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Remedios contra el envejecimiento

Remedios contra el envejecimiento

Los estantes de farmacias, parafarmacias, herboristerías... están repletos de productos que prometen combatir –y hasta revertir– los efectos del paso de los años. Dejando a un lado los que se incluyen en el apartado de «pura charlatanería», hemos hecho un repaso a los que han sido objeto de investigación médica. Esta es una lista que nos han facilitado expertos de la Clínica Mayo.

Antioxidantes

Algunas vitaminas, minerales y enzimas tienen propiedades antioxidantes. Los antioxidantes neutralizan la acción de los radicales libres, subproductos del metabolismo celular que se asocian a alteraciones relacionadas con el envejecimiento y procesos degenerativos, como el cáncer. Entre los suplementos antioxidantes a los que la gente atribuye propiedades «antienvejecimiento» están:

  • La vitamina A y el betacaroteno
    Varios estudios señalan que los suplementos de betacaroteno –provitamina que el organismo convierte en vitamina A– NO protegen frente a la enfermedad cardiovascular. En fumadores, los suplementos de betacaroteno pueden incluso aumentar el riesgo de cáncer de pulmón. Si quieres asegurarte buenas dosis de vitamina A o de betacaroteno, lo mejor es incluir en la dieta verduras y frutas de color rojo o amarillo (como la calabaza, los melocotones, el mango...) en vez de tomar suplementos. Además, un exceso de vitamina A puede aumentar el riesgo de osteoporosis.
  • La vitamina C (ácido ascórbico)
    Diversos estudios confirman que las personas que siguen dietas muy ricas en vitamina C (cítricos, tomate, kiwi...) tienen menor riesgo de cáncer, infartos e ictus. No obstante, no está del todo claro si los suplementos de vitamina C producen beneficios similares. Mientras las cosas se aclaran, el mejor consejo es tomar más frutas y zumos a diario y consultar al médico la conveniencia de tomar suplementos. Una cosa es sabida: los vegetales contienen otros nutrientes diferentes de las vitaminas que parecen potenciar el efecto de éstas, y ese «paquete» no está presente en los suplementos.
  • La vitamina E (tocoferol)
    Las investigaciones señalan que esta vitamina podría proteger frente al cáncer, la infertilidad y las cataratas y frenar el avance de la enfermedad de Alzheimer. Son ricos en vitamina E los frutos secos, las verduras de hoja verde...
  • La coenzima Q-10
    Este antioxidante, que nuestro organismo produce de forma natural, está también presente en la carne y el marisco. Estudios preliminares señalan que podría frenar el proceso del envejecimiento y detener el avance del cáncer, pero son necesarias más pruebas. Hoy los suplementos de coenzima Q-10 se estudian también como tratamiento para la insuficiencia cardiaca congestiva.
  • Las vitaminas del complejo B
    Algunas de ellas, como la vitamina B6 (piridoxina), la B12 (cobalamina) y el ácido fólico (vitamina B9) actúan sinérgicamente para reducir los niveles de homocisteína, aminoácido cuyo exceso aumenta el riesgo cardiovascular. Aún se intenta averiguar si, al reducir los niveles de homocisteína, se reduce el riesgo de accidentes cardiovasculares.

Hormonas

Regulan las actividades de órganos vitales. Los defensores de suplementos de hormonas aseguran que podemos «retrasar» el reloj del organismo si restauramos los niveles hormonales que teníamos en la juventud. Algunos suplementos, como la DHEA o la melatonina, no están permitidos en España (los están en otros países, y muchos españoles, convencidos de sus propiedades, los adquieren en sus viajes). Entre los suplementos hormonales a los que se atribuyen efectos «rejuvenecedores» están:

