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El cerebro: previene enfermedades degenerativas

El cerebro: previene enfermedades degenerativas

El secreto de la capacidad de aprendizaje y de la buena memoria está en llevar una vida sana y activa y en recuperar la curiosidad perdida y los deseos de aprender. Cualquier momento puede ser bueno para empezar.

Teresa, de 59 años, estaba asustada. Ya no solo recorría veinte veces la casa intentando recordar dónde había puesto las llaves o el bolso, sino que, en varias ocasiones, se olvidó de tareas muy importantes. «Mi alarma fue mayúscula el día en que me olvidé totalmente de ir a recoger al aeropuerto a una prima a la que no veía desde hacía veinte años y que había venido a verme especialmente desde la Argentina», confiesa. «Ese día decidí ir al neurólogo, porque, aunque mi marido me decía que era “cosa de los nervios” (mis dos hijos dicen que vivo “en estado constante de alarma”), yo estaba completamente convencida de que tenía Alzheimer».

Las pruebas a las que se sometió Teresa indicaron algo diferente. Además del estrés, sus olvidos eran consecuencia de pequeñísimos ataques cerebrales derivados de una hipertensión que no sabía que padecía. «Si se observan problemas de memoria preocupantes, lo primero que hay que hacer es acudir al médico para averiguar a qué obedecen», señala el Dr. Enrique Úrculo, jefe del servicio de Neurología del Hospital Donosti, de San Sebastián. «En general, cualquier problema de salud que produzca estrechamiento de las arterias que suministran sangre al cerebro puede afectar seriamente a la capacidad de recuerdo. Enfermedad cardiovascular, trombosis cerebrales, tasas altas de colesterol y tabaquismo pueden contribuir a la pérdida de memoria permanente. Otros trastornos, como la hipertensión, la depresión, la diabetes, el hipotiroidismo severo y la anemia perniciosa (déficit crónico de vitamina B12), e incluso algunos fármacos, contribuyen a la pérdida transitoria».

«Muchas personas se inquietan sin motivo», aclara el Dr. Úrculo. «Es muy normal que nos olvidemos de dónde hemos puesto las llaves o que no recordemos los nombres de la gente, sobre todo si se trata de una persona a la que no vemos con asiduidad. En cambio, si se observa que la memoria de una persona cercana va deteriorándose progresivamente con el paso del tiempo; si olvida las caras de personas conocidas; si tiene problemas para realizar tareas rutinarias o para seguir indicaciones sencillas, puede ser síntoma de demencia (la forma más común de demencia es la enfermedad de Alzheimer). Es importante insistir en que no hay que alarmarse sin razón: aunque es cierto que el 10% de los mayores de 65 años desarrollan demencia, la mayoría de la gente padece lagunas de memoria simplemente porque tiene demasiadas cosas en la cabeza».

¿Debemos esperar un deterioro inevitable conforme envejecemos?, es la gran pregunta. La respuesta es que, en personas sanas, que no padecen trastornos como los que hemos señalado (enfermedad cardiovascular, diabetes, etc.), la memoria no se deteriora del modo en que se pensaba. Sin embargo, sí es verdad que, aunque el mecanismo de la memoria no se estropea, se vuelve menos eficaz. Aunque aún no se sabe exactamente por qué, el tiempo que necesita el cerebro para procesar los datos que le llegan va aumentando a medida que pasan los años.

Estudios muy recientes indican que las neuronas van perdiendo «agilidad» y eficacia con el tiempo. Imágenes cerebrales obtenidas con tomografía de emisión de positrones (PET) y con resonancia magnética revelan que, con el paso del tiempo, se produce una reducción gradual de la actividad en el hipocampo (parte del cerebro encargada de determinar qué información debe guardar y cuál debe desdeñar).

Los expertos se apresuran a «quitar hierro» a esa pérdida. «Tener menos actividad cerebral no supone automáticamente menor capacidad memorística», señala Barry Gordon, de la Clínica de la memoria de la Universidad Johns Hopkins. «Al igual que en los deportistas, todo es cuestión de entrenamiento. Cuanto más se entrene un atleta, menos le costará practicar el deporte que realiza. Del mismo modo, a medida que el cerebro se va haciendo más hábil para llevar a cabo una tarea determinada, gasta menos energía en ella».

Por suerte, podemos tomar medidas para mantener el cerebro ágil y la memoria activa. La constancia es condición esencial. «Volvemos de nuevo al símil de los deportistas», puntualiza el Dr. Gordon. «No conseguiremos nada si solo vamos a los entrenamientos una vez al mes».

Marisol Guisasola

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