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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

La persona enferma, su familia y las sensaciones: la mirada del trabajo social sanitario

viernes, 2 de julio de 2010

Cuando hablamos de sensaciones abordamos lo subjetivo.

Cuando hablamos de sensaciones abordamos lo subjetivo. La enfermedad es, para la persona, su familia y allegados, un caudal de sensaciones, un sinfín de vivencias únicas, algunas, dispares y dolorosas, otras, por extraño que parezca, gratificantes y edificantes. Esas vivencias, esas sensaciones, las viviremos, las sentiremos, las lloraremos o las disfrutaremos. Nos abrimos a ellas y al diálogo interno que suscitan. Atendiéndolas, es frecuente observar grandes giros en la manera de ver y valorar las circunstancias. La enfermedad teje lazos, también los rompe, pero sobre todo cambia el orden de las prioridades personales. Ese conglomerado emocional, encuentra en los trabajadores sociales sanitarios a buenos oidores, a buenos conductores.

Con la aparición de la enfermedad, hablamos de dificultades psicosociales: se combina una psique que afecta la ejecución de lo social, con grados de desequilibrio. Son dificultades que alteran la cotidianeidad pero que estudiándolas a tiempo, se evita que ésta quede afectada en demasía. La intervención psicosocial preventiva desde el trabajo social sanitario refuerza la esfera vital de la persona, la adelanta a lo que tarde o temprano llegará. Todo ello se da en momentos vulnerables y se desarrolla en la antesala de las probables grandes dificultades. Con la intervención psicosocial se evita que pequeños problemas crezcan y arrastren a la persona, a los suyos, a la desesperación. Ante una persona enferma, su familia, en diferente forma, también se enferma. Y como la persona, la familia sufre una interrupción vital. Hablamos de la familia como una unidad, pero desde el trabajo social sanitario siempre consideramos los miembros, sus roles, sus dinámicas, sus responsabilidades, sus presencias o ausencias y sobretodo, los relatos de sus vivencias con relación a la enfermedad del familiar. Cada miembro, individualmente, la siente y la vive, la explica singularmente. Es básico que esa singularidad, esa unicidad de la persona, se mantenga y preserve. Cada cual hablará de sus sensaciones y no le valen, por ejemplo, las del hermano o la cuñada. Cada uno ha establecido y mantiene un tipo de relación con la persona enferma y ello introduce lo individual. Habrá sensaciones parecidas, algunas de ellas podrán incluso abordarse y hablarse en común, pero otras, por su naturaleza, por su intensidad, deberán tratarse en la privacidad que imprime lo particular. El mantenimiento de la privacidad, la preservación de la intimidad, el respeto por lo personal, son valores fundamentales en la intervención desde el trabajo social sanitario. Ante la enfermedad de un ser querido sabemos que el ambiente que se crea en la casa, desata ángeles y demonios. Pero, sabiendo que ello ocurre en general, ante un caso concreto, a priori, lamentablemente, no podemos prever, sin el estudio, en qué proporción, éstos se verán desatados.

Son sensaciones de intensidad dispar surgidas o afloradas con la dolencia. La personas se las encuentran en su vivir y, aunque en su lógica eviten alimentarlas, las sensaciones siguen ahí, en el día a día, escarbando en lo más íntimo, a veces, en lo más lejano. Como el genio de la lámpara, el mínimo roce las libera de nuevo. Brotan y median, no siempre para bien, entre ella y la familia, entre ella y los profesionales. Algunas veces, pasados los días, inopinadamente, las sensaciones se disuelven. Otras, se quedan con la persona, se convierten en su sombra.

Por lo general, ello suele ocupar los primeros días en los que la enfermedad, su diagnóstico y tratamiento, centran toda la atención, reúnen todos los miedos y temores. Con la ayuda profesional del trabajador social sanitario, la persona, su familia, recupera su equilibrio, sigue con su nueva cotidianeidad. Y aquellas sensaciones, igual que llegaron, se van. En caso contrario, no obstante, si perduran, se inicia un tratamiento de apoyo psicosocial.

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