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Egipto, el don del nilo

Egipto concibió el primer Estado de la humanidad, el primer alfabeto y el primer calendario, fruto del incomparable desarrollo de las artes y las ciencias
La anhelada eternidad impulsó a los faraones de las primeras dinastías a levantar para su reposo imponentes complejos funerarios presididos por colosales pirámides.
El emblema por excelencia de Egipto son las pirámides de los faraones Keops, Kefren y Micerinos, únicas maravillas del mundo antiguo que todavía permanecen prácticamente inalterables, después de más de cuatro mil años.
Tan llamativos como las pirámides son los solemnes templos que jalonan la trayectoria del Nilo, algunos de ellos moradas de dioses

Pasaporte

- Cuándo ir. La primavera y el otoño son las estaciones más apropiadas con temperaturas que oscilan entre los 32º diurnos y los 17º nocturnos.

- Cómo llegar. La mayoría de las agencias ofrecen viajes organizados que incluyen un delicioso crucero por el Nilo. Los precios son variados y lo mejor es esperar a las ofertas periódicas que lanzan. Hay muchos lugares interesantes en el país no en los paquetes turísiticos tradicionales. Lo mejor es tomar un taxi y acordar previamente el precio y el itinerario con el conductor.

- Documentación necesaria. El pasaporte debe tener una vigencia de al menos seis meses y se necesita un visado que se obtiene en los aeropuertos del país.

- Moneda. La moneda oficial es la libra egipcia que se divide en 100 piastras. Es aconsejable llevar euros o dólares y cambiarlos en Egipto, especialmente en moneda fraccionaria para las propinas.


¿Sabías...?

- La pirámide más antigua, la escalonada de Saqqara, fue construida por el faraón Zoser hacia el 2800 a. de C. Es el primer monumento de la historia en piedra tallada.

- La primera pirámide lisa regular fue la pirámide Roja.

- La más alta y perfecta es la pirámide de Keops en Giza, una de las 7 maravillas del mundo antiguo, con 136 m de altura.

- Las más grandes, las pirámides de Keops y Kefren, en la meseta de Giza.

- En total hay 80 pirámides.

- Todas se encuentran en el lado occidental del Nilo, por donde se pone el Sol, lugar reservado al mundo de los muertos.

- Los faraones se hicieron construir pirámides durante más de 5 siglos.

Curiosidades...

- La Esfinge, con 20 m de altura, es la mayor estatua de la Humanidad. Sus pasadizos interiores, que no se sabe hacia dónde se dirigen, están sellados con piedras.

- En el templo de Kom Ombo, levantado en el año 1350 a. de C. y dedicado al Dios cocodrilo Sobek, se pueden contemplar en varias urnas algunas momias de estos reptiles.

- La gigantesca sala hipóstila del templo de Karnak podría albergar la catedral parisina de Notre Dame.

- El proceso de momificación duraba 70 días. Comenzaba por la extracción del cerebro y las vísceras continuando con la esterilización del cuerpo y su deshidratación con natrón. Posteriormente se rellenaba de arena y se impregnaba con resina, mirra y canela para envolverlo finalmente con una gasa de lino.

- No se debe uno bañar en el Nilo, ni tampoco refrescarse, porque en sus aguas habita el gusano de la bilharziasis que penetra en la piel para desarrollar bajo ella su ciclo vital pudiendo causar la muerte de su huésped.

Información turística

- Oficina de Turismo de Egipto. Pl. de España, 18, 5º. 28008 Madrid. Tel.: 91 559 21 21. www.egiptoturismo.org

Guía práctica

Hoteles:
- Old Cataract (Asuan). Su sabor colonial embrujó a huéspedes tan ilustres como Agatha Christie, inspirándole su obra Muerte en el Nilo. Desde la terraza se contempla una de las panorámicas más hermosas del río surcado por las falúas.
- Marriott (El Cairo). Con maravillosas vistas sobre el Nilo, el edificio central fue uno de los lujosos palacios levantados en 1869 con motivo de la inauguración del Canal de Suez.
- Sofitel Winter Palace (Luxor). Conocido como el palacio de los reyes, porque en él se han alojado insignes miembros de la realeza, es una acogedora obra de estilo colonial cuya construcción se remonta a 1886.

