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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Buenos días, mañana a casa

lunes, 10 de mayo de 2010

Para algunas personas ingresadas en un hospital el “Buenos días, mañana a casa” será una buena noticia. Para otras, no obstante, puede suponer el inicio de un largo calvario.

No es retórica huyendo del baúl de los recuerdos cuando alguien dice “Cada persona es un mundo”. O, “Hay tantos puntos de vista como gente sobre la faz de la tierra”. Dos ideas convertidas en tópico pero válidas para ese momento crítico en que el médico abre la puerta de la habitación y dice: “Buenos días, mañana a casa”.
“¡Qué suerte!” Dirán unos.
“¡No puede ser!” Exclamarán otros casi desde el sobresalto.
“¿Cómo que mañana a casa? ¿Cómo quiere que mañana vaya así a mi casa? Preguntarán incrédulos unos terceros basculado entre la desconfianza, la incertidumbre y el temor.

Sea cual sea el caso singular de cada cual en esta situación, es seguro que ese enunciado, “Mañana a casa”, será pronto y sin dilaciones, un hecho consumado.

El tiempo de ingreso en los hospitales es cada vez más corto. Veinte o veinticinco años atrás una persona enferma, ingresada y con dificultades para regresar a casa se quedaba unos días más en el hospital y “santas pascuas”. No suponía ningún problema prolongar la hospitalización. No obstante, eran otros tiempos. Los avances de la medicina permiten reducir, progresivamente, la estancia hospitalaria. La creciente demanda de servicios sanitarios conlleva una estricta gestión de los recursos. Ello implica que la hospitalización debe ajustarse al tiempo de ingreso estrictamente necesario. Por ello el alta hospitalaria debe planificarse casi desde el momento del ingreso. La estancia en el hospital, además, expone a las personas enfermas a un riesgo, mínimo, pero al fin y al cabo riesgo, de sufrir, coloquialmente hablando, infecciones secundarias. Infecciones que provienen del propio entorno hospitalario. Así pues, ingresados en el hospital, el tiempo justo y necesario.

¿Cómo compaginar todo este arbolado de necesidades humanas, profesionales y materiales?
Hay personas ingresadas que médicamente ya no necesitan seguir en el hospital pero todavía requieren ayudas y cuidados importantes. Hay personas que esperan ingresar y que sufren la desazón de encontrarse en una lista de espera con el dolor siempre presente. Hay familias que, por las responsabilidades que soportan diariamente, no pueden satisfacer solas todas las necesidades que tendrá la persona cuando deje el hospital y vuelva a casa. Y no sólo se trata de cuidados, las personas necesitan compañía, conversación, higiene, dieta, compra, limpieza de la casa... Y ¿qué pasa con las personas solas, sin nadie que les prepare la casa para volver?

Hay una profesión, el trabajo social sanitario, con más de cien años de ejercicio en los hospitales y centros de salud o ambulatorios del mundo actual que se ocupa de ello. Las trabajadoras sociales sanitarias tratan desde los primeros días del ingreso hospitalario estos aspectos relacionados con el volver a casa, para que ese “Buenos días, mañana a casa” sea realmente un volver a casa, un sentirse bien atendido y amparado.

Cuando ingrese en un hospital si no le visita la trabajadora social sanitaria dentro del primero o segundo día vaya al servicio de trabajo social sanitario. Pida a las profesionales que encontrará allá que le ayuden a “planificar el alta”. Esto cuanto antes mejor, para que cuando el médico diga: “Buenos días, mañana a casa” usted pueda añadir: “¡Qué suerte, volver a casa!”.

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