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Experiencias reales

Malos tratos a ancianos

Malos tratos a ancianos

Durante mucho tiempo, han sido un tema tabú, pero los malos tratos de que son víctimas algunas personas mayores son una realidad a la que quizá un día cualquiera tengamos que enfrentarnos.

TESTIMONIOS:

«Soy enfermera a domicilio. No hace mucho, descubrí que una señora que vive en casa de su hija y su yerno tenía los brazos llenos de hematomas. Lo primero que hice fue avisar al médico. ¿Cómo puede una hija llegar a estos extremos? ¿Cómo actuar correctamente en una situación así?»Catalina L.

«Me he encontrado con personas mayores con signos aparentes de malos tratos. Muchas de ellas vivían con sus familiares, que estaban dispuestos a acompañarlas hasta el final de sus días y que no querían ni oír hablar de llevarlas a una residencia. La incapacidad de un padre no es algo fácil de soportar. Ver cómo su salud se va deteriorando y enfrentarse solo a una situación de continuo desgaste acaba, con el paso del tiempo, generando impaciencia y ésta, a su vez, sentimiento de culpa. Como profesional, creo que en estas situaciones es importante hablar tanto con la familia como con el médico y los servicios sociales. Con ayuda, se pueden encontrar soluciones, como una estancia temporal en una residencia, para que la familia se pueda tomar un respiro. Además de la violencia física, existen otros tipos de maltrato (insultos, falta de cuidados, abuso de medicamentos...) que no dejan huellas visibles, pero que hacen aún más daño a las personas ancianas, las cuales, muchas veces, no se atreven siquiera a contarlo.»Daniela A.

«Hace dos meses que me quedé viuda. Cuando murió, mi marido llevaba varios enfermo de Alzheimer. Durante los dos últimos, con la enfermedad ya avanzada, era frecuente que, al menor roce, le salieran hematomas en los brazos y en las muñecas. Desde que cayó enfermo y, sobre todo cuando sufría una crisis, yo tenía que sujetarle los brazos con todas mis fuerzas para calmarle, y lo normal era que le salieran cardenales. Pero nunca se debieron a malos tratos.»Ana B.

«Desde hace algunos veranos, mi madre, que tiene 92 años, pasa un mes en una agradable residencia. El año pasado, se me pasó el plazo de reserva de plaza y tuve que buscar a una persona con experiencia que se instalara en mi casa y se ocupara de ella mientras yo estaba fuera. Cuando volví, mi madre estaba bien, pero la encontré alicaída. No me dijo nada, pero después me enteré de que la mujer que la cuidó tenía un trato distante y nunca perdió el tiempo, por ejemplo, charlando con ella. Creo que, cuando alguien se ocupa de una persona mayor, los cuidados materiales no bastan: el cariño es también muy importante.»N. M.

NUESTRA OPINIÓN:
Aprovecharse de la vulnerabilidad de una persona débil o enferma es inadmisible. Los malos tratos a las personas mayores, involuntarios o no, son cada vez más frecuentes. Pueden ser físicos o psicológicos, por acción u omisión, en el seno de la familia o en instituciones.

¿Cómo evitarlos? Haciendo un esfuerzo común para evitar que las personas seamos tratadas como meros objetos, para luchar contra la agresividad que genera la necesidad de ayuda ajena, para reconocer con humildad nuestros propios límites cuando somos los que ayudamos.

También se impone la prudencia antes de denunciar unos supuestos malos tratos. Hablar es el mejor punto de partida para encontrar la solución.

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