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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Piano Concerto Nº 2 de Rajmáninov por Sviatoslav Richter: Pasión por la Pasión

viernes, 8 de agosto de 2014

El pasado 1 de agosto se cumplieron diecisiete años de la muerte de uno de los genios del piano del siglo XX y me atrevo a decir sin temor, de todos los tiempos, Sviatoslav Richter. Creo que quién conozca sus interpretaciones convendrá que escucharlo permite cruzar ese umbral en el que la plenitud interior, plenitud en el sentido más amplio de la palabra, parece encarnarse para consolarnos. Con algunas piezas me ocurre, ésta es una de ellas, que no soy capaz de articular palabras para explicar en qué consiste ese despertar de la energía psíquica y, curiosamente, ese no encontrar palabras, en parte, me complace pues prolonga la búsqueda del misterio.

Con esta pieza, vuelvo a creer en la inmortalidad de lo bello, lo noble, lo bueno, vuelvo a confiar en la mortalidad de lo que embrutece el vivir y en que el paso de los años y la experiencia, nos libere de ello. Nosotros, parece, no somos capaces. Determinadas obras me constatan que lo virtuoso, a pesar de todo y de todos, sigue aromatizando nuestras vidas, continua constituyendo pequeños refugios de certeza donde rehacernos de tanta falsificación. Algunas obras son burbujas flotantes en donde vincularse de nuevo a lo virtuoso, a lo ético, lejos de los juegos de palabras de estos «Egos caníbales» que buscan embelesarnos y lamentablemente, a veces, lo logran.

Sviatoslav Richter moría el 1 de agosto de 1997. No sé si llegó a conocer a Sergei Rajmáninov, quiero pensar que sí, necesito pensar que sí.

La «Pasión en la Pasión» es un texto que escribí hace unos meses pero el destino lo arrinconó. Ahora creo saber por qué. La pasión y el romanticismo de Rajmáninov viven y reviven solo en manos de intérpretes excesivos como Richter. Hace unos días, compositor e intérprete, insaciables, se enramaron de nuevo en mi alma y fue precisamente entonces cuando me di cuenta que coincidía con el aniversario de la muerte de Richter. Su unión, otra vez desató lo antiguo que hay en mí: lo carente de palabras, lo rebosante de sensaciones llegadas de tiempos arcaicos que quedaban por siempre zurcidas a porvenires desvalijados de toda posibilidad. Mientras, las imprudentes emociones seguían humeando relatos transparentes y temerosos de caer en el ataúd de lo literal.

La literalidad, esa cuerda en la que se ahorcan las fantasías de lo indecible, ese nudo que amarra el espíritu salvaje. La literalidad siempre ansiosa por definir los indefinidos, por lanzarlos sin piedad contra la línea del horizonte humano que es el logos, el devorador todo por excelencia. Con el piano Richter escarcha para la eternidad las notas aladas de Rajmáninov. Como dos tormentas que se intuyen en la distancia celeste y se buscan con los ojos del trueno, luego cuando se encuentran con el abrazo de sus rayos, la ciudad tiembla, los dos genios, Rajmáninov y Richter, perviven enzarzados en el vacío de los días llenos de incógnitas que algún día, las marmitas del tiempo cubrirán pero no desvelarán.

En su interpretación del Piano Concerto Nº 2 de Rajmáninov, Sviatoslav Richter desborda su genio, su temperamento, su pasión… su fuerza es tal que, quien escucha siente escapar su vida tras estas notas que lo llenan todo y de las que, sin remedio, se enamorará. A partir de ese encuentro, casi amoroso, las necesitará una y otra vez, se olvidará de respirar y las mendigará hasta que la mano del intérprete vuelva a liberarlas plausiblemente en el momento justo. Esos, pueden ser momentos de inmortalidad.

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