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¡Una de indios!

viernes, 22 de agosto de 2014

¡Una de indios!

A mis amigos y a mí nos encantaban las películas del Oeste, así que estábamos deseando que proyectaran una de ellas en cualquiera de los muchos cines que había en el barrio, fuera de la época que fuera, o sea, de los 40, los 50 o los 60, en blanco y negro o en color, que en eso en las sesiones dobles no había discriminación.

Eso sí, no a todos nos gustaban las mismas historias ni los mismos personajes. Algunos, por ejemplo, preferían los filmes en los que aparecían muchos vaqueros, buenos y malos, que se liaban a tiros en “duelos al sol” y, sobre todo, que hubiera mucha “sed de venganza”, que era lo que más predominaba en casi todas ellas y lo que más entusiasmo provocaba. Por eso, no se perdían títulos del tipo Duelo de titanes, Texas, Centauros del desierto, Horizontes de grandeza, Solo ante el peligro, Río Bravo, Río Rojo, Hoguera de odios, El sheriff de Oracle… y tantos otros más; todos ellos, por cierto, grandes filmes del género western, como luego aprendimos que se dice.

A otros también nos gustaban mucho esas películas, pero las que de verdad nos encantaban eran aquellas en las aparecían soldados del ejército de Estados Unidos e indios, pero no unos indios cualquiera, sino esos malísimos y sin escrúpulos que atacaban diligencias, mataban a colonos y cortaban cabelleras a diestro y siniestro. ¡Qué miedo nos daban! Pero también qué entusiasmo nos producía cuando, en plena faena sangrienta, de pronto se escuchaba a lo lejos una corneta, lo que indicaba que ya se acercaba un regimiento del ejército para auxiliar a las víctimas. Bueno, y si ese regimiento era ¡el 7.º de caballería!, la locura que se desataba en el cine era mayúscula. La mayoría de los asistentes ardía en gritos y aplausos, y se montaba la de San Quintín. ¡Qué momento!

Por eso nos emocionábamos cuando íbamos a ver películas como Fort Apache, El sargento negro, Murieron con las botas puestas, Río Grande, Misión de audaces, El gran combate… y, sobre todo, La legión invencible (1949), que siempre fue mi favorita y la que me permitió descubrir que había un director llamado John Ford que bordaba este tipo de películas; vamos, que todas le salían redondas. Lo que se dice un auténtico maestro del western.

[José Molina]

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