo tenía una tía en Cuba…

miércoles, 20 de octubre de 2010

Desde hace unos años, en septiembre, mi tía, la cubana, viene a Madrid para disfrutar de esa calma chicha que precede al otoño profundo, y que tanto le recuerda el clima dulce del Caribe.

Durante un mes, he observado sus majestuosos 90 años, la he admirado, querido, compadecido… Porque ella es la protagonista de un auténtico novelón: nació en La Habana de padres españoles y allí vivió el esplendor de la isla, la revolución, la esperanza y la ruina.

Cuando volvió definitivamente a la tierra de sus antepasados, era vieja y pobre: sólo pudo traer en la maleta un pasado interesante, glorioso y trágico.

Varada en esta orilla del “charco”, no deja espacio a la queja o a la pena. Aún mira orgullosa hacia delante, pero al final de sus sueños, siempre hay una playa turquesa y blanca y una hamaca vacía esperándola.

Creo que debería ser eterna o convertirse en libro, ¡tiene tantas historias que contarme! Algunas se remontan a mi niñez…, ¿cuántos siglos hace de eso? ¡Qué lento pasa el tiempo en la infancia!

Aquella mítica tía de Cuba está aquí, a mi lado, recordándome con sus gestos los de mi abuela, los de mi madre. Me siento más que nunca rama de un tronco vivo, no sé si de haya o palmera, que ni los ciclones de la historia han conseguido tumbar.

Aprendo de su sentido común, de su valentía para enfrentarse a las dificultades que le ha presentado la vida, de su serenidad, de su dignidad. Ella rompe los esquemas de una vejez necesariamente inútil.

Le funciona bien la cabeza, se interesa por la política, especialmente por los temas americanos, la moda, el fútbol… Si no fuera por la maldita memoria reciente… Este año le ha empezado a fallar, y se da cuenta. Pero hemos llegado a un pacto que nos tranquiliza a las dos: una vez aceptado el problema con naturalidad, ella se esfuerza por recordar, y yo le presto mi memoria las veces que haga falta.

Es curioso, a pesar de los años, ha conservado una pequeña llama de juventud encendida: mi marido la llama niña, y a ella, que ha sido bellísima, se le iluminan los ojos, negros, grandes y rasgados, más de taína o siboney que de española norteña.

El otro día, los ojos negros, grandes y rasgados de mi nieto, chocaron con los suyos, ¡y saltó una chispa! ¡Se hacían guiños! ¿Un encuentro ancestral?

A partir de ese momento, mi tía, 90 años, y mi nieto, 9, se saludan con un guiño ante la perplejidad de todos.
La savia, no sé si de haya o palmera, sigue circulando…

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