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Sábado, 04 de Septiembre de 2010 San Moisés, legislador del pueblo de Israel
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Voluntariado, una labor gratificante Nuestro entorno

Voluntariado, una labor gratificante

Muchas personas que están a punto de jubilarse, o acaban de iniciar su jubilación, han encontrado en el voluntariado una actividad nueva a la que muy difícilmente hubieran podido dedicarse en el transcurso de su vida laboral y que los llena por completo. Se sienten útiles y, en más de una ocasión, imprescindibles. Estos tres casos son un ejemplo de muchos otros que día a día se llevan a cabo por toda España.

Daniel García Folqués, experto en relaciones humanas
Daniel García Folqués tiene 62 años y es voluntario social. Cuando le tocó prejubilarse a los 58 años, tuvo muy claro que no estaba dispuesto a sentarse y ver pasar la vida. Químico de profesión, casado y con seis hijos, decidió brindar su gran empuje, su tesón y su compañía a alguien que lo necesitara. Desde entonces acude todos los días a la ONG de voluntariado social

Desarrollo y Asistencia, enfocada principalmente a los mayores. «Cada día es muy diferente, además de solventar asuntos de papeleo y burocráticos y ayudar en todo lo que puedo, soy el coordinador de uno de los grupos de visitas a domicilio a personas que viven solas o están enfermas». Sin embargo, a Daniel el cuerpo le pedía más y decidió pasar a la parte activa. Así, desde hace más de dos años, acude al Centro Municipal de Acogida San Isidro, de Madrid, en el que conviven personas «sin techo» toxicómanos y alcohólicos. «Se trata de un centro de 266 plazas que acoge a personas sin hogar –explica su directora Mercedes Portero– y que está siempre lleno. El que viene aquí es por su propia voluntad, no se obliga a nadie y de hecho se marchan cuando quieren. Contamos con la colaboración de 20 voluntarios, en su mayoría jubilados y tengo que decir que su labor es indispensable. Ellos vienen a dar su cariño pero también reciben el afecto y el agradecimiento de las personas que tienen asignadas».

Actualmente Daniel presta su ayuda a Manuel, gestor inmobiliario, alcohólico desde hace más de doce años, cuyas facultades mentales están seriamente dañadas. «Manuel me espera todos los martes, y salimos a pasear, a tomar café… Se trata, de alguna manera, de que forme parte de la sociedad en estos aspectos tan simples y tan bonitos de la vida, le cuento lo que ocurre a nuestro alrededor, en el mundo, le hablo de mi familia. Personalmente me resulta una labor muy gratificante y satisfactoria y estoy convencido de que es mi tiempo mejor empleado a lo largo del día».
Más información en la ONG Desarrollo y Asistencia. Tel.: 91 554 58 57

Ernesto Vollmer, profesor de informática a los 65
Ernesto Vollmer a sus 65 años se levanta a las seis de la mañana y acaba el día sobre las doce o la una de la madrugada. Desde que cruzó la frontera de la jubilación –provenía del mundo de la banca–, se ha dedicado por completo a los demás. No se resigna a estar parado. Es un hombre activo; lo ha sido desde siempre. «La edad no es obstáculo –dice con buen humor– para que uno, por el hecho de jubilarse, se quede sin hacer nada.
Su continua actividad le supera. «Pertenezco a VIACEMA, Voluntarios Informáticos Asociados en Centros de Mayores, una agrupación de voluntarios informáticos que se dedica a enseñar sus conocimientos a la gente que desea aprender. En el centro VIACEMA, se realiza una labor con doble vertiente. Por un lado, se ayuda en aulas abiertas a los que acuden a practicar informática que a través de los cursos ya han adquirido suficientes conocimientos y, por otro, los profesores voluntarios se ven en la necesidad de perfeccionar los conocimientos, para lo cual la Asociación procura clases de formación a formadores. «Debo confesar que desde siempre me han interesado las labores de carácter social y es en esta nueva etapa de mi vida, en la que estoy jubilado, cuando he podido dedicarme a ella. Dar clase es una actividad que me llena de ilusión porque la informática y más concretamente Internet pueden llegar a ser un apoyo muy importante, ya que te permite comunicarte y conocer gente nueva a la que contarle tus retos y tus ilusiones y por qué no tus miedos o preocupaciones».

Ernesto Vollmer organiza también actividades de ocio y excursiones para mayores desde Madrid y alrededores hasta la zona de Cuenca. «Esto último lo complemento con las clases de informática que imparto en uno de los 35 centros VIACEMA repartidos en Madrid. Tengo que decir que mis alumnos, prejubilados o jubilados, son todos excelentes y demuestran mucho interés».

«Cuando uno se jubila, hay que permanecer activo y nunca perder la ilusión por las cosas, porque aunque uno se crea a nuestra edad de vuelta de todo, siempre hay cosas que aprender y de las cuales sorprendernos. Enfocar bien la jubilación es más una cuestión de recursos que de edad. Tenemos que ver lo que nos gusta hacer y hacerlo. Sacar lo mejor de nosotros. Ya lo decían los antiguos filósofos griegos: conócete a ti mismo. Yo añado: y actúa». Información: www.clubestrella.com. Cuota simbólica de socio: 6 € al año.Tel.: 91 426 02 47

Cecilia Muñoz Díaz especialista en arte y en vitalidad
Madre de cinco hijos y abuela de otros seis nietos, Cecilia fue siempre una eficaz ama de casa. Hace 16 años, tras ser operada de un cáncer, decidió entrar en la Asociación de Ayuda contra el Cáncer para ser útil a las personas que habrían de pasar por su misma experiencia y a las que su testimonio pudiera animar. «Nunca olvidaré el caso –comenta Cecilia– de una señora enferma que se negó a hablar. Entonces la llamé por teléfono y accedió a ponerse. Estuvimos charlando cerca de hora y media y, antes de colgar, me dijo que se sentía preparada para afrontar con tranquilidad lo que le viniera».
Pero es en 1994 cuando decide hacerse voluntaria cultural en la ONG Aula de la Tercera Edad, para enseñar museos y catedrales a grupos de niños y jubilados. Y lo hace siguiendo su pasión por el mundo precolombino. Así comenzó a leer e investigar todo lo que caía en sus manos sobre la cultura azteca. También sus nietos le llevaban recortes que encontraban en prensa, hasta tal punto que empezaron a llamarla «la abuela mayita».

Así, como todo voluntario del Museo de América, en Madrid, recibe un amplio curso de formación de un año, que es reforzado cada lunes –día del cierre del Museo–, para lanzarse de lleno a su labor de guía voluntaria. «Recuerdo que el primer día estaba bastante nerviosa, no sabía si lo iba a hacer bien, si se me iba a olvidar algo. Fue un grupo de niños que más tarde me escribieron contándome lo bien que lo habían pasado. Un detalle que me llenó de ilusión y me incentivó para seguir. Aún guardo sus cartas».
Cecilia a sus 67 años se ha convertido en toda una experta de la cultura precolombina y es todo un ejemplo de ilusión por la vida.
ONG Aula de la Tercera Edad. Tel.: 91 639 21 46


Susana Carrizosa. Fotos: Macarena Olivares

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