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Deporte y jubilación

Falsos mitos sobre las prácticas deportivas

Falsos mitos sobre las prácticas deportivas

Hacer ejercicio es bueno tanto para la mente como para el cuerpo. Estas razones pueden convencer a los escépticos y sedentarios crónicos.

Para practicar un deporte sin riesgos y obtener el máximo de beneficios, es importante tener las ideas claras y desechar los mitos...

Mito 1: Para que el ejercicio haga efecto, hay que sufrir...

Esa idea, muy arraigada, es absolutamente errónea. El dolor, cualquier tipo de dolor, es una señal que nos envía el organismo para que dejemos de hacer lo que estamos haciendo. Nunca hay que forzar un músculo dolorido o poner a prueba una articulación que molesta. Cuando forzamos articulaciones y músculos, estos se defienden limitando sus movimientos. Es más: si seguimos insistiendo, podemos provocar desgarros y otras lesiones.

Mito 2: Es suficiente con un día por semana de ejercicio intensivo...

Es un hecho científicamente comprobado que los efectos de una sesión de ejercicio desaparecen al cabo de pocos días. Además, las sesiones intensivas pero muy espaciadas entre sí son estresantes para el organismo y, a menudo, ocasionan traumatismos que conducen a contracturas y tendinitis. El ritmo ideal: de 20 a 30 minutos de actividad física al día. Para obtener una mejora notable de la forma física, serían necesarios 
60 minutos, al menos 3 ó 4 veces por semana, durante varias semanas seguidas.

Mito 3: Para obtener beneficios, hay que cansarse...

No es necesario dejarse la piel en el gimnasio ni quedar agotado tras el ejercicio para estar en forma. En realidad, es fácil identificar «la dosis ideal»: hay que sudar ligeramente y el ejercicio no debe impedir hablar. Cuando notemos que nos falta aliento para mantener una conversación, es que la intensidad del esfuerzo es demasiado alta, y debemos «frenar» un poco. La asiduidad y la regularidad son la mejor garantía de eficacia.

Mito 4: El deporte adelgaza...

La pérdida de peso que se observa después de una sesión de ejercicio físico se debe a la pérdida de agua a través del sudor (la misión del sudor es evitar que el organismo se recaliente). Al beber o tomar alimentos, recuperamos el agua perdida... y el peso anterior. Pero, aunque el ejercicio no hace perder peso –porque transforma las grasas en músculo–, sí remodela el contorno de la silueta y la hace más esbelta.

Mito 5: La actividad física estimula el apetito y hace engordar...

Es verdad que, hasta cierto punto, el ejercicio provoca hambre. Sin embargo, la actividad física genera también un aumento de la temperatura corporal que disminuye el apetito.

Mito 6: El precalentamiento solo procede en el deporte de competición...

Cualquiera que sea el nivel, el precalentamiento evita el riesgo de accidentes. Unos minutos de jogging lento, una marcha in situ para calentar los músculos o algunos estiramientos suaves pueden prevenir problemas.

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