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ELEGIR UNA TREPADORA

Elegir una trepadora

Elegir una trepadora

Ninguna otra trepadora ofrece tantas posibilidades como la clemátide cuando se trata de cubrir los paramentos verticales de la terraza o el jardín.

De crecimiento vigoroso y floración intensa, se enrosca sobre cualquier tipo de soporte y es la compañera ideal de los rosales. El género incluye unas doscientas especies silvestres, fuertes y vigorosas, y cientos de híbridos, de flores más grandes y duraderas, pero también algo más delicados. El período de floración se prolonga desde principios de invierno a mediados de otoño, y su diversidad en cuanto al tamaño, forma y color de las flores permite elegir una planta distinta para cada situación.

Características... y caprichos

Las clemátides tienen tallos leñosos con peciolos volubles que se agarran a cualquier soporte tanto si se trata de una celosía como del tronco de un árbol. La mayoría de las especies son de hoja caduca, resistentes al frío y calcícolas, es decir, que prefieren los suelos que contienen algo de cal. Desde el punto de vista botánico, las flores no tienen pétalos propiamente dichos sino sépalos coloreados y a veces estambres petaloides muy llamativos. A pesar de su popularidad, las clemátides tienen fama de caprichosas. Y no porque sean difíciles de cultivar sino porque requieren ciertas particularidades. Por ejemplo, el pie de la planta debe permanecer siempre a la sombra, mientras que los tallos y las ramas requieren sol. Esta aparente contradicción se resuelve plantando a su lado un arbusto bajo de hoja perenne como puede ser boj, romero, hebe o pittosporum que protegerá las raíces. Otra de sus rarezas es la propensión de algunos híbridos a sufrir la llamada marchitez parasitaria, una enfermedad que ataca precisamente a la parte inferior de los tallos. Para prevenirla se recomienda rociar esta parte con un funguicida sistémico cada 15 días o podar inmediatamente los tallos afectados. Una solución que da buenos resultados porque, como esta enfermedad nunca afecta a las raíces, la planta vuelve a brotar.

Flores de colores todo el año

Combinando híbridos y especies silvestres, se puede tener todo el año alguna clemátide en flor. En enero, Clematis cirrhosa baleárica, originaria del sur de Europa. Alcanza unos 5 metros de altura y es una de las pocas que no pierde la hoja. Las flores, tipo campanilla, son color crema con motas rojizas. En el mes de marzo, florecen C. armandii y C. alpina. La primera es oriunda de China, puede alcanzar 9 metros y tampoco pierde la hoja. Tiene flores sencillas y muy fragantes; son blancas en la variedad «Snowdrift» y rosadas en la «Apple Blossom». C. alpina, de unos 3 metros, es una planta muy resistente tanto a enfermedades como a heladas tardías, que además aguanta bien la sombra. Las flores cuelgan como campanillas y son especialmente vistosas las de las variedades «Jaqueline du Pré» (rosa) y «Pamela Jackman» (azul oscuro). A lo largo de abril los largos tallos de C. montana se cubren literalmente de flores. Las variedades más conocidas «Rubens» y «Tetrarose» son rosa pálido y ligeramente perfumadas. Aparecen también los primeros híbridos que vuelven a florecer en otoño. «Nelly Moser» (rosa) encabeza la lista de grandes clásicos, entre los que destacan «Marie Boisselot» «Duchess of Edimburgh» y «Madame Lecoultre» (blancas); «Jackmanii Superba» y «Kiri Te Kanawa» (moradas); «Ville de Lyon» y «Royal Velours» (rojas); «Lasurstern», «Velours Blue», «Burma Star», «Perle d’Azur», «Ramona» y «General Sikorski» (azules).

Por último las especies de floración estival: C. tangutica, de unos 3 metros y flores acampanadas amarillo limón. C. flammula, 5 metros, originaria del sur de Europa, planta de un vigor excepcional y pequeñas flores blancas que huelen a almendra. Grandes, dobles y también blancas son las de C. florida, de unos 3 metros pero contrastadas por una corona de estambres, morados en la variedad «Bicolor» y verde pálido en «Alba Plena». Por último, C. viticella, muy rústica y adecuada para tierras secas, se puede colocar a media sombra.

Plantación y cuidados

Si la planta viene en maceta, se puede transplantar en cualquier momento, evitando, eso sí, hacerlo en condiciones extremas de frío o de calor.

Las que se compran en cepellón deben plantarse a principios de primavera. Primero se sumerge el cepellón en un cubo con agua durante un par de horas. Y si los tallos miden más de 30 centímetros, se cortan a esta altura, así resultará más fácil manipular la planta y además ramificará mejor. Se cava un agujero de unos 45 centímetros de profundidad y otros tantos de diámetro que una vez colocada la clemátide se rellena con un sustrato de buena calidad, fértil y esponjoso. Las raíces tardan en asentarse y es importante, sobre todo durante el primer año, que nunca les falte humedad.

La poda no es imprescindible, pero sí recomendable para mantener el vigor y la floración. Como regla general se recomienda eliminar cada año todas las ramas secas y dañadas y recortar el resto de los tallos a 30-60 centímetros del suelo, lo que varía es el momento de hacerlo.

Las especies tempranas, C. cirrhosa, C. armandii, C. alpina y C. montana, que florecen sobre los tallos del año anterior se podan inmediatamente después de la floración, mientras que los híbridos y las especies tardías, C. tangutica, C. flammula, C. florida y C. viticella, como florecen sobre las ramas nuevas, se podan a principios de invierno antes de que rompan a brotar.

Pilar Gómez-Centurión

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