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Por la castilla del cid

Zamora, símbolo de la nueva Castilla, nos habla de su estrecha relación con El Cid Campeador. Dicen que aquí fue armado caballero y que aquí tenía y sigue teniendo su casa
La ciudad, de tradiciones arraigadas y costumbres austeras, conserva su zona medieval, preservada de todas las amenazas
Los Arribes del Duero, forman un paisaje insospechado de cañones fluviales en la penillanura.
Un recorrido por Toro, ciudad declarada Conjunto Monumental Histórico Artístico, Tordesillas, Valladolid, Aranda del Duero y Burgos completan nuestra ruta por esa Castilla la Vieja que atraviesa el río Duero.

Los vinos del Duero

 

La oferta de vinos de Castilla es amplísima y rica en matices, aunque las dos orillas del Duero
son las principales protagonistas. Al abrigo de su lecho benefactor, que suaviza las condiciones extremas de los páramos castellanos, crecen las vides. Las viñas acompañan el caudal del Duero de Aranda a Tudela, en los pagos de Toro, en Los Arribes y después en Portugal, en Oporto.
El Duero, pues, es el río vinícola por excelencia, que da origen a dos comarcas vitivinícolas con denominación de origen: Ribera del Duero y Toro.

La denominación de origen Ribera del Duero es joven, pero está entre las más importantes de España. Sus viñedos se reparten a ambas orillas del río, ocupando unas 15 000 hectáreas y teniendo en Roa y en Aranda sus principales focos. La suave orografía, dotada de mucha caliza, y las lluvias moderadas repercuten en la uva tinta del país.

El tinto de Toro, por su parte, es reconocido por su gran personalidad y su alta graduación. La superficie de viñedo apenas ocupa un cuarto de la extensión cultivada de los «riberas», con un clima más extremo y seco.


Guía práctica
- Hoteles
Zamora
- Parador Nacional. (Tel. 980 51 44 97).
Tordesillas
- El Montico. (Tel. 983 79 50 00).
Burgos
- María Luisa. (Tel. 947 22 80 00).
Burgo de Osma
- Virrey. (Tel. 975 34 13 11).
Soria
- Valonsadero. (Tel. 975 18 00 06).
- Restaurantes
Zamora
- Serafín. (Tel. 980 53 14 22).
Toro
- Casa Lorenzo. (Tel. 980 69 11 53).
Aranda de Duero
- El Ciprés. (Tel. 947 50 74 14).
Burgos
- Hostal Landa. (Tel. 947 20 63 43).
Burgo de Osma
- Virrey Palafox. (Tel. 975 34 02 22).
- Compras. Cerámica y loza de horno, en Aperos y Labranza. Zamora. Botería, en Hnos. Domingo. Burgos. Arcones, en Mozas. Burgo de Osma.

Información turística

 

Oficina de Turismo (Tel. 947 20 31 25).

 

- Burgo de Osma: Catedral (Tel. 975 36 04 36).

- Zamora: Gran patrimonio románico. Oficina de Turismo (Tel. 980 53 18 45).

- Toro: Colegiata (Tel. 980 69 18 62).

- Soria: Paseos por el Duero, San Saturio y el claustro de San Juan (Tel. 975 21 20 52).

 

Direcciones web

 

www.aytoburgos.es


www.soria-goig.com/Pueblos

POR QUÉ NOS GUSTA...
Por su fabulosa gastronomía y su mezcla de paisaje, naturaleza y arquitectura.

Por la castilla del cid

«zamora no se ganó en una hora», asegura el dicho popular cuyo origen se remonta al largo y penoso cerco al que la sometió sancho ii de castilla. y harían falta muchas horas para conocerla bien. esta noble villa, «cuajada» de arte románico, que se levanta en la margen derecha del río duero, espera a los visitantes para mostrarles todo su encanto

La ciudad es un símbolo de la «nueva» Castilla, aunque su época de mayor esplendor fue la Edad Media. No es difícil comprobarlo, basta un paseo por sus calles para contemplar más de una veintena de iglesias, de piedra dorada y rojiza, en su mayoría románicas, que pregonan el auge que hace siglos tuvo la ciudad y que hoy conserva orgullosa.

