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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

¿Qué hace cuando tiene un problema?

viernes, 8 de abril de 2011

Demasiadas veces se escucha decir que «Tal» o «Cual» persona es un problema. ¡Ojo! No podemos cosificar a las personas. Ninguna persona es un problema, ni nunca lo será, en todo caso, tiene un problema, lo que es muy distinto. Y de ello, de tener problemas, no escapa nadie. De ahí la pregunta del título y la invitación a pensar en la respuesta porque pensando en ella, nos detendremos ante el hecho y nos veremos actuar ante los problemas desde otro ángulo. Si bien, hay problemas de muchos tipos, la actitud nuestra, la manera de posicionarnos adoptará un esquema primario que iremos repitiendo una y otra vez, siempre que nos enfrentemos a una traba. Así al hacernos la pregunta rompemos esa inercia y ponemos el foco en ese esquema primario que prestándole atención podemos ir refinando.
Para asegurarnos de que partimos de la misma premisa, abramos un breve paréntesis y veamos la definición de «Problema» suscrita por la RAE (Real Academia Española) que dice: «Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin». En ella encontramos elementos externos e internos de la persona, éstos últimos determinantes e intransferibles. Nadie puede experimentar los problemas del otro, ni los puede resolver por el otro. Siempre que ese otro lo desee y lo invite a sentarse con él, podrá acompañarlo, aliviarlo, ofrecerle consejo, respetar su silencio, pero nunca, por más que se empeñe, podrá llegar a resolver su problema. La unicidad de la persona toma aquí la máxima relevancia.

Cuando sentimos que tenemos un problema, adquieren el protagonismo los elementos internos, la percepción, la sensación, la vivencia y la experiencia íntima que nos genera dicha vivencia, la cual, creará sombras propias sobre los elementos externos. Así, ante un acontecimiento adverso, a veces sentiremos que podemos con ello y a veces, literalmente, desfalleceremos. Quien pone el acento en una u otra actitud es uno mismo y no otro. Ello ¿de qué depende? La lengua inglesa acuña un término que lo explica, resilience que en español se ha traducido como resiliencia. Para entender de manea sencilla el concepto, si lo aplicáramos a la materia estaríamos hablando de su capacidad de resistencia antes de romperse cuando lo sometemos a una gran presión. Aplicado a lo humano se refiere a su capacidad para resistir las dificultades, su resistencia ante el sufrimiento, también sometido a presión. Si nuestra resilience ante los problemas es alta, el problema lo veremos disminuido y si por el contrario es baja podemos verlo magnificado.

Cuando manifestamos que tenemos un problema indirectamente asumimos que hay algo que no logramos alcanzar, que nos quedamos en la antesala del logro. Pero volvamos a la pregunta del principio, ante un problema ¿cuál es su actitud? ¿Se retrotrae? ¿Acude a una amistad? ¿Le gusta hablarlo? ¿Le gusta mejor quedarse en silencio y meditarlo? ¿Se queda ahí dando vueltas pero sin dar los pasos necesarios que lo resolverían? ¿Lo afronta? ¿Desiste enseguida? ¿Realiza algún tipo de análisis? ¿Se lanza a dar zarpazos indiscriminados? ¿O quizás culpabiliza a los demás de lo que le ocurre a usted? ¿Acude a un profesional? Podríamos elaborar una larga lista de maneras de afrontar los problemas. Reflexionando sobre nuestra actitud primaria, abriremos ventanas en nuestro interior, iremos visualizando esos rincones oscuros en donde se esconden nuestras maneras y nos familiarizaremos con ellas para, si es necesario, trabajar su transformación y que cuando volvamos a pasar por ahí nos reconozcamos y sepamos actuar en consecuencia.

Un punto importante es no confundir el problema con el malestar que nos produce sabiendo de antemano que si bien siempre lo habrá, irá variando según seamos capaces de ver el camino a seguir y el desbrozado al que nos enfrentamos. Las maneras de enfrentarse a un problema son muchas y por ello, es importante conocerse ante ellos.
Más que decir «Qué haría si», se trata de recordar «Qué hizo cuando».

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