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Historia e historias de la puerta del sol, el Madrid más castizo


La Puerta del Sol es una especie de microcosmos, un pequeño océano donde desembocan caudalosos ríos de pavimento
En este corazón de Madrid se han registrado los acontecimientos históricos más notables
La Puerta del Sol ha estado sometida a numerosas reformas a lo largo de su historia, no siempre con acierto. La última se llevó a cabo en 1989, y fue una de las más polémicas
En la entrada a la calle del Carmen se encuentra el monumento que representa el oso y el madroño del escudo de la Villa

El encanto de los alrededores
1. Calle del Carmen

2. Plaza del Carmen

3. Calle de Preciados

4. Plaza de las Descalzas

5. Calle del Arenal

6. Calle Mayor

7. Plaza de la Villa

8. Calle del Sacramento

9. Plaza de las Provincias

10. Calle de Carretas

11. Plaza Mayor

POR QUÉ NOS GUSTA...
Porque muchas veces los madrileños pasan por Sol sin fijarse en los alrededores, y muchos de ellos desconocen la historia de esta simbólica plaza. Y, para los que vienen de fuera, para que sepan algo más del "reloj de las uvas"

Historia e historias de la puerta del sol, el Madrid más castizo

La puerta del sol se engalana en estas fechas para acoger a madrileños y visitantes, anfitriona del año nuevo, testigo de los avatares de la villa y corte... ¡si las piedras hablaran! imaginemos que el insigne escritor valle-inclán, asiduo paseante de este foro y buen conocedor de su historia, nos acompaña a descubrir sus secretos...

Con Valle-Inclán comenzamos el recorrido por el Madrid de los Austrias en la Puerta del Sol, la encrucijada más cosmopolita, histórica y nerviosa de la Villa y Corte. Antes de meternos en el camino, invito a mi acompañante a preparar nuestro estómago tomando unos aperitivos en Casa Labra, que está en el número 12 de la vecina y pequeña calle de Tetuán, tradicional taberna con un acontecimiento histórico en sus anales: aquí fundó Pablo Iglesias el Partido Socialista Obrero Español, el 2 de mayo de 1879. Mientras degustamos unas croquetas y los célebres soldaditos de Pavía (trocitos de bacalao rebozado y frito), don Ramón María evoca aquellos cafés románticos de la Puerta del Sol, a desaparecidos: el de la Montaña, de triste recuerdo para él, situado en los bajos del todavía existente Hotel París, y al que los madrileños llamaban «café la pulmonía», por las muchas puertas que estaban siempre abiertas; el Levante, decorado con pinturas de Alenza, con dos prestigiosas tertulias, la de los Hombres de buena fe y la de los Periodistas; el Lorenzini, café de los revolucionarios, donde Evaristo San Miguel se subió a una mesa para cantar el Himno de Riego; el Oriental, con capacidad para 1500 personas; el de Correos, en el que tenían lugar juegos clandestinos; el de Puerto Rico, lugar de encuentro de busconas a la caza de clientes, y el Universal, donde se reunían por separado progresistas y republicanos.

La Puerta del Sol es una especie de microcosmos donde Ramón Gómez de la Serna pasó muchas jornadas de muchos meses, de muchos años, captando el ambiente, los personajes y la vida para hilvanar sabrosos relatos costumbristas. Es como un pequeño océano donde desembocan caudalosos ríos de pavimento: las calles Mayor, Arenal, Preciados, Carmen, Montera, Alcalá, Carretas y carrera de San Jerónimo.

Fue esta plaza en sus orígenes un olivar próximo al alcázar árabe. Recibió el nombre de la puerta que en este punto hubo, llamada del Sol porque estaba orientada hacia el punto cardinal por donde sale el astro rey, dicen unos. Otros aseguran que se llamó así porque, en tiempos del levantamiento de las Comunidades, y para evitar la entrada de bandoleros y comuneros, se hizo un foso en todo su contorno y se levantó un castillo en cuyo frontispicio se colocó un sol.

