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Myanmar, el país de las pagodas

Birmania, situada entre Bangladesh, India, China, Laos y Tailandia, es una exótica nación que ofrece intactas sus costumbres, sus paisajes exuberantes y sus misterios
Siguiendo el curso navegable del Ayeyarwadi, encontramos miles de templos budistas en sus orillas
En la capital, Yangon, se aprecia la presencia del budismo. No existen rascacielos, sino pagodas con las cúpulas puntiagudas
Bago, a 80 kilómetros de la capital, es la auténtica Birmania, la rural y la monumental
Mandalay es la capital religiosa del país. En el Monasterio del Palacio Dorado se preparan los jóvenes aspirantes a monjes budistas
Para disfrutar plenamente de la naturaleza, nada mejor que visitar el Lago Inle, con sus jardines flotantes, donde cultivan frutas y verduras

-10 000 elefantes, una tercera parte de los que existen en el mundo.

-2 000 tigres.

-50 especies de serpientes venenosas.

-4 especies de tortugas marinas.

-1 200 especies de aves autóctonas o migratorias.

-Algunos individuos de las especies de rinoceronte de un solo cuerno y rinoceronte asiático.

-Pandas rojos.

Las selvas y bosques de Birmania, que ocupan casi la mitad del territorio, constituyen el hábitat de leopardos, gatos salvajes, osos asiáticos y malayos, jabalíes, búfalos, ciervos y macacos, entre otras especies.

Playas de Birmania

Myanmar tiene la mayor longitud de costas de todos los países del sudeste asiático, aunque la principal zona de playas se concentra en el delta del río Ayeyarwadi, en las proximidades de Yangon. Las mejores están en Ngapali, Chaungtha, Kanthaya y Letkhokkon, aunque conviene saber que durante la estación lluviosa, de junio a noviembre, las carreteras se inundan y es imposible acceder a las playas.

Artesanía tradicional

Birmania tiene una gran diversidad étnica, y, por tanto, la artesanía es muy variada. Mandalay, la capital cultural y económica del norte, ha sido durante siglos el principal centro para adquirir los productos típicos del país. Aquí podemos comprar objetos realizados a mano en plata, madera, jade, piedra y los populares «kalagas», que son tapices bordados. Y en Bagan, magníficas antigüedades y lacas. Los multicolores «longyis» de algodón se encuentran en cualquier mercado del país, aunque varios estados producen modelos únicos para su región, como Kachin y Rakhine.

Pasaporte

- Diferencia horaria: 6 horas más que la GMT.

- Clima: estación húmeda, debido al monzón, entre mayo y octubre. El resto del año, el tiempo es seco y las temperaturas no son altas, empiezan a subir en febrero. En verano, en Yangon, la temperatura alcanza a menudo los 40 ºC.

- Idioma: el myanma, de origen sino-tibetano, aunque existen también un centenar de dialectos. El inglés es la lengua comercial y turística.

- Moneda: el kyat, dividido en 100 pyas. Y la moneda turística oficial, FEC, que se emplea para pagar todos los servicios contratados con la Agencia Oficial de Turismo. Para los gastos menores se usa el kyat y el dólar.

- Habitantes: 46 millones.

- Religión: el 89,5 % de la población es budista, el 4,5 % cristiana, el 4 % islámica.

- Forma de gobierno: dictadura militar.

- Esperanza de vida: 55 años.

- Alfabetización: 83 %.


Información turística.

La oficina de turismo más cercana está en París, en la rue de Courcelles, 60. Tel.: 01 42 25 5695.
Esta página web también contiene bastante información: www.itu.int/MISSIONS/Myanmar

