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En Barcelona, un barrio con sabor: El Born

EXPOSICIONES

Museos
- Museo Textil y de la Indumentaria. C/ Montcada, 14.
- Museo Picasso. C/ Montcada, 15-17.
- Museo de Arte Moderno (MNAC). Parque de la Ciudadela.
- Museo Barbier-Mueller. C/ Montcada, 12-14.
- Museo de Geología. Parque de la Ciudadela.
- Museo de Zoología. Parque de la Ciudadela.

Fundaciones
- Fundación La Caixa. C/ Montcada, 14.
- Metrónom. C/ Fusina, 9.

DE COMPRAS

Tiendas especializadas
- El Magnífico (café). C/ Argentería, 64.
- Orígens (gastronomía). C/ Vidrería, 6-8.
- Casa Gispert (tostadero de frutos secos, especias). C/ Sombrerers, 23.
- Tot Formatge (quesos). Paseo del Born, 13.

Tiendas de moda
- Giménez & Zuazo. C/ Rec, 42.
- Itinerarium. Plaza Montcada, 12.
- Konrad Muhr. C/ Sombrerers, 25.
- Overales&Bluyines. C/ Rec, 65.
- Rafa Teja Atelier. C/ Sta. María, 18.

POR QUÉ NOS GUSTA...
Barcelona siempre es una buena opción para pasar un fin de semana.

En Barcelona, un barrio con sabor: El Born

Son las diez de la mañana y el barrio se espabila. todavía hay tiendas a medio abrir y algunas cerradas hasta las once. apenas se oyen bocinas y los ruidos de los coches suenan lejos. hay poca gente en la calle. una hilera ordenada de turistas espera paciente la entrada al museo. el vecino con la bolsa del pan y algún que otro joven modernillo que se dirige al trabajo. no hay prisa. estamos en el born.

Acercarnos al Born es un placer siempre: callejear, descubrir rincones nuevos, perdernos como turistas incluso en la propia ciudad, dejarnos transportar a otros tiempos; tomarnos un café al sol; entrar en la antigua tienda de especias; otra de ropa de jóvenes diseñadores; encontrar un palacio gótico convertido en museo y a la vuelta de la esquina descubrir un bar lleno de fotografías de personajes que estuvieron aquí.

La iglesia de Santa María del Mar, centro neurálgico de la Barcelona nueva, será el punto central de nuestro recorrido por este histórico barrio.

Un barrio con historia
Quizás uno se pregunte qué atractivo puede tener un barrio viejo y hasta hace poco oculto tras la degradación y el abandono. Ésa es la magia, el duende, la misma seducción que sintieron, en otro tiempo, muchos artistas de renombre que vivieron o frecuentaron el barrio y le dieron la aureola cultural que perdura todavía (Picasso, Miró, Manolo Hugué...).

Históricamente, el Born, que da nombre al antiguo barrio de la Rivera, era, y es, una plaza rectangular que tuvo especial significado para la vida barcelonesa entre los siglos XIII y XVII. La palabra born quiere decir «justa o torneo», que, como habréis podido adivinar, se celebraban en esta plaza, así como las fiestas ciudadanas, las procesiones y el carnaval.

El Born era el aglutinador, era la plaza de toda la ciudad nueva. Por un lado mercado, por otro escenario de celebraciones religiosas y populares. Y, sobre todo, era donde residían, junto a la calle Montcada, las familias nobles y los grandes comerciantes. Destacar aquí que la calle Montcada, donde se encuentran los mejores palacios góticos, era la más ancha de la ciudad medieval, la única por donde podían pasar los carros (solo en un sentido, claro).

En septiembre de 1714, Felipe V, después del asedio y la conquista de la ciudad, mandó destruir parte del barrio para levantar una ciudadela militar destinada a vigilar la ciudad. Casi todos los viejos palacios fueron abandonados, convirtiéndose en locales industriales y, aunque parezca una paradoja, el empobrecimiento del barrio determinó su conservación. Desde el punto de vista artístico, ello ha permitido que muchas calles y edificios no se reformaran o lo fueran en menor medida.

El sello del Born
En la actualidad, el Born se ha convertido en un punto emergente de la ciudad, en un centro de gran vitalidad tanto de día como de noche. La cultura, la gastronomía, el ocio, las compras están ampliamente representados por una buena red de museos, galerías de arte, fundaciones, librerías, comercios especializados, espacios de diseño, bares y restaurantes, y todo ello con un sello muy especial. Iniciaremos nuestro recorrido en la calle Argentería (antiguo camino del mar). Este nombre obedece a los establecimientos de artesanos y forjadores de espadas y lanzas, así como a las platerías que se situaron aquí en la Edad Media. Hoy, los bares de tapas y los restaurantes ocupan los antiguos locales. Uno de los más conocidos es Hofmann, donde también se imparten clases de alta cocina. Junto al exquisito establecimiento encontraremos la peluquería de toda la vida donde peinan con enormes cardados y, un poco más adelante, el antiguo tostador de café donde se pueden encontrar variedades de este grano de un sinfín de lugares.

Llegamos a la plaza de Santa María del Mar, uno de los lugares con más carácter que conserva Barcelona, pues en ella se mantienen muchos elementos del urbanismo medieval. Fijémonos en la pequeña fuente gótica, frente a la iglesia, adornada con blasones, gárgolas, y hasta con un pequeño rosetón calado, y, sobre la fuente, un pequeño jardín colgante. Es todo un capricho. Medio escondida detrás de la fuente comienza una calle irregular y muy pintoresca, con pórticos sostenidos por columnas góticas, balcones con aleros de madera, un doble arco que cruza la calle de lado a lado..., un sinfín de curiosos elementos arquitectónicos que vale la pena descubrir.

