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Blog de Eduardo Rodríguez Rovira. Plusesmas.com

Presidente del Consejo Asesor de la Fundación Edad y Vida

CRISIS Y PAZ SOCIAL

jueves, 18 de noviembre de 2010

Llama poderosamente la atención que con una cifra tan enorme de parados, un mínimo de cuatro millones seiscientos mil, que significan un porcentaje de más del 20 % de la población activa, se mantenga un clima social que nada tiene que ver con el que se respiraba cuando la gran depresión del 29 y los años treinta.

Es cierto que existen también ahora largas colas ante las oficinas del INEM y los comedores de Cáritas, pero no tienen nada que ver con las tremendas fotos que hemos visto de aquellos años.

Las circunstancias son ciertamente muy distintas, independientemente de la profundidad comparativa de ambas crisis. El Estado de Bienestar es básicamente el colchón amortiguador de la crisis actual. Automáticamente los parados actuales reciben una prestación por desempleo. Las personas mayores de 65 años están todas protegidas con una pensión. La sanidad y la educación son gratuitas. Con estos estabilizadores la ayuda de las familias, aunque haya perdido fuerza en los últimos 80 años, sigue siendo eficaz. El nivel medio de riqueza de las familias también es mucho más alto y permite prestar esa ayuda más fácilmente.

Por supuesto existe otro factor importante que es el trabajo no declarado en la economía sumergida, que según todos los indicios es muy alto y que aunque socialmente no sea nada solidario, colabora a que se mantenga esa paz social que es tan necesaria para la misma recuperación de la economía. También es posible que muchos emigrantes hayan regresado a sus países de origen o se hayan redistribuido por otros países de Europa que hayan sufrido menos que España en el aspecto de posibilidades de empleo.

Un último factor que cubre las situaciones más angustiosas que se escurren por los resquicios del Estado de Bienestar es el de la gran labor social de la iglesia a través de los servicios de Cáritas.

La política de austeridad es uno de los factores para resolver la crisis, como ya hacen las empresas y las familias, pero que deben ejemplarizar las administraciones públicas. Lo primero es la supresión del despilfarro que todavía existe en las mismas, del que los medios de comunicación nos informan con numerosos ejemplos todos los días. Subvenciones disparatadas, gastos suntuosos, duplicación de actuaciones. Y después de remediar esos despropósitos, revisión de los gastos sociales, para eliminar los abusos que existan, corregir desviaciones, limitar excesos. Solamente en último término, sino queda otro remedio, reducción de prestaciones para salvar la esencia del Estado de Bienestar en gran parte el “culpable” de la paz social en medio de esta gravísima crisis. Por ello me pregunto ¿había necesidad de empezar por la congelación de las pensiones?

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