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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

La sostenibilidad o lo que es lo mismo: «No estirar más el brazo que la manga»

miércoles, 9 de febrero de 2011

En lenguaje ilustrado la llamamos «sostenibilidad», pero en el lenguaje coloquial de toda la vida se dice «no estirar más el brazo que la manga». Sea como fuere se trata de una actitud, no de un concepto vacío. Una actitud tan antigua como el mismo sentido común pero que igual que éste, parece extinguida.

Nuestras abuelas y abuelos podrían darnos cursos avanzados, sobre la aplicación a la vida cotidiana de ese «no estirar más el brazo que la manga» y, posiblemente, pocos aprobaríamos con buena nota. Está olvidado. Las personas, cada vez más, se han acostumbrado a vivir con las deudas. A aplazar los pagos de lo que consumen. Así se atan al precio pero pierden el vínculo con lo que cuesta y lo que les cuesta. De esta forma, paulatinamente, se va degradando todo lo que tiene que ver con el tiempo y el trabajo inherente a los logros, sean objetos o conocimientos.

Éste adquirir más de lo que se puede asumir económicamente, dicho sea de paso, actitud individual completamente normalizada en nuestros días, se transforma en una actitud colectiva que, a su vez, acaba penetrando en las actitudes de los gobernantes. Si bien ocurre poco a poco, parece que sea de repente que el equilibrio entre el «debe» y el «haber» se rompe. El «debe» empieza a engordar mientras que el «haber», relacionado con el «hacer» adelgaza. Esa realidad, pues, se convierte en insostenible ya sea para una familia o para un país.

Entonces, en este último caso, la estrategia de los gobernantes, más reactiva (reacción al problema) que proactiva (prevención del problema) es buscar un golpe de efecto, algo que siendo lo de siempre parezca nuevo. La solución suele pasar por colar una palabra diferente. Y así llegó la «sostenibilidad», quizás la última palabra infiltrada en este limbo político y mediático donde los conceptos, en algunas bocas, irremediablemente, se convierten en eslóganes, pierden su contenido, se reinterpretan al gusto y conveniencia de quien los nombra.

Cuenta una historia que había una vez un sabio al cual lo esperaba una muchedumbre para escuchar su discurso. Dicen que cuando apareció ante toda aquella multitud se limitó a sonreír y a alzar sus brazos abiertos al cielo. Luego, sin más, se fue. Ese acto duró unos segundos pero dio lugar a horas de debate. A días. Por lo visto, la multitud allá congregada empezó a hablar de lo que había dicho el sabio. Cada persona allí presente, pasó horas debatiendo sobre el gesto y sus infinitos significados. Nunca sabremos qué quiso decir el sabio porque nunca lo dijo pero los que asistieron podrán seguir elucubrando hasta la eternidad sobre ese mensaje inexistente. La sostenibilidad como se la trata hoy, en cierto modo, pudiera ser ese gesto singular, enigmático, que cada cual interpreta a su modo. Escúchense si no los discursos, las referencias, los ejemplos que intentan ilustrarla y a la vez cuestionarla según el atril desde donde se esté hablando.

Así el celofán del envoltorio, léase la palabra, quita el protagonismo al regalo, léase, el contenido, el concepto, olvidando que éste, además, obliga. La palabra, hablada o escrita, queda sujeta a cómo se sirve, a cómo se juega con ella, más que de qué manera y cuándo se transforma en realidad. Tampoco se entra en cuánto cuesta y a quién. Las necesidades del guión, declaraciones y contradeclaraciones apisonándose unas a otras, permiten a esas bocas aparentar, a pasar de puntillas sobre los detalles de los contenidos. La acción requerida queda relegada a un segundo o tercer plano. En realidad carece de interés o es tan lenta que se desvirtúa, la llegada fuera de tiempo, equivale a no llegar. Al fin y al cabo gran parte de lo que se dirá mañana, se comerá a lo que se ha dicho hoy, como lo que se ha dicho hoy, se ha zampando a lo que se dijo ayer.

La sostenibilidad, no obstante, siendo deseable pierde su nobleza cuando se traduce en medidas que atentan contra lo básico de las personas más frágiles y más vulnerables. La sostenibilidad empieza por deshacerse de lo innecesario de unos pocos y no de lo necesario de muchos.

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