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Testimonios reales

Ayudar a los mayores sin agobiar

Ayudar a los mayores sin agobiar

Es difícil encontrar el justo término entre la protección y la sobreprotección, entre una presencia beneficiosa y una compañía agobiante...

TESTIMONIOS:

«Soy voluntaria y, cada semana, acudo tres días a casa de dos ancianas para hacerles un rato de compañía. No hace mucho, una de ellas me dijo que me fuera porque quería estar sola para pensar tranquilamente y en paz. Me comentó que, entre las visitas y la asistencia que recibía a domicilio, se sentía atosigada. ¿Nos estaremos extralimitando?»Edith

«Mi padre tiene 85 años. Físicamente está débil, pero su estado mental es perfecto. Maneja su dinero, hace sus cuentas y le encanta ocuparse de los recados y sus compras, aunque cada vez tiene más dificultades para salir. Para evitar que se caiga en la calle, hemos decidido hacerle nosotros la compra, lo que le impide encontrarse con sus conocidos y con los vecinos del barrio. Para facilitarle las cosas, tendemos a comprarle alimentos equilibrados y comida precocinada o congelada, aunque lo que le gusta a él es el embutido y los quesos. Últimamente, me pregunto si, pensando siempre en su bien, no le estaremos privando de sus últimos placeres. Ve mucho la televisión, sobre todo el fútbol y los informativos, y nosotros no hacemos más que proponerle que salga a tomar el sol. Le gusta levantarse tarde, y nosotros insistimos en que madrugue un poco más para aprovechar las mañanas para salir a dar un paseo por el parque... Estoy empezando a pensar que, realmente, estamos invadiendo su libertad, pero ¿cómo podemos protegerle sin que se sienta acosado? ¡Qué difícil es encontrar el equilibrio!»Ana D.

«Mi madre, con casi 83 años, continúa viviendo sola. Ha rechazado la asistencia a domicilio, se ha negado a ir a una residencia y no quiere venirse a vivir con nosotros. Y yo la entiendo. Se trata de una decisión personal. Es su vida. Nos ha hecho comprender que tiene derecho a morir en su casa y que a nadie le corresponde elegir por ella. Y que nosotros, sus hijos, no tenemos por qué asumir esa responsabilidad. Creo que su actitud revela humildad y discreción.» María Catalina V.

NUESTRA OPINIÓN:
Los familiares de las personas mayores con salud delicada se debaten entre dos tipos de actitud: sobreprotegerlas o dejarlas hacer.

Lo correcto sería asegurarles una buena calidad de vida salvaguardando su libertad. Sin embargo, sólo es fácil de decir... Por razones de eficacia, con frecuencia hacemos en su lugar lo que ellas podrían pero tardarían más en hacer. Otras veces, el dolor de verlos débiles nos empuja a actuar para liberarnos del posible complejo de culpabilidad.

No es fácil encontrar el punto justo para ayudarlos sin presionarlos. Los ancianos que han sido capaces de hacer la travesía de toda una vida son «lo bastante mayores» para ser responsables de ella hasta el final, aunque su estado físico sea delicado.

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