Platos típicos:
Principales
- Kabab, pinchos de carne asados al carbón.
- Kofta, albóndigas de carne con especias.
- Kushari, lentejas con macarrones y salsa de tomate.
- Hommoz El Sham, garbanzos con caldo muy picante.

Dulce
- Om Ali, sopa de leche, nueces, coco y pasas.
- Halawa, especie de turrón con cacao.
- Helados de dátil o batata.
- Zumos de plátano, mango, tamarindo… mezclados con leche.
- Té clásico o de manzana, muy calientes, son las mejores bebidas para aplacar la sed y el calor.

Compras:
- Jan El Jalily ofrece al visitante todo un paraíso de artesanía en cobre y alabastro y miles de telas, alfombras, especias y embriagadores perfumes a granel.
- En los barcos que realizan el crucero por el Nilo se pueden adquirir joyas de oro y plata de excelente calidad, aunque para encontrar los precios más ajustados es mejor consultar a los guías.
- También ellos le orientarán sobre los lugares donde se elaboran de forma tradicional los papiros.
- Los perfumes más exquisitos y los envases más delicados se encuentran en las elegantes perfumerías de El Cairo, entre otras Shahrazad Palace en el nº 11 de Sharia Mariette Pasha.

Otros lugares de interés
- Ciudades de Hurgada y Sharm el-Sheikh, donde se preparan excursiones para bucear en el Mar Rojo.
- Monasterio de Santa Catalina, fundado por Justiniano I en el año 527 y emplazado en la Península del Sinaí, en el lugar donde Dios se reveló a Moisés. Conserva las reliquias de la santa martirizada en Alejandría.

POR QUÉ NOS GUSTA...
La ciudad de los Faraones no necesita ningún incentivo para ser atractiva. Lugar de inaclulable belleza rodeado de misterio, es un viaje de los que hay que hacer en esta vidal

Egipto, el don del nilo

«egipto es el don del nilo». así definió herodoto este mítico país que alumbró hace 6 000 años, al amparo de tan inmenso río, la civilización más culta, religiosa y exquisita de nuestro planeta. a lo largo de los 1 508 km de su recorrido, flanqueado por fértiles tierras que preludian la inmensidad del desierto, se suceden los imponentes restos monumentales de aquel enigmático imperio, contrastando con bulliciosas ciudades donde el lujo y la pobreza imperan por igual.

Es difícil escapar al hechizo que ejerce en el visitante este vasto país donde habitan 60 millones de almas confinadas entre los desiertos Arábigo y Líbico, que solo aplacan su desmesura al vislumbrar el mar Rojo, al Este de su territorio, poblado de hermosísimos arrecifes de coral y una generosa vida piscícola, y el Mediterráneo, al Norte, donde llega a su reposo el vivificante Nilo.

Fueron precisamente estas fronteras naturales las que preservaron durante más de 3000 años la independencia de Egipto, que concibió el primer Estado de la Humanidad, el primer alfabeto y el primer calendario, fruto del incomparable desarrollo de las artes y las ciencias, condicionado por los dictámenes de la religión y sus múltiples deidades que regulaban la armonía de los elementos de la Naturaleza, el cosmos, la vida y la muerte. Esa muerte concebida como estado transitorio previo a la vida eterna solo asegurada para aquellos seres cuyo cuerpo hubiera sido embalsamado, permaneciendo de esta forma incorrupto para su renacimiento.

