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VARIEDADES

Geranios, un mundo sorprendente

Geranios, un mundo sorprendente

Ya sea por sus hojas perfumadas con aromas exóticos o por los matices inesperados y sutiles que colorean sus flores, las nuevas variedades de geranios son una caja de sorpresas. Por algo sigue siendo la planta más vendida en el mundo y, sin duda, la más popular.

Empiezan a florecer en cuanto asoma el buen tiempo y no dejan de hacerlo hasta que vuelve el frío. Son tan fáciles de cultivar como de reproducir, y crecen a sus anchas en cualquier tipo de maceta. Con estas poderosas razones no hay moda ni tendencia que consiga arrebatar a los geranios su papel estelar.

Son plantas vivaces para colocar a pleno sol, aunque admiten también una sombra ligera. Para que la floración sea más profusa conviene plantarlas en macetas más bien pequeñas en relación a su tamaño, cuando están en macetas muy grandes se produce un mayor desarrollo de hojas en detrimento del de las flores. Entre especies silvestres y cultivadas, el mercado cuenta actualmente con unas 1200 variedades de geranios, lo que nos permite elegir las más adecuadas a cada situación.

Geranios en ventanas y balcones

La mejor elección son los geranios hiedra o gitanillas (Pelargonium peltatum), de hojas carnosas y tallos finos y rastreros que se desarrollan en cascada y pueden cubrir más de un metro de fachada. Hay variedades de flor sencilla, en tonos rosas, lilas, rojos o salmón. Y variedades de flor doble como las «Butterfly» y «Patricia», ambas de color lila; «Tavira» (rojo), Picasso (cereza) o «Loulou» (morado).

En patios, terrazas y escaleras

Para cualquier zona del exterior de la casa adornada con macetas resultan más adecuadas las variedades clásicas de tallos erguidos, es decir, los geranios zonales. Los hay también con flores sencillas o dobles, y una gama cromática cada vez más amplia, que abarca tonos más o menos intensos a partir del blanco, rosa, rojo o anaranjado. A este grupo pertenecen también las especies con hojas coloreadas, que combinan el verde básico con manchas de color. Hay variedades que presentan manchas amarillas, es el caso de «Mrs. Pollock» y «A Happy Thought»; cobrizas, «Mrs. Henry Cox» y «Marechal MacMahon»; ribeteadas en tonos más claros, «Dolly Vardon» o «Duc d’Anjou»; y en tonos más oscuros, «Distinction» o «Happy Touch».

En el interior de una terraza o un porche

Nada más recomendable que los geranios de olor, que mantendrán alejados a los insectos. Se trata de especies silvestres o muy próximas, con hojas pequeñas y muy recortadas cargadas de aceites esenciales y que al frotarlas despiden un intenso perfume.

La carta de fragancias ofrece diferentes posibilidades. Puede ser aroma a manzana, Pelargonium odoratissimun; a limón, P. citronellum y P. crispum; a naranja, «Prince of Orange»; a jengibre: «Pink Champagne»; a nuez moscada, «Little Gem»; a menta, P. tomentosum; o incluso a rosa, «Attar of Roses» y «Lady Plymouth».

Por último, entre las variedades más nuevas, que se diría creadas expresamente para los refinados ambientes minimalistas, los pétalos color marfil con bordes rosa de «Apple Blossom»; o los que recuerdan alas de mariposa como «Easter Morning» o «Denise».

¡Cuidado con las plagas!

Aunque los geranios, cuando están al aire libre, no son propensos a padecer enfermedades ni plagas, hay una que entró en la Península hace unos años a través de Baleares y que conviene prevenir desde principios de primavera. Se trata de una pequeña mariposa oscura llamada Cacyreus marshalli que devora con avidez los capullos y tallos de geranio que son la base de su alimentación. Para combatirla hay que fumigar cada quince días con un insecticida sistémico, como Sistematón, que al ser absorbido por la savia elimina al parásito y sus larvas.

Cuidados básicos

  • Tierra: Los geranios crecen hasta en los suelos más pobres, siempre que cuenten con un buen drenaje, es decir, capaces de filtrar el agua de lluvia o de riego sin quedar encharcados.
  • Temperatura: Son sensibles a las heladas, por tanto necesitan protección en las noches de invierno, cuando los termómetros bajan de cero.
  • Riego: Solo cuando la tierra esté seca porque aguantan sin problema períodos de sequía, en cambio, la humedad los daña sin remedio.
  • Abono: En primavera y verano se puede añadir al agua de riego un fertilizante líquido rico en potasio, pero bastará con hacerlo una vez al mes porque tampoco conviene abonarlos demasiado.

Nuestro consejo: Despunta los primeros brotes para estimular la aparición de nuevas ramas, y elimina lo antes posible las flores marchitas.

Esquejes en 4 pasos

  1. Se elige un tallo joven y vigoroso, a ser posible, sin flores, que se separa de la planta por la base con un corte inclinado. Se retiran las estípulas, que son como pequeñas escamas que aparecen en la base de cada pecíolo. Si hubiera flores, se suprimen también.

  2. Este tallo se divide, a su vez, en 2 ó 3 trozos, de forma que cada uno contenga entre 1 y 3 hojas. Las hojas restantes se eliminan.

  3. Se introduce el extremo inferior de cada esqueje en un puñado de polvo de hormonas que quedará adherido a los tejidos.

  4. Se coloca la base de los esquejes en una maceta con arena o tierra poco compacta que hay que mantener ligeramente húmeda hasta que los esquejes hayan enraizado y comiencen a rebrotar produciendo nuevas hojas.

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