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Bulgaria, en el corazón de los balcanes

Lo que hay que saber

Sofía, la capital de Bulgaria, presenta una singular belleza arropada por el imponente monte Vitosha, catalogado como Parque Natural.

Mil veces devastada y saqueada, hoy exhibe la imagen centroeuropea que adquirió a finales del siglo XIX cuando se liberó de los otomanos.

El bulevar Vitosha, su avenida más importante, refleja como ningún otro lugar la liberalización económica y social emprendida por el país tras la caída del antiguo régimen.

Visite la basílica ortodoxa de Alexander Nevski, la mayor de los Balcanes, y en cuya espectacular cúpula central se emplearon 8 toneladas de oro.

No se pierda los monasterios ortodoxos. El monasterio de Rila, flanqueado por las cumbres del parque nacional del mismo nombre, es el más impresionante.

Información turística:

www.portalbulgaria.com

www.willgoto.com

Pasaporte:

- Población. 7 973 637 hab.; de ellos el 86% son búlgaros y eslavos, el 10% turcos y el 3,2 % gitanos.

- Superficie. 110 993 km2, de los que un 28% está ocupado por las cordilleras de los Balcanes, los Ródopes y Sredna Gora.

- Ríos principales. Danubio, Maritza, Iskar, Struma y Yantra.

- Religión. La mayoría de los búlgaros son cristianos ortodoxos aunque también existen una minoría católica de rito bizantino y otra que profesa el danovismo, dogma que combina los ritos cristianos ortodoxos con el yoga y el culto al sol. Los turcos son musulmanes y los judíos profesan el judaísmo.

- Idioma. La lengua oficial es el búlgaro, de origen eslavo y alfabeto cirílico. También se habla ruso y raramente inglés. Los judíos sefardíes se expresan en castellano.

Flora y fauna

Los bosques son prácticamente impenetrables y se extienden por un 30% del territorio. Predominan los de hoja caduca, con especies como robles, hayas, tilos, álamos..., mientras que el abeto y el pino silvestre conforman la foresta perenne, con ejemplares de hasta 1300 años de antigüedad. En el sotobosque abundan las plantas medicinales, más de 400 especies, destinadas al consumo interior y a la exportación. El excelente grado de conservación de estos espacios ha favorecido el desarrollo de numerosas especies ya desaparecidas o al borde de la extinción en casi toda Europa: oso pardo, lobo, chacal, jabalí, venado, urogallo...

POR QUÉ NOS GUSTA...
Porque perderse en Bulgaria es como pasear por un cuento.

Bulgaria, en el corazón de los balcanes

Situada en el corazón de los balcanes, bulgaria es una de las repúblicas más desconocidas de la europa del este, a pesar de su prodigiosa naturaleza y generoso patrimonio artístico en el que sobresalen más de doscientos impresionantes monasterios de comunión ortodoxa recluidos en paradisíacos enclaves montañosos.

Con las primeras luces del alba, Sofía, la capital de Bulgaria, presenta una singular belleza arropada por el imponente monte Vitosha, catalogado como Parque Natural. Durante la Edad Media, tan simbólico enclave cobijó más de una docena de monasterios y también la enigmática iglesia de Boyana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus frescos medievales son de obligada contemplación, aunque algunos de los escasos viajeros y un reducido sector privilegiado de la población local prefieran acudir a sus pistas de esquí o pasear por su frondosa foresta, donde antaño los mandatarios comunistas levantaron sus residencias.

No puede decirse que Sofía sea una ciudad esplendorosa pero sí de gran personalidad, adquirida a lo largo de su compleja y cruenta historia. Capital del país desde finales del siglo XIX, en su solar se asentaron hace 7000 años los tracios y después romanos, cristianos, eslavos, búlgaros, judíos, gitanos y también sus vecinos turcos, dominadores implacables del país durante 500 años. Mil veces devastada y saqueada hoy exhibe la imagen centroeuropea que adquirió a finales del siglo XIX cuando ayudada por Rusia se liberó de los otomanos. La tutela de aquel país, que se prolongó hasta 1989, ha dejado su impronta por toda la ciudad. Edificios como el Palacio de Cultura, destinado a congresos y exposiciones, y la Casa del Partido Comunista son algunos de los más llamativos por su monumentalidad y trazo uniforme. Esta última se levanta en el Largo, ancha vía de originales adoquines amarillos trazada sobre una de las plazas que destruyeron en 1944 los bombardeos de los aliados. Hoy, alejada del poder absoluto de otro tiempo, dedica sus dependencias a actividades culturales. Algo similar ha ocurrido con los cercanos almacenes TSUM, que constituían uno de los centros estatales de consumo más representativos del país y ahora, privatizados, acaparan las mejores firmas de la moda internacional. Y es que todo está cambiando rápidamente en Bulgaria, especialmente en Sofía.