Un lugar para el descanso
La anhelada eternidad impulsó a los faraones de las primeras dinastías a levantar para su reposo imponentes complejos funerarios presididos por colosales pirámides. La más antigua es la del faraón Zoser, data del año 2800 a. de C. y está en Saqqara, cerca de Menfis, capital del Imperio Antiguo. Su insólita figura responde a varios ensayos realizados por el arquitecto Imhotep para conseguir superponer a una mastaba, primitivo enterramiento de forma trapezoidal, seis pisos sustentados por la misma estructura. En sus inmediaciones, permanecen en pie solo algunos restos de su templo funerario y parte de la muralla que circundaba el recinto. Destaca el Muro de las Cobras adornado con delicadísimos frisos que reproducen a la diosa Uadjet, protectora de la realeza. El auge económico del Imperio Antiguo favoreció la construcción de muchas pirámides, la mayoría hoy en estado ruinoso, aunque algunas tan importantes como la del faraón Unas, cerca del complejo de Zoser, donde se encontraron, grabados en las paredes, los «Textos de las Pirámides», un colosal conjunto de jeroglíficos y dibujos que dan a conocer los rituales funerarios de aquel tiempo.

En Dahshur, a 3 km de Saqqara, esperan al visitante la no menos extraña pirámide Romboidal, con caras de diferente inclinación, la pirámide Roja, construida con piedra caliza de este color, y la de Meidum, sobre un imponente montículo de arena, todas atribuidas a Zoser. Esta última tiene forma de torre porque originariamente estaba compuesta de ocho escalones que colapsaron durante la construcción, salvándose solo uno de ellos. Pese al atractivo de todas ellas el emblema por excelencia de Egipto son las pirámides de los faraones Keops, Kefren y Micerinos, únicas maravillas del mundo antiguo que todavía permanecen prácticamente inalterables en la meseta de Giza, cerca de El Cairo, después de más de cuatro mil años. Se levantaron bajo las tres estrellas que configuran el «cinturón» de la constelación de Orión, puerta por la que el difunto faraón alcanzaba el Más Allá, y, pese a la magnificencia del conjunto, la más imponente es la de Keops con 136 m de altura y 2 500 000 gigantescos bloques de piedra encajados sin argamasa.

Hasta el momento solo se han descubierto en el interior de la tríada varios aposentos. Se pueden visitar la cámara funeraria de la Gran Pirámide a la que se accede a través de un estrecho y empinado corredor, algunos canales de ventilación, tres sarcófagos y una momia. Se desconoce la existencia de otras salas que podrían conservar el ajuar de los difuntos. Este complejo funerario, con numerosas tumbas de reinas y sacerdotes en sus inmediaciones, todavía más imponente durante la noche, cuando se celebra el espectáculo de luz y sonido que narra su historia, se completa con la enigmática Esfinge cuyo cuerpo felino, que sustenta la faz de Kefren, permaneció bajo las arenas del desierto, como otros tantos monumentos, hasta el siglo XIX.

Durante el Imperio Nuevo, con el traslado de la capital a Tebas, actualmente Luxor, la realeza y su corte eligieron como enterramiento las tumbas rupestres del Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas. Sus ásperos acantilados impresionan tanto como las sepulturas, entre las que destacan por sus dimensiones, originalidad y ornamentación la de Seti I y la de Tutmosis III. Visitar estas tumbas o cualquier otra es una experiencia sobrecogedora porque nos invade la sensación de haber profanado el espacio sagrado que protegió el descanso de sus moradores.

El culto a los dioses
Tan llamativos como las pirámides o la necrópolis tebana son los solemnes templos que jalonan la trayectoria del Nilo. Algunos como Abydos, Philae, Edfú y Dendera fueron la morada de los dioses Osiris, Isis, Horus y Hathor, en otros, como en el de Hatshepsut, única reina que ostentó título de faraón, se les adoró. Las tres plantas superpuestas del santuario, excavado hace 3500 años en una de las paredes rocosas del Valle de las Reinas, ofrecen un espectáculo incomparable, perviviendo en su interior algunos relieves que relatan el nacimiento de la reina, su coronación y las expediciones comerciales que promovió al país de Punt. Peor suerte tuvo el de Amenhotep III al sucumbir bajo las aguas del Nilo durante una de sus crecidas, salvándose solo los colosos de Memnon que anunciaban su entrada.

