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El directo que fue entre Josep Cuní y Pilar Rahola, eternizado en libro

miércoles, 9 de mayo de 2012

Dice el tópico que «no hay dos sin tres». Para esta ocasión, con los dos protagonistas Josep Cuní y Pilar Rahola, Aurora Masip realiza un minucioso trabajo de edición. Ha sido ella quien ha transformado la larga conversación habida entre ambos, en un texto cargado de espontaneidad y densidades humanas que llegan al lector con el título de «En directe». El libro está escrito en catalán lo que da al contenido la idiosincrasia y la fineza que el uso de la lengua madre imprime siempre a lo personal. Seguramente ese libro solo podía escribirse en catalán y si llegara la traducción, seguiría recomendando la versión original. Abro un paréntesis para recordar el desbordamiento de mis emociones cuando leí en gallego, hará casi veinte años, los Cantares de Rosalia de Castro, «¡Deixo a casa onde nacín, // deixo a aldea que conozo // por un mundo que non vin! // Deixo amigos por estraños, // deixo a veiga polo mar, // deixo, en fin, canto ben quero... // ¡Quen pudera non deixar!...» Estos versos no necesitan traducción, en ellos anida la música de la añoranza escapada del sentir de la poeta, una música que solo es posible escuchar leyendo en gallego, aunque no se hable gallego.


Pero volvamos al libro que me permite escribir estas pocas líneas entremezcladas con otras que, me doy cuenta, andaban sueltas en mi cabeza. Le dice Pilar a Josep «Som gent que no sabem ser feliços». Y Josep, clar i català, contesta: «Jo ho admeto: no sé ser feliç». Dicho así queda. Los aromas de la tierra emanan. Cada página es un mar de posibilidades para la imaginación del lector. Y como el libro se gestó en una conversación desarrollada a lo largo de un día, refleja la luminosidad que regala el paso de las horas. Así se empieza conversando sobre el trabajo y se acaba filosofando sobre las relaciones sentimentales. Ellos titulan a este último capítulo «El sexe està sobrevalorat», pero en su contenido está al arbolado de los sentimientos generados por el ser amado o el ser amable y deseable, ese que, a veces, nos aterra. El lector participa en la conversación, en ningún caso queda excluido. Incluso cuando saltan las chispas, que saltan, quizás por primera vez, ese lector puede detener la conversación entre los protagonistas, medio cerrando el libro y soltar las suyas propias.


El mundo del periodismo, como el de la medicina y del trabajo social sanitario, me fascina. Imagino que si la sociedad fuera un hospital, los periodistas emularían al galeno de toda la vida, ese que primero observa, palpa, investiga, pregunta, contrasta, revalida, obtiene la máxima y variada información, solicita la radiografía (en su caso la imágenes), para finalmente escribir sobre unos hechos que se han dado. Es preciso señalar que el periodista no los genera, los relata, como el médico no genera la enfermedad, o el trabajador social sanitario no genera los problemas psicosociales, los identifican y diagnostican. Ninguno de ellos puede obviar lo que ve. Lo pone sobre la mesa de autopsias y lo interpreta. Realiza una gestión de la información que tiene una finalidad benéfica.


Cuando veo la posibilidad de encontrarme con el espíritu del periodismo encarnado en profesionales de pura cepa, como es el caso, me rindo a la ocasión. Por ello cuando Alicia, Irene, Nuria, del sello «Rosa dels Vents de la editorial Random House Mondadori» me invitaron al desayuno para la presentación del libro acepté. Me gusta ver el ritual del periodista, cómo desarrollan su profesión. Recuerdo hace muchos años cuánto me gustaba ver, ya trabajando en el hospital, cómo el médico, la enfermera, ejercían su saber, cómo gestionaban en detalle todas las piezas que componían ese puzzle que era, por poner un ejemplo, la entrada de un herido grave por urgencias. Me gusta el arte de la pregunta y lo que me encanta, es verlos tomar notas en su pequeño bloc.


Pero en el desayuno eché en falta, quizás ello da relieve al mundo en el que vivimos, que no acudieran a la cita periodistas de otros grandes grupos de la comunicación, ajenos al grupo Godó en el cual se inscribe el programa actual de los protagonistas «8 al dia». Me refiero a compañeros de profesión a los que, quizás, antaño Josep Cuní entrevistó y promocionó sus libros. Eché en falta ese gesto afable que entre colegas invita a corresponder por lo recibido anteriormente. Pero bueno, eso ya no tiene que ver con el periodismo sino con la condición humana, harto desnutrida.

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