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Blog de Dolors Colom Masfret. Plusesmas.com

Directora Científica del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Profesora asociada del Grado de Trabajo Social. Universidad de Barcelona (UB). Directora de la revista Agathos, atención sociosanitaria y bienestar.

Triste aniversario de la firma de la Carta Social Europea

jueves, 10 de noviembre de 2011

El pasado 18 de octubre se cumplieron cincuenta años de la firma de la Carta Social Europea. Ello acontecía en Turín en 1961. Con su firma y ratificación los gobernantes de los Estados miembros asumían frente a la ciudadanía compromisos y responsabilidades para garantizar el respeto y protección de sus derechos y libertades.
En 1991, también en Turín, con motivo del treinta aniversario de la primera firma, se decidió actualizar y adecuar, siempre para bien, el contenido de la Carta considerando los cambios sociales acontecidos. De todos los artículos de la Carta Social Europea, destacaré dos en especial, el 13 y el 14 por su contenido y porque en la adecuación después de la revisión no sufrieron modificación alguna. Y sobre todo porque hoy están perdiendo peso. Lejos de buscar culpables este texto busca refrescar la memoria para que cada cual piense en qué manera, desde su centro de gravedad vital, puede contribuir a que estos artículos no se conviertan en literatura.

Dice el artículo 13 «Derecho a la asistencia social y médica: Para garantizar el ejercicio efectivo del derecho a la asistencia social y médica, las partes contratantes se comprometen:
»1. A velar por que toda persona que no disponga de recursos suficientes y no esté en condiciones de conseguirlo por su propio esfuerzo o de recibirlos de otras fuentes, especialmente por vía de prestaciones de un régimen de Seguridad Social, pueda obtener una asistencia adecuada y, en caso de enfermedad, los cuidados que exija su estado.

»2. A velar por que las personas que se beneficien de tal asistencia no sufran por ese motivo disminución alguna en sus derechos políticos y sociales.

»3. A disponer lo preciso para que todas las personas puedan obtener por medio de servicios adecuados, públicos o privados, el asesoramiento y ayuda personal necesarios para prevenir, eliminar o aliviar su estado de necesidad personal o familiar.

»4. Aplicar las disposiciones mencionadas en los párrafos 1, 2 y 3 del presente artículo, en condiciones de igualdad con sus nacionales, a los de las restantes partes contratantes que se encuentren legalmente en su territorio, conforme a las obligaciones derivadas del Convenio Europeo de Asistencia Social y Médica, firmado en París el 11 de diciembre de 1953.»

Dice el artículo 14 «Derecho a los beneficios de los servicios sociales: Para garantizar el ejercicio efectivo del derecho a beneficiarse de los servicios sociales, las Partes se comprometen:

»1. A fomentar u organizar servicios que, utilizando los métodos de un servicio social, contribuyan al bienestar y al desarrollo de los individuos y de los grupos en la comunidad, así como a su adaptación al medio o entorno social;
»2. A estimular la participación de los individuos y de las organizaciones benéficas o de otra clase en la creación y mantenimiento de tales servicios.»

Un aniversario plagado de incertidumbre y sobresaltos cotidianos cuyo escozor tratamos de calmar con pomadas o ungüentos que, si bien aparentemente calman la picazón, no nos evitan los nuevos rasguños ni los nuevos arañazos. Visto lo visto y oído lo oído, tenemos un problema de descalcificación de la ética personal. Hemos roto los principios personales y los valores comunitarios. No refugiamos en proyectar culpas. En mayor o menor responsabilidad, somos parte de ese momento crítico y un buen remedio para empezar a destruir estas alambradas de espinos que nos mantienen presos y nos hieren de nuevo cuando nos movemos pasa por alimentar la ética personal. Pasa por nutrir y asumir las responsabilidades individuales y así fortalecer al colectivo. Pasa por no hacer dejación de aquello que podemos hacer y, por lo que sea, no hacemos.

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