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Medir la dependencia

Medir la dependencia

Una caída, una complicación médica, un golpe afectivo o psicológico, un brusco agravamiento de lesiones cerebrales y..., de repente, una persona pierde, de forma temporal o definitiva, su capacidad de ser autónoma. Toda una vida se desploma bruscamente, y es necesario decidir de inmediato en qué condiciones podrá seguir viviendo.

Frente a una situación de dependencia, conviene, ante todo, analizar el estado de la persona. ¿La limitación física es definitiva o temporal? ¿Existe posibilidad de que mejore? ¿Hay riesgo de que se agrave? Para obtener una respuesta a estas preguntas, la primera persona a la que se debe consultar es el médico de cabecera quien, sin duda, nos dirigirá al especialista. Éste, tras haber evaluado el grado de dependencia, podrá orientarnos para buscar la solución, en términos de cuidados y de alojamiento, que mejor se adapte a la persona en cuestión.

Por otra parte, nosotros mismos podemos calcular el grado de la pérdida de autonomía, analizando ciertos puntos relativos a las actividades que la persona realiza, o no, de acuerdo con sus capacidades físicas y psíquicas –coherencia, orientación, aseo personal, alimentación, cocina, limpieza de la casa, transporte…–. Se pueden establecer diez puntos básicos:

–Orientación: ¿sabe situarse en relación con las estaciones del año, con los distintos momentos del día, con sus lugares habituales de vida?
–Aseo personal: ¿hay que recordarle que tiene que asearse para que lo haga? ¿Puede lavarse las piernas y los pies con la misma soltura que se lava las manos y los brazos?
–Indumentaria: ¿hay que prepararle la ropa para que la persona vaya adecuadamente vestida? ¿Puede abotonarse, ponerse los zapatos, las medias, los calcetines?
–Alimentación: ¿se sirve y come sola? ¿Puede cortar la carne, abrir un yogur, pelar la fruta, llenarse el vaso de agua?
–Evacuación: ¿es preciso inducirla a que vaya al servicio?
–Movilidad: ¿puede levantarse, sentarse, acostarse sola?
–Desplazamientos en casa: ¿se mueve por la casa? ¿La casa tiene escalera?
–Desplazamientos fuera de casa: ¿sale por propia iniciativa? ¿Su vivienda está en una planta baja o en un piso alto?
–Comunicación a distancia: ¿utiliza el teléfono, un timbre de llamada, una telealarma?
Las respuestas a este cuestionario pueden sernos de gran utilidad, tanto a la hora de evaluar nosotros mismos, como de informar al médico sobre la situación de la persona afectada.

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