El paisaje del bulevar Vitosha, su avenida más importante, refleja como ningún otro lugar la liberalización económica y social emprendida por el país tras la caída del antiguo régimen. Los antiguos tranvías que la transitan contrastan con miles de escaparates de tiendas de moda, ordenadores, telefonía móvil, hamburgueserías y, por supuesto, con sus variopintos transeúntes: nuevos ricos enjoyados y vestidos a la última moda, ejecutivos pegados a su teléfono móvil, músicos callejeros y, sobre todo, ciudadanos de modesto aspecto. Todos representan el mosaico de un país en pleno cambio. Algunos de ellos incrementan su escaso presupuesto con la venta de recuerdos del régimen anterior y conmovedores objetos arrancados de sus hogares. Las mujeres se afanan por vender las primorosas mantelerías que bordan a mano, y aquellas que nada tienen solo ofrecen flores. Mercado tan dispar se sitúa en torno a la impresionante basílica ortodoxa de Alexander Nevski, la mayor de los Balcanes, cuya construcción, en honor de los soldados rusos abatidos en la Guerra Ruso-Turca, comenzó en 1882. De estilo neobizantino, sustituyó como catedral a la cercana iglesia románica de Santa Sofía, y para cubrir su espectacular cúpula central se emplearon 8 toneladas de oro. La misma riqueza ornamental reviste el interior, cuya cripta guarda una notable colección de iconos. El contrapunto a tanto derroche estético lo marcan las iglesias medievales de Santa Petka Samardzjiiska y San Jorgei, cuyo valor histórico artístico, con sorprendentes frescos de los siglos X al XIV, no supo valorar el trazado urbano que las relegó a los subterráneos de acceso al metro y al patio del Banco Nacional de Bulgaria, donde afortunadamente se respetaron los restos romanos de un templo. Mejor suerte han corrido otros monumentos que embellecen Sofía desde el siglo XIX: el Palacio Real, residencia de los últimos monarcas búlgaros y actualmente Galería Nacional de Bellas Artes; el Teatro Nacional Iván Vasov, reconstruido tras los bombardeos de 1944; el Mercado Central, donde se vendían los productos de los koljoz comunistas; la diminuta iglesia rusa de San Nicolás, con cúpulas doradas y tejados de colores que le otorgan su peculiar imagen de cuento de hadas; y la Sinagoga, testigo de la negativa búlgara a deportar a su población judía durante la II Guerra Mundial. Y es que todos los credos del país tienen sus templos en Sofía, incluso los musulmanes turcos que desde el siglo XVI acuden a la texto mezquita de los Baños, vecina a los baños turcos de llamativas fachadas multicolores que iluminan el paisaje urbano de Sofía como ningún otro edificio.

Monasterios ortodoxos
Son el tesoro más llamativo de Bulgaria y comienzan a expandirse por su abrupto territorio tras la conversión de los búlgaros al cristianismo en el siglo IX. Apartados de la civilización, el entorno y el silencio que los envuelve sobrecogen tanto como sus sombrías iglesias, repletas de frescos, opacos ya por el paso del tiempo, o sus monjes, de larga melena, poblada barba y mirada tan audaz como inteligente, que aún recuerdan con admiración cómo los cenobios guardaron celosamente la cultura y las tradiciones búlgaras durante la ocupación otomana, protegiendo además a los líderes revolucionarios. El monasterio de Rila, flanqueado por las infinitas cumbres del parque nacional del mismo nombre, es el más impresionante. Las 300 celdas de los religiosos, distribuidas en tres pisos de coloristas arcadas y originales balcones volados de madera, circundan la iglesia de la Asunción y la torre-campanario de Chrl’o, nombre de uno de los feudatarios medievales que reconstruyó el monasterio tras ser engullido por un alud. La riqueza artística del conjunto y su magistral biblioteca lo han convertido en Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, pese a su espectacularidad, otros recintos resultan más acogedores por su sencillez. En el de Driavnovo las huellas de los cañonazos turcos recuerdan el asedio que allí padecieron durante 9 días sus monjes y algunos independentistas, cuyo centro de operaciones estaba en la cueva de Bacho Kiro, cercana a la cumbre de la montaña que respalda el monasterio. La visita impresiona mucho por la soledad del lugar y las descomunales dimensiones de la gruta, donde el eco y el repiqueteo del agua son la única compañía del visitante. Tan sorprendente como ella son los riscos que sobre las majestuosas gargantas del río Yantra cobijan el monasterio de la Transfiguración. Es uno de los más emotivos, quizá por su colorista y diminuto texto templo de la Asunción o por el monje centenario que solemnemente muestra en la fachada la Rueda de la Vida, similar a las del Tíbet, y en el interior, el mural de Juicio Final, con un descomunal demonio capaz de intimidar al visitante más sereno.

