Plusesmas.com

El paular. cascadas del purgatorio, Madrid

DATOS DE LA RUTA:
Duración: 4 horas.
Distancia: 11 km.
Salida: del Área recreativa
Las Presillas, Rascafría.

EL MEJOR MOMENTO:
En otoño, cuando han salido las setas pero aún no hace frío. También es una ruta preciosa para hacer en primavera
o verano.

DIRECCIÓN:
Por carretera, a través de la N-I. Tomar el desvío hacia Lozoyuela y, desde aquí, el desvío hacia Lozoya y Rascafría (M-604). A unos 2 km de Rascafría, se encuentra El Paular.

MÁS INFORMACIÓN:
Oficina de Turismo de Rascafría
Avda del Paular s/n
Rascafría
28740 Madrid
Tel.: 918 691 804
Y en: www.rascafria.org

POR QUÉ NOS GUSTA...
Por la belleza de los bosques y las cascadas.

La zona de el paular y de rascafría está llena de misterio, leyendas, montañas nevadas y hermosos paisajes.

El objetivo de esta marcha campestre son las Cascadas del Purgatorio. Salimos del Área recreativa Las Presillas, en Rascafría, donde hay varias piscinas naturales excavadas por el río. La cruzamos y encontramos un camino de tierra por el que avanzamos entre el robledo inmenso, que seguiremos viendo durante toda la caminata. El camino, amplio y bien trazado, está señalizado con unos números en los árboles de los márgenes.

1. Los Robledos
Poco más adelante pasamos por los barracones Arroyo del Aguilón, que son edificios de Medio Ambiente. Aquí se juntan el arroyo del Aguilón y el arroyo de la Angostura. Será el primero de ellos el que vamos a seguir durante toda la travesía. En esta zona, el bosque es exclusivamente de robles del tipo rebollo. Son ejemplares pequeños, todos jóvenes, porque se utilizan para obtener leña y para hacer carbón.

En la señalización, baliza número 10, se dividen los caminos. Por la derecha se va al puerto de la Morcuera y a las Cascadas del Purgatorio. Empieza aquí una pequeña subida al puerto que luego descenderemos: estamos a tres kilómetros y una hora, de paseo a ritmo normal, de las Cascadas. Se trata de dos grandes saltos de agua clara, fresca y cristalina encajonados en un cañón y rodeados de acantilados.

2. Subida al monte de los Robledos.
A partir de la bifurcación, sigue siendo fácil seguir el camino, aunque no esté señalizado con balizas. El bosque es del mismo tipo de abajo: de robles que, en su día, se talaron a ras de suelo. Como de cada cepa han ido brotando árboles, muchas veces, tras varias talas, los ejemplares son jóvenes. A medida que ganamos altura, se abre el bosque y las vistas se hacen más espectaculares.

3. Descenso del arroyo del Aguilón.
Una vez coronada la cumbre del monte, iniciamos el descenso por el camino de la izquierda. Aquí, poco a poco, se van introduciendo otras plantas entre los robles. Aparecen primero, tímidamente, los grandes pinos e incluso se pueden ver algunos ejemplares de roble que han tenido un desarrollo natural y no han sido podados con tanta frecuencia. Es buen momento para parar delante de uno de estos “abuelos roble” y ver cómo podrían crecido el resto de los árboles.

Mientras se baja, empezamos a oír rumor de agua en algún lugar de la sierra. Cuando menos lo esperamos, vemos un prado de montaña a la orilla del arroyo. Súbitamente cambia todo el paisaje. Siguiendo el cauce del río, encontramos el bosque típico de ribera. Estamos tan sólo a kilómetro y medio de las Cascadas del Purgatorio. Cruzamos el arroyo por el puente, vemos la primera poza y el primer salto de agua. De ahora en adelante, se sucederán estos saltos hasta llegar a la gran pirueta acuática: las dos cascadas. Pasada la cabaña del pastor, el firme cambia y se convierte en un pedregal de granito y pizarra. A lo largo del cauce, se extiende el bosque de ribera como una galería. Percibimos un olor muy característico: se trata de las hierbas aromáticas del río, sobre todo, de la hierbabuena y la melisa. Este tipo de bosque está compuesto de varios tipos de sauce, como la mimbrera. También encontramos cerezos, fresnos y álamos temblones.

