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Operación salida... ¡Nos vamos de veraneo!

viernes, 4 de julio de 2014

Operación salida... ¡Nos vamos de veraneo!

¡Atención, comienza la aventura! Un día como hoy, o sea, 4 de julio de… 1970, en casa está todo preparado para iniciar las vacaciones. ¿El destino? Una playa cualquiera del Mediterráneo, a ser posible a más de 400 km del lugar en el que vivimos, para que el trayecto sea más apasionante.

Como todos los años, el primer objetivo es salir de viaje a las 5 de la mañana, con el fin de que no haya nadie en la carretera, aunque, como todos los años, esa “original” idea volverán a tenerla miles de veraneantes, que de nuevo se verán las caras en alguno de los muchos atascos que aguardan durante el interminable camino.

El segundo objetivo, como está mandado, es saber cómo narices es posible meter en un Renault 850 (en un Seat 600 ya es misión imposible) todo lo que se ha ido bajando al portal. A saber, tres maletas, una nevera, dos bolsas de mano, dos sombrillas, una canoa hinchable (afortunadamente sin hinchar), artilugios varios para ir a la playa (palas, cubos, manguitos…), la jaula del canario, que ya se está poniendo más amarillo de lo habitual, y, lo que es más problemático aún, el padre, la madre, los dos niños… y la abuela, que cada año ocupa más espacio, como si fuera creciendo en ella un espíritu colonizador.

Como es fácil adivinar, para dar por cerrada la “operación salida”, se precisan al menos dos horas, así que, para cumplir el ritual de las 5, hay que estar ya en marcha a las 3 de la madrugada. ¡Y empieza el relleno del vehículo en cuestión! Las maletas en el maletero, como es lógico y natural, que para eso se llama así; los niños en los extremos de la parte trasera haciendo de cojinetes para la abuela, a la que se le encomienda la ardua labor de llevar encima la jaula, y los padres, claro, en los asientos delanteros, ya con cara de pocos amigos, dispuestos en cualquier momento a soltar aquello de: ¡Quieres estarte quieto, Pepito! ¡Queréis dejar de molestar a la abuela y no moveros tanto! Esta última reflexión resulta algo inadecuada, habida cuenta de que los pasajeros de atrás estábamos literalmente inmovilizados entre la canoa, las bolsas de mano, la nevera, las sombrillas y los artilugios de la playa. Se entiende ahora, además, por qué aún no se había impuesto el cinturón de seguridad. Y es que moverse durante los viajes resultaba prácticamente imposible.

Finalmente, todo parecía listo para emprender el viaje a lo desconocido; mejor dicho, a lo que ya conocíamos todos, porque lo de ir siempre al mismo sitio a pasar unos días de vacaciones era algo institucionalizado, que no se cambiaba por nada del mundo. Pues allá que vamos… Arrancar el coche, sin antes comprobar que no falta nada, como si hubiera algo más por llevar, una acelerón que estampa al canario contra el pecho de la abuela, y adelante…

La historia del viaje a la playa continúa una media de ocho o nueve horas más, así que será mejor dejarla para otra ocasión. Se recomienda, eso sí, que cada uno complete la suya propia, que seguro que argumentos no le faltan.

[José Molina]

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Comentarios (1)

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leopoldo
08 julio 2014 13:19

'Quina San Clemente da unas ganas de comerrrrrr'. O aquella de 'Enchufa el Askar'....( se referia a cualquier aparato electrico tipo radio, tv o transistor, por cierto otro refranillo: 'No hay parto sin dolor ni hortera sin transistor'. una de coches: 'Simca el cinco plazas con nervio' otro más, 'Dyane 6 para gente encantadora'

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