Obligada es la visita a la iglesia de Santa María del Mar, que bien merecería un capítulo aparte. Este edificio religioso, construido a lo largo del siglo XIV, se levanta sobre los restos de una necrópolis romana, que ocupó este lugar entre los siglos IV y VI, y que fue descubierta durante las excavaciones de los años setenta. Es la única iglesia gótica catalana perfectamente acabada, con una pureza de estilo y una unidad poco frecuentes en construcciones importantes de la Edad Media. La exclamación de «¡Santa María!» era uno de los gritos de guerra de los marineros catalanes en la conquista del Mediterráneo. Jaime I, al iniciar el dominio catalán con la conquista de Mallorca, hizo el voto de dedicar una catedral a Santa María. Santa María del Mar fue el monumento que los conquistadores levantaron a su patrona. Si la catedral era el centro de la antigua ciudad condal, Santa María presidía el núcleo de la nueva capital. Es fácil pensar en la opulencia de esta nueva orbe de mercaderes y armadores que cada día se hacían más fuertes y poderosos tras cada nueva conquista. En los trabajos de construcción del templo, colaboraron todas las corporaciones representativas del barrio, desde los descargadores y mozos de cuerda del puerto cercano hasta los personajes más reconocidos socialmente, que ayudaron con grandes aportaciones económicas.

Detrás del ábside de la iglesia se extiende el Born. Su imagen es inconfundible por su gran mercado, que abastecía Barcelona hasta hace relativamente poco tiempo. La estructura de hierro obra del arquitecto Josep Fontseré (1874) recuerda otras edificaciones de la época, como la Torre Eiffel. Actualmente, se ha levantado una gran polémica con el futuro de este mercado, dada la existencia en su subsuelo de restos arqueológicos de lo que fue el antiguo barrio de la Rivera (arrasado en la conquista de la ciudad). Este conflicto de intereses entre los arqueólogos, los políticos y las necesidades del barrio es, últimamente, un punto caliente en los periódicos y retrata abiertamente lo complicado de compaginar pasado, presente y futuro.

Únicamente una casa de esta plaza (la del número 17) mantiene la espléndida fisonomía de los palacios barceloneses del siglo XIV, aparte de alguna ventana y pórtico que no han sido transformados a través del tiempo; pero sus bocacalles con arcos sí conservan todavía el sabor medieval.

Mucha vida
En los años ochenta, proliferaron los bares musicales y locales nocturnos y hoy en día el Ayuntamiento está contribuyendo a promover y facilitar la apertura de comercios que tranquilicen las protestas vecinales. Sin embargo, es habitual encontrar tiendas abiertas hasta bien entrada la noche, sobre todo los sábados.

Nos detendremos, antes de continuar, pues vale la pena relajarse en la terraza del bar Rosal, delante del viejo mercado, o acercarse al Café del Born, siempre frecuentado por gente variopinta. Tanto de día como de noche es sumamente agradable tomar algo en la misma plaza, no solo por la comida sencilla, sino por saborear el ambiente en un marco realmente único.

Otra de las calles que cruzan el Born, con un especial encanto por los soportales góticos y terrazas colgantes de sus casas medievales, es la calle Rec. Hoy las antiguas tiendas góticas de fruta y verdura se han rehabilitado y convertido en tiendas de moda. En un principio fueron jóvenes promesas de la moda y el diseño; últimamente, son firmas conocidas y marcas consolidadas (Custo Barcelona, Tous, Toni Miró...). Es recomendable curiosear no solo los artículos y prendas que se venden en ellas, sino también la moderna decoración de estos locales que guardan en su interior la huella y la memoria de otros tiempos. Este concepto moderno de rehabilitación aprovecha al máximo las características originales, respetando muros, realzando vigas y ventanas, dándole así un encanto y un sabor diferentes.

Vanguardia original
Volviendo hacia Santa María del Mar, nos acercamos a la que fue arteria señorial de la ciudad en el siglo XIV, la calle Montcada. Toda ella es una sucesión de palacios y casas señoriales que le dan una marcada personalidad. En ella están la mayoría de museos y fundaciones culturales (Museo Picasso, Museo Textil, Museo Barbier-Mueller, Fundación La Caixa, etc.). Siempre hay exposiciones interesantes además de las permanentes, por eso es una de las zonas más frecuentadas de la ciudad por los amantes del arte.

A pocos pasos del Picasso nos sorprende, de pronto, un pequeño y típico bar de encurtidos. Se llama El Xampanyet, como la bebida que sirven para acompañar las tapas de anchoas en salazón, almejas y cecina. Estevet y su mujer M.ª Rosa regentan este alegre y ruidoso establecimiento de principios de siglo. Nos comentan divertidos que hay momentos del día que «aquello» parece las Naciones Unidas por la mezcla de gente de diferentes razas. Entablar conversación con ellos y hablar del barrio es todo uno: la velocidad del cambio que están viviendo, los locos precios de los pisos, los nuevos vecinos, el «donde iremos a parar», el día a día de un barrio de cuya personalidad nos hablan mientras saboreamos las tapas de su cocina familiar.

Después de la pequeña tertulia, retomamos la calle con el pulso otra vez en las venas. Sin lugar a duda, lo más recomendable es aventurarse más allá de las calles principales, no solo para disfrutar de la emoción de descubrir la tienda más nueva, sino también para explorar un barrio que resulta fascinante por la mezcla de un intenso pasado, la vanguardia del presente y un futuro que se adivina imponiéndose con fuerza.


Texto y fotos: May Serratosa.

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