Quizá sea este corazón de Madrid el lugar donde se han registrado los acontecimientos históricos más notables: en 1705 entró como triunfador el pretendiente austriaco al trono, el archiduque Carlos; ese mismo año también, entró por la Puerta del Sol el otro pretendiente al trono, el Borbón. Fue este punto escenario de la revuelta popular contra Esquilache, ministro de Carlos III, con sangrientos enfrentamientos el Jueves Santo de 1763.

En la Puerta del Sol tuvo lugar el levantamiento del pueblo madrileño contra los franceses, con la carga de los mamelucos. Muchos héroes perdieron la vida en la batalla cuerpo a cuerpo, y otros fueron fusilados en el interior de una iglesia que fue derribada en el siglo XIX, la del Buen Suceso. Una placa adosada a la fachada del edificio de la Casa de Correos recuerda esta gesta, y a sus pies se deposita, cada 2 de mayo, una corona de laurel y se rinde homenaje a estos héroes.

En este corazón del Madrid de los Austrias se aclamó la Constitución de 1812 y se la quemó dos años después. Fue engalanado en 1829 para recibir a la reina doña Cristina; un año más tarde se inauguró la iluminación por gas; en 1871 se recibió aquí al nuevo monarca, Amadeo de Saboya, quien en este mismo punto, junto a su esposa, sería objeto de un atentado un año después, cuando volvían de un concierto en el Retiro. Desde el balcón de la Casa de Correos, se proclamó la II República en 1931, y desde entonces y hasta ahora, se organizan concentraciones cívicas de reivindicación, celebración o protesta. También es un punto de referencia para el avance de la modernidad: en la Puerta del Sol se colocó el primer foco eléctrico, circuló el primer tranvía que funcionaba con electricidad y se inauguró la primera línea de metro. En esta plaza hicieron parada cortejos fúnebres como los del tenor Julián Gayarre, el cardenal Moreno, el poeta Gaspar Núñez de Arce o el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Y en la Puerta del Sol, frente a la librería San Martín, que ya no existe, fue asesinado el presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas.

La Puerta del Sol ha estado sometida a numerosas reformas a lo largo de su historia, no siempre con acierto. La última se llevó a cabo en 1989, y fue una de las más polémicas, ya que se sustituyeron las pequeñas islas verdes por cemento y adoquín, se cambiaron las fuentes y se colocaron farolas modernistas, popularmente llamadas «supositorios», que fueron sustituidas por otras de estilo fernandino, debido a la presión popular. Quizá lo más acertado de aquella reforma fue colocar, en el lado más oriental de la plaza, una réplica de la Mariblanca, estatua que formó parte de una popular fuente de Madrid, y cuyo original se encuentra en la sede del Ayuntamiento, en la plaza de la Villa.

Don Ramón María me pregunta qué utilidad se le está dando a ese edificio que primero fue Real Casa de Correos y después Ministerio de la Gobernación, y le respondo que es sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, y que fue inaugurada por los reyes don Juan Carlos y doña Sofía el 19 de febrero de 1998, después de una gran reforma en su interior. La construcción de este edificio le fue encargada al arquitecto Ventura Rodríguez, aunque finalmente el proyecto se le adjudicó al francés Jaime Marquet. Aquello no gustó mucho a los madrileños, que atribuyeron a una venganza divina contra el francés el hecho de que las obras fueran interrumpidas en varias ocasiones, como consecuencia de apariciones fantasmales y hechos sobrenaturales. Los obreros se negaron a trabajar y no reanudaron sus labores hasta que se contrató a un cura para que, de forma regular, bendijera las obras y ahuyentara a los malos espíritus. También se cuenta que en la torre del reloj se escondió un capitán francés que huía de los heroicos madrileños. Desmontado el reloj, solo se halló la chaqueta del militar y un ratón, que no era otro que el soldado, convertido por el demonio en un roedor para protegerle de las iras de sus perseguidores. Sin embargo, esta leyenda no cuadra en el tiempo con la historia, ya que el reloj actual, que despide el año viejo cada 31 de diciembre y recibe el nuevo, se instaló en 1866, donado por el prestigioso relojero José Rodríguez Losada.