Ciudades históricas y de cuento
Montaña abajo, a 6 km del monasterio, está Veliko Tarnovo, señorial y solemne desde que allá por el siglo XII fuera proclamada capital del II Imperio Búlgaro en el templo de San Dimitar de Salónica, el más llamativo de los muchos que desde el Medioevo sobreviven al paso del tiempo en el barrio Asenov, poblado entonces por artesanos. Pasear por sus solitarias callejuelas ajenas al ritmo de nuestro tiempo es una experiencia tan enriquecedora como la visita del colosal recinto amurallado que sobre las colinas de Tsarevets y Trapezico guardaba el palacio de los zares, del que solo quedan sus espesos muros; las desaparecidas residencias de los nobles; y la iglesia del Patriarca, ornamentada con modernos frescos. Por su parte el barrio del Renacimiento Nacional, que precede a la ciudad moderna, se ha convertido en un auténtico museo de arquitectura con notables palacetes decimonónicos y obras tan llamativas como la Catedral y el Ayuntamiento, diseñadas por Niocola Fitchev, el arquitecto más renombrado de Bulgaria.

De las numerosas ciudades de cuento del país, Plovdiv es una de las más hermosas. Filipo II de Macedonia la fundó en el siglo IV antes de Cristo y los romanos la convirtieron en la principal urbe de la Tracia, erigiendo un colosal teatro que todavía cumple su función. La mezquita de Imaret y la de Djoumaya hablan de un pasado más reciente, perdiendo sin embargo su esplendor ante el Barrio Viejo, donde los ricos comerciantes decimonónicos levantaron sus originales casas de sinuosas fachadas de colores. Son la mejor muestra del estilo barroco balcánico y se caracterizan por su gran salón oval, rodeado de habitaciones cubiertas por elaboradísimos artesonados que compiten en belleza con la ornamentación pictórica de sus paredes y el soberbio mobiliario. Algunas se han convertido en restaurantes y otras en museos tan llamativos como el de Etnografía o el del poeta romántico Lamartine, quien embargado por la belleza del lugar permaneció aquí durante algún tiempo después de su viaje por Oriente.

Guía práctica
- Documentación necesaria. Pasaporte y seguro médico.
- Cómo llegar. Balkan Airlines oferta vuelos desde Madrid dos veces por semana. C/ Princesa, 12. Tel.: 91 542.07.20.
- Moneda. El lev. Se divide en 100 stotinki y al cambio 1,95 leva equivalen a un euro. En España no se pueden adquirir y en Bulgaria es mejor hacerlo en las oficinas de cambio, ya que la mayoría de los bancos no exponen la tabla de cambios y las comisiones son altas.
- Cuándo ir. Mayo y junio son los mejores meses, con temperaturas que raramente superan los 25o C. En cambio, el clima continental del país favorece los veranos e inviernos extremos, superando entonces el mercurio los 40o C y descendiendo hasta los -25o C.
- Gastronomía. La cocina búlgara es sencilla pero de intensos sabores porque sus platos están muy condimentados. Las sopas frías como la tarator, a base de yogur batido, pepinos, perejil y nueces, y las ensaladas como la shopska, con tomate, pepino, pimiento verde, cebolla y queso blanco son exquisitas. También los platos de carne como la kebapcheta, unas albóndigas de carne de vaca y cerdo a la parrilla, o el giuvech, con los mismos ingredientes acompañados de tomates, pimientos y guisantes. Entre los postres sobresalen la baklava, pastelillo de hojaldre con nueces y mantequilla, y el emblemático yogur, de fama mundial, que se elabora con leche de vaca y oveja cuajada con el Lactobacterum bulgaricum, agente que solo se desarrolla en condiciones naturales en Bulgaria. Los vinos, cuya producción se remonta al siglo IX, también son de merecida fama, destacando entre los tintos el trakia, y el mavrud; y entre los blancos el tamyanka y el euksinovgrad.
- Compras. Los iconos, que se pueden adquirir en la cripta de la catedral de Alexander Nevski y en el monasterio de Rila, las mantelerías bordadas y las mantas y alfombras tejidas en los Ródopes son algunas muestras de la rica artesanía del país, sin olvidar la esencia y el aceite de rosas, que, destilados en los valles de los Balcanes, abastecen el 70% de la demanda mundial.
- Hoteles:
Sofía. Hotel Central. 4*. Cristo Botev Blvd., 52.
Sun Hotel. 3*. Maria Luiza Blvd., 89.
Veliko Tarnovo. Hotel May Hip, 3*. Nikola Fitchev, 5.
Plovdiv. Hotel Bulgaria, 3***. Patriarh Eutimii Str.


Texto y fotos: Beatriz Terribas.

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