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Hermanos y hermanas

Hermanos y hermanas

Cuando un padre anciano se convierte en una persona dependiente, hermanos y hermanas deben repartirse los roles. Sin embargo, el equilibrio entre las responsabilidades de unas y otros es difícil, ya que depende de la situación de cada uno.

TESTIMONIOS:

«Estoy soltera, y mis padres son los dos dependientes. Mis hermanos me agradecen que me ocupe de ellos y me dan todo su apoyo moral pero, cuando se trata de ayudar, nunca hay nadie disponible. ¿No sería más justo que todos, tanto hermanos como hermanas, compartiéramos las responsabilidades?»C. R.

«Racionalizar las ayudas y el tipo de cuidado que los diferentes miembros de una familia deben aportar a unos padres impedidos es muy difícil. La persona que asume la ingrata responsabilidad obtiene la satisfacción del deber cumplido, pero tiene también derecho a esperar alguna compensación más allá de las buenas palabras, por ejemplo, algunos beneficios de tipo material. Su compromiso revela nobles sentimientos pero, cuando lo adquiere, suele desconocer las consecuencias del mismo y, si llega a cuestionárselo, el precio será probablemente un profundo sentimiento de culpabilidad. Por todo ello, los profesionales de la salud y los trabajadores sociales deberían informar a las personas mayores y a sus familiares sobre las dificultades inherentes a su elección, brindándoles a la vez su apoyo y ayuda. El sufrimiento de las familias que se enfrentan a la enfermedad y la dependencia de sus padres es evidente, porque generalmente lo manifiestan. Cuando no es tan evidente es debido a que se contiene, impidiendo a cualquiera de los otros miembros de la familia estar más presente y ser más eficaz. Pese a las apariencias, en contadas ocasiones se trata de simple indiferencia.»Doctor G.

«En 1999, decidí trasladar a mi padre a casa cuando salió del hospital tras una fractura de cadera. Contraté a una persona que se ocupara de él mientras yo trabajaba. Mi padre se encontraba a gusto en casa.

Tengo un hermano y tres hermanas, y todos estuvieron de acuerdo con esta decisión. Mi hermana mayor viene a casa un fin de semana de vez en cuando. Otra, una tarde cada semana. Además, nos deja su casa en el campo para que pasemos allí las vacaciones y se ocupa de tener siempre a punto la ropa de mi padre. El marido de mi hermana pequeña, un gran aficionado al bricolaje, ha hecho algunas reformas en casa para adaptarla a las necesidades de mi padre. Las visitas de los hijos, nietos y bisnietos son siempre un motivo de alegría, sobre todo para mi padre, que hace grandes esfuerzos cuando vienen para aparentar que está en forma.»

Paulina C.

«Estoy soltera y jubilada desde hace cinco años. Después de haber estado junto a mis padres hasta el final, ahora cuido de mi tía, que tiene 96 años. Ella nos cuidó cuando éramos pequeños, pero ahora no se puede vestir sola, ni lavarse, ni andar. Gracias a que tengo una señora que me ayuda cinco horas a la semana, estoy más descansada, pero no me puedo ausentar de casa durante mucho tiempo ni tampoco disfrutar de grandes distracciones. Mis hermanos y hermanas ya tienen bastante con su propia familia. Como no tengo coche, recurro a ellos cuando necesito hacer la compra en el híper o ir al médico pero, claro, no me atrevo a molestarlos, por ejemplo, para dar un paseo.»María M.

NUESTRA OPINIÓN:

La dependencia de un padre suele acarrear desavenencias entre los hermanos. El que se hace cargo de sus padres no siempre sabe lo que eso supone. Para facilitar las relaciones y el reparto de tareas entre los hermanos, conviene, antes de tomar una decisión, que la familia consulte con un médico, personal sanitario especializado o un asistente social.

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