En primer lugar, Zamora nos habla de su historia medieval, de su estrecha relación con El Cid Campeador. Dicen que aquí, en la ermita de Santiago el Viejo, fue armado caballero, calzándole las espuelas Doña Urraca. Y que aquí tenía y sigue teniendo su casa. Su influjo es tan fuerte que, al recorrer la ciudad, no es difícil imaginarse al Cid cabalgando hacia el castillo.

En Zamora, como en otros muchos lugares de Castilla, Rodrigo Díaz de Vivar aún despierta pasiones. En esta ciudad murió asesinado su señor, el rey Sancho II, a manos de Bellido Dolfos. Y, en consecuencia, Alfonso VI, fue obligado a prestar juramento delante de El Cid, en Santa Gadea de Burgos, para afirmar que no había tomado parte en el asesinato de su hermano, Sancho II. Las represalias posteriores llevaron al Campeador al destierro.

Testigo de leyendas y de historia son las aguas milenarias del río Duero, «que por aquí no baja solo», como dijo el poeta. Zamora entera acompaña al Duero en su viaje a Portugal. Zamora y el Duero, ciudad y río, compañeros de fatigas. Un entorno perfecto para disfrutar del otoño, paso a paso. Ideal para comenzar a conocer las tierras castellanas de arados y campos llanos.

La ciudad, de tradiciones arraigadas y costumbres austeras, conserva su zona medieval, preservada de todas las amenazas que ha soportado a lo largo de los siglos. Pero hay que atravesar el mítico Puente de Piedra, que cruza el Duero desde el siglo XII, para comenzar a conocer esta encantadora ciudad... Desde la colina amurallada, se presiente la grandeza de la catedral, al ver su impresionante cimborrio. El arte nos acompaña durante el recorrido hasta la catedral que, de pronto, se convierte en santo y seña de la ciudad. Edificada en el siglo XII, su austeridad impresiona. Es de estilo románico, aunque tiene influencia bizantina. Los romanceros cuentan que por aquí pasaron santos y héroes en la Edad Media.

Zamora se va descubriendo en callejuelas y pequeñas plazas repletas de recuerdos históricos. Las iglesias románicas, como San Claudio de Olivares, Santiago de los Caballeros, Santo Tomé, Santa María la Nueva, San Cipriano y San Isidoro, las más antiguas, se suceden ante nuestros ojos. En la Plaza Mayor, podemos admirar el templo de San Juan y su fabuloso rosetón. Dejándonos llevar por sus calles, llegamos al castillo. El foso, la puerta de acceso, la Torre del Homenaje… desatan la imaginación de niños y adultos.

Antes de abandonar la ciudad, es casi obligatorio acercarnos hasta su célebre museo de Semana Santa para comprobar que la fama de los magníficos pasos está justificada.

Los Arribes del Duero
Dejamos Zamora, con su impresionante legado románico y la legendaria historia del Cid, siempre viva en la memoria, y continuamos nuestra ruta por esa Castilla la Vieja que atraviesa el río Duero. Pero antes, hacemos un paréntesis para observar su curso: a caballo entre las tierras de Zamora y Salamanca y de la vecina Portugal, Los Arribes del Duero, forman un paisaje insospechado de cañones fluviales en la penillanura.

La historia y el arte vuelven a tener un lugar privilegiado en Toro, ciudad declarada Conjunto Monumental Histórico Artístico y ligada, de por vida, a los hechos históricos que tuvieron lugar aquí. Por Toro también pasó El Cid, y a la vera del Duero, por ejemplo, batallaron los ejércitos de Isabel la Católica y los de Juana la Beltraneja. La grandiosidad de su Colegiata nos transporta a los tiempos del rey Alfonso VII. La ciudad fue residencia de reyes y refugio de reinas, por lo que al pasear por sus calles no es raro encontrar palacios como el de los Marqueses de Alcañices, siglo XVI.

En Toro, la buena gastronomía es tradición: se come y se bebe bien. De la calidad de sus vinos ya escribieron el Arcipreste de Hita y Góngora. Las grandes superficies de viñedos producen un vino de excelente calidad, que está de moda en los mejores restaurantes. Además, no hay que dejar de probar los riquísimos amarguillos que elaboran las monjas del convento de Sancti Spiritus. Todo un lujo para los sentidos…

Tordesillas
En nuestra ruta por el Duero, llegamos a Tordesillas. Enclavada en un abrupto valle del Duero, la ciudad está rodeada de hermosos pinares con maravillosas vistas sobre el río. La historia tiene aquí una protagonista, Juana la Loca, y una cita con el famoso Tratado entre España y Portugal.