Guía práctica
- Cómo llegar. Las aerolíneas Thai vuelan regularmente a Birmania, vía Bangkok. A pesar de que Myanmar se abre cada vez más al turismo, un occidental no puede viajar por todo el país sin un permiso especial. No es fácil hacer turismo de manera individual.
- Para entrar. Pasaporte válido mínimo por 6 meses y un visado que se puede obtener al llegar a Yangon o gestionándolo a través de la agencia de viajes por menos de 60 €. A la entrada al país se exige cambiar un mínimo de 300 dólares USA por los FEC, moneda turística oficial.
- Vacunas. No son obligatorias. Es conveniente consultar al Departamento de Sanidad Exterior.
- Gastronomía. Es una mezcla de la cocina india y la china. Se basa en arroz blanco, acompañado de pollo, cordero o de pescado y gambas. También utilizan el curry, no demasiado picante. Uno de los platos típicos es la sopa de pescado con tallarines de arroz fermentado, llamado «mohinga». Los mejores restaurantes son chinos.
- Bebidas. El té autóctono con leche y mucha azúcar es la bebida habitual. En Yangon se toma el mejor té de todo el país.
- Compras. Objetos lacados, cuencos de pelo de caballo, «kalagas» o tapices (típicos de Mandalay), cojines con pequeños espejos, lentejuelas e hilos de plata son especialmente atractivos para los viajeros.
- Hoteles.
- Kandawgyi Palace Hotel (Kanyeiktha Lan. Tel.: 01 249255). Situado a orillas del lago, con magníficas vistas y servicio.
- The Pansea Yangon (35, Taw Win Lan.Tel.: 01 221462). Es una elegante mansión colonial restaurada.
- The Strand (92, Strand Road. Tel.: 01 95 1 243377). Refinado hotel colonial.
Mandalay
- Mandalay Swan Hotel (25th St. Tel.: 02 31625). Céntrico y con excelentes vistas.
- Nyaung Shwe Hu Pin Hotel (Nyaung Shwe, 23. Tel.: 08 121374). Encantador hotel con maravillosas vistas sobre el Lago Inle.
- Restaurantes.
- Yangon Singapore’s Kitchen (524, Strand Rd. Tel.: 01 226297).
- Mandalay Sakhanthar (24, 72 Street. Tel.: 02 21066).

POR QUÉ NOS GUSTA...
Por su exotismo, su colorido, sus sabores, sus olores... No es un tópico decir que, si no es el Paraíso, al menos lo parece.

Myanmar, el país de las pagodas

Birmania, o myanmar, que es el nombre recuperado por el país hace pocos años, sigue siendo uno de los lugares más bellos y desconocidos del sudeste asiático: la tierra verde de las pagodas de oro. el país del que se enamoró el escritor rudyard kipling. testigos de su época, edificios tan emblemáticos como el lujoso hotel strand, consiguen esa peculiar mezcla de exotismo propio y decadencia colonial.

Al llegar a Birmania, descubrimos un país con dos nombres y dos caras. Por un lado, sorprende la religiosidad y la dignidad de la población, resignada a sobrevivir, desde hace siglos, bajo regímenes opresivos. Aunque la apariencia es de calma, existe una extraña tensión en el ambiente.

Por otro lado, este país también presenta una cara urbana y moderna, aunque con llamativos contrastes entre las construcciones actuales y las fastuosas muestras del grandioso pasado dinástico del siglo XI.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, Birmania fue el principal productor mundial de arroz, pero la dictadura militar y un cúmulo de circunstancias han acabado con esta hegemonía. A pesar de cierta recuperación económica, el salario mínimo y medio se encuentran todavía entre los más bajos del mundo, los birmanos hacen gala de una serenidad muy propia de los habitantes del sudeste asiático y no escatiman sonrisas. Están orgullosos de ser birmanos y lo expresan con esa espiritualidad, casi mística, que acompaña su charla pausada.

Birmania, Myanmar, es una maravilla de la naturaleza, y sus habitantes poseen la virtud de ser capaces de sobrevivir en cualquier circunstancia. Es una exótica nación que se ha abierto al turismo y nos ofrece intactas sus costumbres, sus paisajes exuberantes y sus misterios.

Panorámica
Antes de llegar, desde el avión, divisamos su relieve montañoso mezclado con grandes extensiones verdes. Birmania está situada entre Bangladesh, India, China, Laos y Tailandia, rodeada de montañas, excepto el sur, con impresionantes valles convertidos en campos de arroz, en torno a los ríos Ayeyarwadi (que antes se llamaba Irrawady), Chindwin y Sittoung. Un enclave comercial en el camino hacia el Gran Sur.

Siguiendo el curso navegable del Ayeyarwadi, que es el «Nilo del país», encontramos miles de templos budistas en sus orillas. La imagen es fantástica. De los inmensos e interminables arrozales surgen las stupas (túmulos budistas), dando buena muestra de que Birmania es uno de los mayores centros budistas de toda Asia. La obligación de descalzarse para visitar las pagodas es uno de los rituales preceptivos. El viajero se siente invitado, nunca extraño. Se nota que la hospitalidad es una característica de esta tierra ancestral, que ya estaba habitada en el año 2500 antes de Cristo, que fue colonia británica y que honra a su particular libertador Bogyoke Aung San.