  • La DHEA
    Los niveles de DHEA –dehidroepiandrosterona, que el organismo convierte en las hormonas sexuales estrógeno y testosterona– disminuyen con los años. Algunos terapeutas afirman que los suplementos de DHEA aumentan las masas ósea y muscular, mejoran el rendimiento mental, potencian las defensas y protegen frente a enfermedades crónicas. Sin embargo, no existen pruebas científicas que demuestren estos beneficios. Aunque ratones de laboratorio tratados con DHEA actúan como si fueran más jóvenes, eso no quiere decir que lo mismo vaya a ocurrir con seres humanos. Aún más preocupante, la DHEA podría tener efectos secundarios serios. Incluso en tratamientos breves, podría agravar problemas hepáticos existentes, propiciar la aparición de cánceres, estimular el crecimiento de vello facial y aumentar el riesgo de hipertensión.
  • La testosterona
    Los niveles decrecientes de esta hormona sexual masculina suelen relacionarse con problemas típicos de la edad, como disminución de energía y de deseo sexual. Los entusiastas del antienvejecimiento aseguran que los suplementos de testosterona aumentan la energía, la sensación de bienestar, el deseo sexual y hasta mejoran la piel. Estas propiedades siguen sin demostrarse. En cambio, altas dosis de testosteron pueden producir problemas de próstata, tasas altas de colesterol y problemas de fertilidad.
  • La melatonina
    Esta hormona de efectos antioxidantes ayuda a regular el sueño y se utiliza como remedio para el insomnio y el jet-lag (desfase horario tras vuelos entre lugares con distintos husos horarios). Las afirmaciones de que puede frenar o revertir el proceso de envejecimiento y mejorar el rendimiento sexual no se han probado. Los suplementos contienen varias veces la cantidad de melatonina que produce el organismo humano. Si se toma de modo indebido, puede incluso alterar el ciclo del sueño.
  • La hormona de crecimiento humano (HCH)
    Es la que provoca los «estirones» en los niños, pero se extingue tras la adolescencia. Los que defienden su empleo aseguran que las inyecciones de HCH ayudan a quemar más grasa, reconstruyen músculo y aumentan la energía. Algunos estudios confirman sus beneficios, pero son estudios reducidos que hay que corroborar. Los posibles efectos secundarios son retención de líquidos, dolores articulares e hipertensión.
  • La terapia hormonal sustitutoria
    En algunas mujeres, la THS puede frenar la osteoporosis, restaurar la lubricación vaginal y mantener el tono de piel, pero nuevas investigaciones desaconsejan su empleo (la última palabra la tiene el médico, que sopesa riesgos y beneficios), porque aumenta el riesgo de enfermedad coronaria, los ataques de corazón y el cáncer de mama.

El selenio

Los científicos le atribuyen tantas propiedades que nos preguntamos cómo habremos podido vivir sin suplementos de este mineral. Por suerte, la naturaleza nos «regala» buenas dosis de selenio a través del marisco y el pescado, las nueces del Brasil (¡100 microgramos por unidad!), la carne roja, el ajo y los cereales. Aun así, estudios europeos hablan de déficit de selenio –indispensable para la actividad de la enzima glutation peroxidasa, que combate la oxidación– en zonas en las que el terreno es pobre en dicho mineral (otro efecto de las lluvias ácidas y la sobreexplotación...).

Si bien la dosis recomendada es de unos 70 microgramos diarios, dosis menores de 400 microgramos son seguras. He aquí algunas de las virtudes, contrastadas por estudios científicos:

  • El consumo de suplementos de selenio se relaciona con menor riesgo de cánceres de próstata, pulmón, hígado, estómago y colon y recto.
  • El consumo de suplementos de selenio en varones aumenta la probabilidad de concebir hijos.
  • Buenos niveles de selenio reducen el riesgo de infecciones respiratorias en pacientes con asma, enfisema, bronquitis crónica...
  • Su déficit aumenta la gravedad de los síntomas en personas con gripe. Como consecuencia de dicho déficit, el virus puede acabar mutando y convirtiéndose en otra variedad más virulenta.
  •  Un estudio del Hospital de Valdecilla de Santander revela que un complejo antioxidante que incluye selenio reduce el dolor inflamatorio en pacientes con pancreatitis crónica.
  • Se ha relacionado el déficit de selenio con mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer, gingivitis, artritis reumatoide... Por el contrario, el selenio reduce el riesgo de intoxicación por metales tóxicos como el mercurio y el cadmio.

Marisol Guisasola

 

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