Al mismo faraón se deben los templos tebanos de Luxor y Karnak, dedicados a Amón, Mut y Khonsu. Ampliados y embellecidos por numerosos faraones, entre otros Seti I y Ramsés II, sus descomunales proporciones, estatuas conmemorativas de serena hermosura, obeliscos y salas hipóstilas tan desmesuradas como la de Karnak, con más de un centenar de columnas que superan los 20 m de altura y 10 m de circunferencia, son tan imponentes como los santuarios de Abu Simbel levantados en la región de Asuan para Ramsés II y su esposa favorita Nefertari.

El templo del faraón más poderoso de Egipto hubiera perecido bajo las aguas del lago Nasser al construirse la presa de Asuan si, a instancias de la UNESCO, 48 países, entre ellos España –cuya capital recibió el Templo de Debod, que actualmente se puede visitar en el Parque del Oeste-, no hubieran participado en su traslado al emplazamiento actual. Cuatro estatuas sedentes de Ramsés II presiden la entrada del templo, cobijado por una bóveda artificial, por la que se accede a una cámara repleta de grabados que realzan la vida del faraón y con imponentes pilares osiriacos que parecen proteger para la eternidad el santuario contiguo donde descansan la inquietante estatua de Ramsés II, arropada por las de Ptah, Amón y Ra, a la espera del rayo de sol que la ilumina un día al año, delicado fenómeno que antaño se producía el día de su cumpleaños y actualmente 24 horas después. De rutilante belleza es también el templo de Nefertari, igualmente ornamentado por las gestas del faraón y algunas escenas votivas y con una original fachada repleta de nichos destinados a las estatuas de Ramsés II y de la diosa Hathor, que aquí adopta la fisonomía de Nefertari.

El Cairo
Es la ciudad más grande de Oriente Medio y de África, y la más poblada: supera los 18 000 000 de habitantes. Todo en ella es superlativo, el Nilo que la transita, el bullicio, el tráfico, las atestadas callejuelas, la contaminación…, pero especialmente el incomparable perfume de sus jardines y la cordialidad de sus gentes de satinada piel y hermosísima mirada.

Codiciada a lo largo de su historia por romanos, árabes, mamelucos, otomanos, franceses y británicos, cobija además del Museo de Antigüedades más grande del mundo, con tesoros tan llamativos como el de Tutankamón, la armoniosa convivencia de cristianos, musulmanes y judíos.

El barrio copto es el enclave más antiguo, con iglesias tan representativas como la de la Virgen, del siglo VII o la de San Sergio, construida en el lugar donde descansó la Sagrada Familia en su huida a Egipto. Sin embargo, es el Cairo islámico el que ejerce mayor atracción en el visitante, con monumentos tan llamativos como la Ciudadela, erigida en el siglo XII por Saladino para proteger la ciudad, o las incontables mezquitas construidas a partir del año 600. La mezquita de Mohammad Ali, también llamada de Alabastro, por la cantidad de este material empleado en su construcción, es de las más espectaculares por su diseño similar al de la mezquita Azul de Estambul, sus maravillosas alfombras, la gigantesca lámpara sustentada desde la cúpula central y el curioso reloj que Luis Felipe de Francia regaló a Mohammad Ali en 1845. Su residencia, el palacio Manial, es otro de los atractivos de la ciudad por la lujosísima ornamentación de sus dependencias, entre las que sobresale una diseñada a imagen y semejanza de La Alhambra. Pese a la belleza de estos monumentos son, sin embargo, el mercado de camellos de Imbaba, el de pájaros, en Midan Sayeda Aisha, y el descomunal zoco de Jan El Jalily, con algunos de los cafés más acogedores del país donde todo egipcio que se precie fuma una shisha mientras juega al backgamon, los lugares que recrean la esencia de El Cairo.


Beatriz Terribas

Comentarios (1)

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Veronica
07 diciembre 2016 02:49

Me encanta!!!!!!!!!!

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