Sobre la acera, frente a la entrada principal de este edificio entre rococó y neoclásico, hay una placa que indica que este punto es el «kilómetro O» de la red viaria nacional.

La Puerta del Sol es en estos momentos, como comprueba Valle-Inclán, uno de los espacios más abigarrados de la Villa: elementos de mobiliario urbano, quioscos de prensa, puestos de lotería, marquesinas, paradas de autobuses, farolas, semáforos y monumentos, el último de ellos instalado en 1995. Se trata de la estatua ecuestre de Carlos III, frente a la calle de Carretas y de espaldas a la del Carmen. Es una reproducción, a mayor tamaño, de la que se conserva en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes, realizada en 1780 por Juan de Mena. La reproducción tiene cuatro metros de altura y está colocada sobre un pedestal de granito y piedra caliza de cinco metros. En las paredes del pedestal hay inscrita una leyenda con la historia del rey-alcalde. El monumento se colocó en esta plaza por decisión de los madrileños.

En la entrada a la calle del Carmen se encuentra el monumento que representa el oso y el madroño del escudo de la Villa. Se trata de una escultura en bronce de Navarro Santafé, colocada en 1967.

De esta Puerta del Sol fueron desapareciendo edificios como el Hospital de Corte y la iglesia del Buen Suceso, la Casa Real de la Caridad y San José, popularmente conocida como «la inclusa»; el convento y la iglesia de San Felipe el Real, esquina a la calle Mayor, donde estaba el mentidero más famoso de Madrid; la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria y la Casa del Cordero, el primer edificio de viviendas modernas, donde hubo unos famosos baños públicos. El antiguo convento de San Felipe contaba, además de con el famoso mentidero, con unas covachuelas en las que se vendían cilicios, yesca y piedras de escopeta, juguetes y fruslerías... También en la Puerta del Sol hubo establecimientos tradicionales, como la librería San Martín, el despacho de lotería de La Pajarita, el de Doña Manolita, que estaba situado en la parte más occidental de la plaza, y otras tiendas que ahora han sido ocupadas por modernos establecimientos, muchos de ellos de comida rápida.

El Madrid de los Austrias (Paseo con Valle-Inclán por el viejo corazón de Madrid)
No tiene buen aspecto esta mañana de soleado invierno don Ramón María del Valle-Inclán. Mesa sus luengas barbas, que amarillean por el paso de los años como una fotografía vieja, y mira por encima de sus lentes quevedianos hacia el horizonte cercano donde estuvo el Café de la Montaña, en el punto de encuentro de la Puerta del Sol con la calle de Alcalá. En ese café, una sofocante tarde del mes de julio de 1899, Valle-Inclán mantenía una de sus tertulias cuando ocurrió el incidente con el periodista Manuel Bueno. Discutieron ambos por el asunto de si era oportuno o no que un joven dibujante portugués, Leal da Cámara, siendo menor de edad, retara a duelo a un tal López del Castillo. La discusión subió de tono. Valle cogió una botella de agua con el ánimo de intimidar a Bueno, que respondió dándole un bastonazo al escritor, con tan mala fortuna que el gemelo de la camisa se le clavó en la muñeca. Días después la herida se le gangrenó y tuvieron que amputarle el brazo izquierdo.
Me recuerda que aquella operación fue muy dolorosa, porque se negó a que le administraran cloroformo: «No proferí un grito, ni el más leve quejido... Recuerdo que, para ver yo bien la amputación, hubo necesidad de pelarme el lado izquierdo de la barba. Sólo he echado de menos el brazo perdido cuando murió mi pobre hija. Se moría, y yo no podía abrazarla como hubiera deseado».


Texto y fotos: Ángel del Río, cronista oficial de la Villa de Madrid. Pasaje de la Ruta II (El Madrid de los Austrias), incluido en la guía Madrid para los mayores (Bayard, 2003).

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