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COMO NIÑOS

Consentir los caprichos a los mayores

Consentir los caprichos a los mayores

Cuando están fuera de lugar y son demasiado insistentes, las exigencias de las personas mayores dependientes parecen caprichos infantiles.

TESTIMONIOS:

«Mi padre, de 92 años, se ha vuelto muy caprichoso. Cree que tenemos la obligación de satisfacer todos sus deseos, que podemos traerle hasta la luna si a él se le antoja. Mi marido, mis hijos y yo ya no sabemos qué hacer. ¿Cuál es la solución?»C. T.

«Mis padres, de 88 y 86 años, viven todavía en su casa, y mi hermana y yo íbamos regularmente a hacerles la limpieza. Tienen un montón de adornos y de recuerdos de viajes, sobre todo figuras de porcelana, por todas partes, que hay que mover para limpiar el polvo. Aunque teníamos mucho cuidado de volverlos a dejar en su sitio, cada vez que los movíamos, estallaba el drama, porque nos equivocábamos al colocarlos o porque descubríamos “secretos” guardados por uno o por el otro: caramelos, monedas, fotos familiares... Era agotador. Nos sentíamos como si invadiéramos su jardín de los secretos, o como si estuviéramos cotilleando entre sus cosas. Además, a nuestros casuales “descubrimientos” seguían las riñas entre ellos. Al final, decidimos pagar entre mi hermana y yo a una asistenta que les hiciera la limpieza porque, en esa situación, era preferible que alguien extraño se ocupara del mantenimiento de la casa.»Ana

«Cuido de mi padre, viudo y con 92 años. Actúa como si tuviera que probarse a sí mismo que todavía existe y que puede gobernar a quienes le rodean.
Para poner límites a sus exigencias, hace falta mucha firmeza. A veces, hay que ser incluso muy duro para lograr que reaccione: tiene derecho a la verdad, y la verdad es que su autoritarismo llega a ser insoportable. Un día llegué a decirle: “Comprendo que la vejez es un reto, pero no eres el único ser de este mundo. Nosotros también existimos y tenemos derecho a vivir”. Tras unos minutos de silencio, me respondió: “Tienes razón, hijo, los viejos nos hacemos egoístas”.»
Enrique

NUESTRA OPINIÓN:
Caprichosos, exigentes, autoritarios, tiránicos... Los calificativos que se emplean son muy duros a pesar de que, en el fondo de las relaciones, pervivan la paciencia y la ternura. Es complicado intentar no ceder y, a la vez, demostrar que se está atento. Los caprichos de los ancianos no son niñerías.

Son una llamada. No se trata de satisfacerlos inmediatamente, aun a costa de convertirse en un esclavo, sino de buscar su causa profunda.

Para las personas mayores, el momento presente tiene una enorme importancia. Exigir el cumplimiento instantáneo de sus deseos es una forma de sentirse vivo y les procura una sensación inmediata de bienestar.

Comentarios (1)

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JOSEFINA
13 septiembre 2016 17:45

La verdad es que se requiere de mucha paciencia, cuidamos a mi madre de 89 años entre todas las hijas, a veces se vuelve un poco egoista, solo quiere que te sientes a su lado y si puede ser que no vayas ni a trabajar.
Es bastante complicado cuidar de ella y al mismo tiempo trabajar fuera

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