Nuestro entorno
El síndrome de la viuda en la sociedad moderna
Si bien la mayoría cuenta con una mejor cobertura económica, debido a que trabajan o han trabajado y en este sentido se constata mayor independencia, a la hora de retomar su vida social, una mujer que ha perdido a su marido encuentra serias dificultades para lograr su propio lugar, en un mundo donde buena parte del rol social parece proporcionarlo el marido.
El siglo de las mujeres
La incorporación de la mujer al mercado de trabajo supuso uno de los cambios sociales más importantes del siglo XX. Pero seamos realistas, la mayoría de las mujeres ha visto interrumpida su carrera profesional para cuidar de los hijos y del marido, o de otros miembros de la familia. El tiempo dedicado a la formación y a la profesión ha sido menor, los salarios más bajos, el absentismo por motivos familiares mucho más elevado, las posibilidades de promoción menores y un largo etcétera. Todo ello se resume en haber sacrificado su proyecto profesional para ser el refugio de toda la familia.
➤ La mujer vive un promedio de 5 a 10 años más que el hombre, por lo que hay más viudas que viudos.
➤ A partir de la quinta década de la vida, el número de mujeres en relación al de hombres se dispara.
➤ Casi la mitad de las mujeres mayores son viudas.
Esto tiene sus implicaciones porque rehacer la vida con otra persona es más difícil para una mujer que para un hombre. Aún hoy una mujer sola sin su «protector» masculino debe vencer muchos obstáculos. Algunos de ellos son externos a su condición: socialmente es más ignorada por los demás que cuando el rol se lo proporcionaba el marido, dado que nuestra sociedad ha sido eminentemente patriarcal.
Otros obstáculos son los derivados de las actitudes personales. Una mujer soltera que alcanza una edad madura está acostumbrada a vivir por sí misma, sin precisar de esa figura protectora. Pero la cosa cambia en una mujer que ha estado casada veinte o treinta años y ha compartido su vida, sus amistades y su ocio con otra persona. Las mujeres de cierta edad tienen que reconducir sus expectativas, ya que su vida se ha desarrollado fuertemente centrada en la familia.
La mujer debe luchar por cambiar esas emociones negativas de aislamiento o desamparo, en buena parte proporcionadas por el ambiente que le rodea. La caída de la autoestima y la tristeza que se producen como consecuencia de ello hace, a su vez, aumentar el aislamiento y la sensación de desamparo, por lo que es peligroso caer atrapada en ese círculo vicioso. En esos momentos en que una mujer puede dedicarse más tiempo y afianzar sus proyectos, surge una especie de «invisibilidad social», encontrando más dificultades de las comunes en gestiones, actos sociales y otros eventos en los que antes participaba junto con su marido. Hay que buscar estrategias que faciliten la adaptación, el paso de ser socialmente invisible a ser la protagonista de la propia vida.
Patricia Muñoz. Psicóloga
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