4. Pinar silvestre.
Hacia la ladera de la montaña, cambia el bosque: un enorme pinar que se pierde a lo lejos trepando por el monte. Se trata del pino silvestre, muy característico porque, con el paso del tiempo, su tronco va perdiendo la corteza, que se desprende en láminas de color rojizo. El suelo de este tipo de pinar casi siempre está cubierto de helechos y es muy favorable para el crecimiento de setas comestibles tan ricas como los níscalos o los boletos.

5. Acantilado, desfiladero, cañón.
El camino, cada vez más escarpado y estrecho, vuelve a la orilla del río tras pasar por el pinar. El suelo está casi totalmente cubierto de piedra, como si lo hubieran pavimentado: se trata, sobre todo, de granito. En la subida, que empieza a ser difícil, nos acompaña la canción del río que cambia de tonos continuamente. Las paredes de los montes se cierran y forman el cañón del arroyo del Aguilón. Casi da vértigo mirar hacia arriba. Durante un corto trecho, caminamos sobre un pequeño acantilado y, tras un breve esfuerzo en el ascenso, llegamos a la Poza del acebo, muy cerca ya de las cascadas. La Poza del acebo, se reconoce fácilmente porque en su orilla hay un enorme acebo, la planta típica de las decoraciones navideñas. Es un buen sitio para bañarse si el tiempo lo permite.

6. Cascadas del Purgatorio.
Tras subir un último tramo rocoso desde la Poza del Acebo, aparece, como un espejismo, la primera cascada. A la izquierda de la misma, hay un enorme canchal de piedras afiladas. Las piedras están partidas porque, en invierno con el frío, el agua que se mete por las grietas y agujeros se congela y se dilata. La presión hace que las grandes rocas se rompan. Por ese canchal hay un caminito que sube. Es un camino difícil, pero en diez minutos estaremos en la segunda Cascada del Purgatorio, la más grande. Es posible acercarse hasta el mismo pie de la cascada y, si el tiempo es propicio, darse una buena ducha.

7. La vuelta.
Bajamos por el mismo camino siguiendo el cauce del río. Al llegar al prado donde está el primer puente que atravesamos sobre el arroyo del Aguilón, tomamos la senda que sigue por la orilla del río, sin cruzar el puente. Haremos el camino de vuelta por un robledo del mismo tipo del que ya hemos visto. Una vez en las Presillas, podemos darnos un baño en las piscinas naturales y disfrutar de un rato de esparcimiento y juegos en el césped, perfectamente cuidado, o tomando algo en lo chiringuitos del área recreativa. También podemos continuar el camino que atraviesa Las Presillas y lleva al puente del Perdón y al Monasterio de El Paular, que será el fin de nuestra ruta. El puente se llama del Perdón porque, hace unos quinientos años, por aquí pasaban los condenados a muerte camino de la horca, que estaba en la orilla opuesta del Monasterio. Los reos eran, por lo general, bandidos que habitaban por estos bosques. Cuando a un condenado a muerte le perdonaban la vida, lo dejaban marchar al pasar por este puente.

Final, Las Presillas.
Cruzamos el puente y salimos a la carretera, frente al Monasterio de El Paular. Aquí acaba nuestra ruta.

Sólo nos queda tiempo para reposar tantas nuevas impresiones y tal vez reflexionar sobre lo que hemos visto, que es otra forma estupenda de disfrutarlo.

Comentarios (0)

* *

*

Para no perderte nada
de la actualidad de Plusesmás

Salud, jubilación, memoria, propuestas de ocio,
concursos... ¡y mucho más!

Suscríbete para recibir nuestras newsletters:

Gratis y sin compromiso