La ciudad es típicamente castellana, con motivos de arte mudéjar, con una hermosa plaza Mayor, casonas señoriales, iglesias, conventos y palacios.

Valladolid, la ciudad del Pisuerga, aunque a escasos kilómetros del Duero, es una ciudad con todo el sabor castellano, que bien se merece que hagamos una excepción en la ruta…

Aranda de Duero
Y sin dejar el Duero, llegamos a una ciudad que lleva el nombre del río: Aranda de Duero.
Las crónicas cuentan que Isabel la Católica ennobleció Aranda con la iglesia de Santa María la Real. Son impresionantes sus majestuosas agujas y su señorial portada.

En Aranda es obligado degustar el lechazo asado y las especiales morcillas de arroz, regados con los excelentes vinos de la Ribera de Duero.

Desde aquí, el mapa de Castilla nos abre dos posibilidades: Burgos y Soria. Una cómoda carretera nos conduce hasta Burgos. Estamos en la gran capital del reino de Castilla, en la cuna del Cid. Su catedral, de estilo gótico, construida en el siglo XIII, nos obliga a hacer una visita, para ver, entre otras maravillas, el sepulcro del caballero y el de su esposa, doña Jimena Gómez.

Un recorrido por Burgos nos lleva inevitablemente al paseo del Espolón, la Casa del Cordón y sus antiguas murallas. Por Burgos, ha pasado la Historia, se nota en cada recoveco. Fue capital del reino de Castilla, estación del Camino de Santiago e importante nudo comercial
.
No se puede salir de Burgos sin saborear algún sabroso plato típico. En cualquier mesón burgalés, las morcillas, el queso, el cordero asado, el picadillo de cerdo, las alubias rojas o la olla podrida serán de gran calidad.

... El Cid cabalga...
La otra opción nos lleva de nuevo al río Duero, tras los pasos de El Cid. Por El Burgo de Osma pasó el Campeador cuando iba camino de su destierro. Merece la pena descubrir la belleza de su catedral y sus murallas. Y detenerse en Almazán, plaza fortificada con edificios medievales, iglesias románicas y el palacio de los Hurtado de Mendoza.

Es un placer acercarse a Soria. El Duero sigue su curso por la vieja Numancia. Sus calles Aduana Vieja y Collado nos transportan al medievo. Así como la monumental iglesia de Santo Domingo, que por algo es uno de los mejores exponentes del románico español. El claustro de San Juan de Duero y la ermita de San Saturio, al lado del río, junto a la alameda de Cervantes, son atractivos de la ciudad que no nos podemos perder y que nos ponen, además, en contacto con la naturaleza.

Historia, arquitectura, arte, naturaleza, gastronomía… Un espíritu recio a prueba de siglos.

Ángel Nieto
«En Zamora, la tierra que me vio nacer, es como si el viajero
se trasladara a tiempos pasados...

El casco antiguo de su capital es pequeño pero está surcado por gran cantidad de calles estrechas que nos hacen retroceder a la época medieval y donde podemos visitar bellísimas iglesias, sobre todo de estilo románico.

Pero si recorrer su capital es hermoso, lo es aún más dirigirse a cualquiera de sus bellísimas comarcas, abundantes en riqueza artística y monumental, y no menos impresionante es encaminar nuestros pasos hacia el Lago de Sanabria, situado en el centro de un enorme parque natural de gran importancia ecológica y núcleo turístico por la riqueza de sus ríos, su magnífica gastronomía y las múltiples actividades al aire libre que se pueden realizar:

senderismo, montañismo, pesca...

Ir a Zamora representa disfrutar de los magníficos paisajes de la ruta del Duero y la vega de Benavente; de lo abrupto de su montaña; de Toro, ciudad famosa por sus vinos, donde la historia y el tiempo han dejado su huella en el ambiente medieval que se respira en sus calles.
Si eres un apasionado de la belleza artística y arquitectónica, como de la naturaleza en todo su esplendor, ¡ven a disfrutar de Zamora!».


Texto y fotos Pedro Madera

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