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Blog de José Luis Sampedro. Plusesmas.com

Experto en genealogía

LA ORDEN DEL TOISÓN DE ORO (I)

martes, 4 de enero de 2011

Dentro de nuestra exposición general sobre distintos aspectos de la Nobleza, y movidos por una gran cantidad de consultas suscitadas por la concesión del Toisón de Oro a Javier Solana y a Víctor García de la Concha, durante las próximas semanas vamos a reflexionar acerca de la evolución de esta corporación nobiliaria, ya que el ingreso en esta prestigiosa entidad otorga la nobleza de sangre (es decir, hereditaria) a quien no la ostentase previamente.

Al tratar con profundidad las vicisitudes de la Orden del Toisón de Oro parece necesario hacer previamente una distinción clara entre tres tipos de galardones que suelen confundirse entre sí: las órdenes, las condecoraciones y las medallas. Las órdenes son grupos de personas en los cuales se ingresa como premio, en el caso que nos ocupa, o con el compromiso de llevar a cabo alguna tarea (benéfica, religiosa, patriótica,...). Tienen un alto componente de hermandad entre sus miembros y a su cabeza se sitúa un personaje, el fundador y sus sucesores, generalmente, si son órdenes dinásticas (así, la que estudiamos), en cuyo caso de llama Soberano o Jefe. Si los estatutos de la Orden preven que los miembros elijan a este personaje, suele denominársele Gran Maestre. Empezando por el nombre, Órdenes, y por muchas de sus características (fines, ritos, hábitos, etc.) las órdenes de caballería deben a las órdenes religiosas gran parte de su configuración. El nacimiento de las órdenes militares está ligado a la Historia de las Cruzadas y, en España, a la particular cruzada que supuso la Reconquista. En estos campos florecía el espíritu caballeresco, religioso y militar, al estilo de los caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo, al menos en teoría, y el ingreso en la orden, cuanto más prestigiosa, se hacía más difícil: pruebas de nobleza de sangre de carácter estricto, pruebas de destreza con las armas, son filtros que se interponen al ansia de los personajes deseosos de participar del prestigio, las riquezas y el poder de las órdenes militares. Finalizadas las Cruzadas y la Reconquista, se van convirtiendo en entes nobiliarios que verán recortada su autonomía por un dominio cada vez mayor de los respectivos reyes absolutos.

Las condecoraciones son simplemente muestras de reconocimiento por parte de los poderes públicos a ciertas personas con méritos, pero las agraciadas con las mismas no constituyen una comunidad colegial como las órdenes. Se confunden las órdenes y las condecoraciones porque sus respectivos emblemas e insignias representativas pueden presentar en la actualidad gran parecido formal. Además, en la práctica, muchas de las llamadas órdenes, civiles o militares, son en realidad más bien condecoraciones, al no mantener las características de hermandad colegiada a la que venimos haciendo mención al hablar de las auténticas órdenes en las que se inspiran. En la realidad, es difícil señalar diferencias esenciales entre la Cruz Roja del Mérito Militar, una condecoración, y la Orden del Mérito Civil.

Las medallas se limitan a recompensar actos singulares o a conmemorar ciertos acontecimientos: la medalla de las Bellas Artes premia labores creativas o interpretati-vas en este campo, y la medalla de la jura de Alfonso XIII conmemoraba este hecho, a la par que premiaba, con carácter muy general, a quienes habían participado, directa o indirectamente en él. Por último señalemos que los emblemas de cargos y funciones, aunque de parecida apariencia, no deben confundirse con las insignias de las órdenes o condecoraciones. Así, las medallas de académicos, abogados, magistrados, fiscales, notarios, registradores, letrados del Consejo de Estado, etc.

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