Yangon, la capital
Para conocer el país con todo su esplendor, hay que visitar Yangon (antigua Rangún), la capital, con casi 4 millones de habitantes. La primera sensación es la presencia del budismo en la ciudad. Aquí no hay altos rascacielos como en Kuala Lumpur, sino las cúpulas puntiagudas de las pagodas. Y entre todas, destaca la de Shwedagon, situada sobre una colina, presidiendo la ciudad. Por algo es el templo «más sagrado» del país... Su visita es obligada para cualquier extranjero, que siempre queda impresionado. Esta pagoda está cubierta por 8 000 láminas de oro, 5 000 diamantes y 2 000 piedras preciosas. Toda una muestra de ostentación y lujo que habla por sí sola de la riqueza de las dinastías reales del país. Alrededor de Shwedagon, hay otras 82 pagodas más. Estamos en un reducto sagrado, con templos milenarios. Ofrendas, olores y colores se mezclan de un modo fascinante y nos transportan a otros tiempos...

Pero Yangon nos ofrece más atractivos, además de las pagodas. Aunque sus calles también sufren atascos, no pierden el sabor asiático con las bicicletas rodando de un lado para otro. Nada mejor que los jardines del lago Kandawgyi para tomarse un respiro, antes de sumergirnos en el bullicio de la ciudad, en el mercado Bogyoke, por ejemplo.

Bagan, ciudad fantástica
Dejamos Yangon para seguir conociendo el país. Nuestra próxima parada es Bago, a 80 kilómetros. Es la antigua capital del reino de Mon, siglo XV. La auténtica Birmania, la rural y la monumental, depositaria de dos de las joyas religiosas y artísticas más importantes del país: la pagoda Shwemawdaw, construida por los Mon en el siglo X, y el Buda reclinado de Shwethalyaung, una inmensa imagen, motivo de peregrinación desde todos los puntos del país.

De camino al norte del país, el río Ayeyarwadi nos va mostrando la esencia de Birmania, en medio de arrozales y pagodas dispersas por la selva. Bagan es una ciudad fantástica, antiguo centro de poder que fue arrasado por las hordas tártaras de Kublai Khan en el siglo XIII. Aquí no vive nadie, pero sigue conservando tesoros antiquísimos, como el Gran Templo de Ananda, que posee cuatro figuras de Buda y las huellas sagradas de sus pies. Los templos, los monjes, los vendedores y algunos turistas que pasean en bicicleta parecen formar parte de una escenografía perfecta, envuelta en la paz del entorno, a modo de una música de fondo en la representación de cada día...

En lugares inhabitados, como Bagan, Birmania nos ofrece imágenes inéditas. Sus puestas de sol son únicas. Los tonos rojizos del ocaso se reflejan en las pagodas doradas fundiéndose o escondiéndose, para perderse en las aguas del río. Los serenos paisajes birmanos cambian de tonalidad de una manera mágica, seductora...

Mandalay, centro budista
Siguiendo los pasos de Kipling, llegamos a Mandalay, otra visita imprescindible. Aún perdura la huella de la época colonial y se respira cierto aroma nostálgico. Antes de que llegaran los británicos, fue la última capital del reino.

Como muestra de su importancia como antigua ciudad real, Mandalay conserva su Palacio Real, pero lo más llamativo es el Monasterio del Palacio Dorado, donde se preparan los jóvenes aspirantes a monjes budistas. Y es que Mandalay es la capital religiosa del país. Las emociones se mezclan como ráfagas de viento del este y del oeste: Kipling… los jóvenes monjes budistas…

Estamos en el centro del país, en lo que llaman la «Suiza birmana» y donde hay cientos de cuevas que guardan miles de budas. La vegetación es exuberante, majestuosa, colorista. Enamora a primera vista. En esta zona, no podemos dejar de visitar lugares como Mingun, Sagaing y el monasterio de Amarapura.

Cerca del paraíso
Para disfrutar plenamente de la naturaleza de Birmania, nos acercamos al Lago Inle, cerca de Nyaung Shwe, con sus jardines flotantes, donde cultivan frutas y verduras. Una vez allí, el espectáculo es tan impresionante que el viajero no podrá borrar fácilmente de su mente la imagen de los «hombres del lago», unos 70 000, que viven en palafitos costeros, casas «plantadas» sobre el lago rodeado de orquídeas.

Birmania no sería Birmania sin su fascinante naturaleza ni sus pagodas. Pero los auténticos protagonistas son sus habitantes. Ellos sí que invitan a quedarse allí, con su innata hospitalidad y su sonrisa, enfundados en sus «longyis» o túnicas, comiendo el típico pescado… con otra dimensión del tiempo. Guardianes de sus costumbres y tradiciones, depositarios de una profunda espiritualidad, como si adivinaran que Birmania es la antesala del paraíso.

Texto y fotos Pedro Madera

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