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CAPACIDAD DE LA MEMORIA

¿Hay una edad en la que la memoria alcanza su nivel máximo?

¿Hay una edad en la que la memoria alcanza su nivel máximo?

Con la edad ¿recordamos menos cosas? ¿Tenemos menos capacidad de memoria? ¿Qué pasa con la memoria a medida que vamos cumpliendo años?

A los 5, 10 ó 20 años, tenemos una capacidad de aprendizaje excepcional: una especie de memoria «pura» que nos permite aprender rápidamente lo que sea. Esta capacidad, tanto de memoria a corto plazo y de memoria de trabajo como de memoria a largo plazo, alcanza su máximo rendimiento entre los 15 y los 30 años. A partir de esta edad la capacidad de atención declina algo, lo que nos hace desarrollar capacidades de memorización más inteligente. Para compensar, también podemos apoyarnos en nuestra experiencia, perspicacia, sagacidad, en el recuerdo de la información ya almacenada o de las personas que hemos conocido. Los especialistas han constatado que, a partir de los 30 años, el ser humano tiene más dificultad para retener información; lo que no quiere decir que con la edad se pierda memoria.

Se puede retener mucha información a cualquier edad, lo que ocurre es que hará falta más concentración, más repeticiones, porque con la edad uno se hace también más sensible a las interferencias. Perdemos algo de densidad sináptica, sobre todo si nuestra vida es muy rutinaria. No olvidemos que nuestro cerebro prefiere limitarse a la tranquilidad de la rutina: se deja llevar, evita las situaciones en las que es preciso aprender algo, porque eso exige esfuerzo. El reto, a medida que envejecemos, es intentar hacer cosas diferentes, enfrentarse a la novedad y a la variedad. Es un reto razonable, pero fundamental para mantener en forma las funciones cognitivas. ¿Siempre has escuchado música clásica? Pues ¿por qué no cambiar ahora al jazz?

La memoria con la edad

El problema reside, fundamentalmente, en nuestra actitud con respecto a la edad. Un investigador norteamericano cuenta la siguiente anécdota: una mujer de 70 años recibe a unos amigos para cenar y, en vez de poner vinagre a la ensalada, la condimenta con un producto de limpieza. Sus familiares consideran este error un síntoma de debilidad mental y creen que hay que pensar en enviarla a una institución para personas dependientes.

Por el contrario, una persona de 30 años se equivoca y, en lugar de echarse laca en el pelo, se echa un insecticida en aerosol. Todo el mundo se ríe, ella la primera, y ¡a nadie se le ocurre la idea de internarla! Sin embargo, se trata de dos despistes similares: la única diferencia es que, en el caso de la señora de 70 años, se juzga de forma negativa, mientras que en el otro se acepta con sentido del humor. Nuestra reacción frente a un olvido o a un error no es la misma cuando tenemos 30 años que a los 70. Por eso, cuando somos mayores, debemos esforzarnos para no interpretar cualquier despiste como si fuera una catástrofe.

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