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Testimonios reales

Falta de higiene en personas mayores

Falta de higiene en personas mayores

Las cuestiones relativas a la falta de higiene son delicadas, ya que afectan a muchas personas mayores cuya relación con la limpieza ha cambiado debido a la edad y a diferentes problemas de comportamiento. Sin embargo, no hay que olvidar que, tras la falta de higiene y del polvo o los deshechos que acumulan, se esconden hombres y mujeres sus necesidades de atención.

TESTIMONIOS:

«Mi padre vive en medio de unas condiciones de suciedad inadmisibles. Sus vecinos de piso se han quejado repetidas veces porque los malos olores llegan hasta la escalera. Pero ni me deja que yo limpie su piso ni tampoco quiere que nadie le ayude a hacerlo. ¿Qué le ocurre? ¿Puedo rescatarle de la suciedad aunque él no quiera?»Mauricio L.

«Soy psicóloga y he tratado a un señor de 86 años que vivía con una falta total de higiene. Viudo y con malas relaciones con sus hijos, vivía en una soledad absoluta. Las autoridades decretaron la limpieza obligatoria de su hogar pero, unas semanas después, la situación volvió al punto de partida. Fue entonces cuando el asunto llegó a mis manos. Al principio, la relación con él fue difícil. Se burlaba de mí, me insultaba. ¡Un día argumentó que su aspirador estaba estropeado! Le mostré cómo funcionaba y... juntos hicimos la limpieza. Entonces comprendió que lo que yo intentaba era ayudarle a permanecer en su casa. Me habló de su temor a ser hospitalizado en un centro psiquiátrico. Estaba angustiado. Enseguida aceptó ayuda domiciliaria e, incluso, obras de reforma en su piso.»Paula S.

«Mi madre ha sido toda su vida la perfecta mujer de su casa. Pero cuando cumplió los 80 años, su cocina empezó a estar sucísima: el frigorífico lleno de goterones, la placa y el horno cubiertos de costras... Al principio, pensé que eran cosas de la edad; entendía que, a sus años, no tuviera ganas de complicarse la vida con esas tareas. Le propuse contratar a una asistenta, pero se negó. Mi hermano le recomendó pedir ayuda domiciliaria. De nuevo dijo que no. Entonces, acordamos turnarnos para ir a su casa a hacer la limpieza, pero lo único que logramos fue que nuestras relaciones con ella se resintieran. Al final, decidimos llevarla a hacerse un chequeo gerontológico. El médico descubrió que nuestra madre tenía un glaucoma y que había perdido casi por completo la visión de un ojo. Eso explicaba todo: si no se ve la suciedad, difícilmente se puede limpiar. Como la causa era médica, nuestra madre no se sintió mala ama de casa; tenía una limitación física, así que aceptó inmediatamente la ayuda que le ofrecimos.»Soledad

NUESTRA OPINIÓN:
Hay personas que no soportan una mota de polvo; y otras para las que el desorden es la señal de que hay vida en una casa. A una persona mayor que no limpia su casa es fácil atribuirle cualquier tipo de deficiencia. Pero, para conocer la realidad, primero hay que saber qué importancia le daba antes a la limpieza. Hay ancianas que confiesan estar encantadas por dejar de hacer las tareas domésticas que antes asumían por obligación. Otras no soportan que nadie haga en su lugar lo que todavía se sienten capaces de hacer ellas mismas. Cosa distinta es la suciedad que sobrepasa los límites. Puede deberse a una enfermedad de la vista, a problemas de desorientación, a una depresión... Con frecuencia, avergüenza a la persona mayor, que esconde su falta de medios rechazando las visitas y aislándose. No hay soluciones milagrosas. Pero la colaboración de dos o tres personas –hijos, médico y asistente social– facilitará que el anciano acepte una ayuda que mantenga su hogar en buenas condiciones sin que él se sienta violentado.

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