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Consulta al dermatólogo

Consulta al dermatólogo

La piel y su aspecto son un verdadero barómetro indicador de la salud general y otro «espejo del alma». Hace frente a todos los ataques del tiempo. Cuídela y confíela regularmente al ojo experto del dermatólogo.

¿Cuándo es necesario consultar a un dermatólogo? ¿Hay que tener ciertos síntomas?
Es realmente aconsejable consultar a un dermatólogo una vez al año como prevención. Podría decirse que lo ideal sería haber tenido siempre ese hábito, incluso antes de los cincuenta años. Si no es ese el caso, ya es hora de empezar y mantenerse fiel a la cita anual y, naturalmente, acudir inmediatamente si uno percibe un cambio de forma, aspecto o color de un lunar o en una mancha en la piel.

¿Cómo encontrar un dermatólogo? ¿Cuáles son las fuentes de información, sobre todo si se vive en una zona en la que no hay muchos?
En principio, la información «boca a boca». Lo más frecuente es que alguien del entorno familiar o de amistades ya conozca a un buen dermatólogo. Pero también puede suceder que se prefiera no contar que se busca un dermatólogo. En tal caso, el médico de cabecera le puede enviar a un especialista. Las páginas amarillas también pueden ser una buena fuente de direcciones posibles. Si, de todas formas, se está en una zona poco dotada en esta especialidad, siempre se podrá contactar con el Colegio de Médicos de la provincia de que se trate para saber dónde se encuentran concretamente los especialistas de piel. En las páginas web de la Academia Española de Dermatología y Venereología (www.aedv.es) hay una opción titulada precisamente «Encuentre su dermatólogo», con listados clasificados por Comunidades Autónomas. Y, finalmente, no hay que olvidar que casi todos los hospitales tienen consultas de dermatología.

¿Cómo se desarrolla la primera consulta? ¿Qué tipo de preguntas puede uno esperar?
Esta consulta inicial sirve para que le conozca el especialista. ¿Antecedentes familiares? ¿Hay casos en la familia de enfermedades de piel? También le interesarán, evidentemente, sus propios antecedentes personales médicos y de intervenciones quirúrgicas, de enfermedades diversas, incluso si no tienen nada que ver en principio con el motivo de su consulta. También servirá para conocer su historia dermatológica. Ha tomado usted mucho el sol? ¿Ha tenido algún tipo de erupciones, granos, etc.?

El examen del dermatólogo exigirá desvestirse, porque se trata de un examen cutáneo general, desde el cuero cabelludo hasta la planta de los pies, pasando por la espalda y las piernas; hay que examinar el cuerpo entero.

Para practicar este examen minucioso, el doctor utiliza algunos instrumentos como la lupa o algún aparato de fotografía, o incluso un calibre para medir el tamaño de un lunar. Ninguno de estos hace ningún daño y el examen es totalmente indoloro.

¿Cuál es la estructura de la piel y cuáles son los efectos sobre ella del paso de los años?
La piel se compone de tres capas sucesivas: por una parte la epidermis, que es la capa superficial. Ahí se encuentran las células que migran de la capa más profunda hacia la superficie para formar la capa córnea de protección. En segundo lugar, debajo de la epidermis, como capa intermedia, se encuentra la dermis, en donde se generan las fibras de colágeno y de elastina que garantizan la resistencia y suavidad de la piel. Finalmente, la hipodermis, la capa más profunda, constituida esencialmente de células con grasa y vasos sanguíneos. La piel, naturalmente, envejece con la edad, pero a un ritmo característico de cada individuo. En torno a los cincuenta años, en general, la piel comienza a atrofiarse, a reducir su grosor y a perder su elasticidad. Este cambio se debe a una renovación menos rápida de las células de la epidermis y de la dermis. Además, se reduce la zona que hace de unión entre las dos capas, con lo que disminuyen los intercambios nutritivos. Y finalmente también se modifican en cantidad y calidad las fibras de colágeno y elastina. En las mujeres, con la menopausia, la disminución casi total de hormonas participa en la reducción de espesor y por ello también contribuye a que la piel sea más vulnerable.

¿Cuáles son los enemigos de la piel? ¿Hay algún tipo de prevención para retardar su envejecimiento? ¿Pueden suponer una respuesta los suplementos alimentarios o la DHEA (dihidroepiandrosterona)?
Hay un desfase en el tiempo entre nuestros hábitos de vida y sus efectos en la piel. Por ejemplo, las consecuencias del sol absorbido por la piel a los treinta años se ven después de la cincuentena. La piel tiene varios enemigos, y evitarlos forma parte de una buena prevención. Si es difícil luchar contra ciertos factores del entorno como la contaminación o contra el estrés, sí se puede por el contrario ahorrarle a la piel las alteraciones debidas a los malos hábitos, tales como las exposiciones demasiado frecuentes al sol, el alcohol o el tabaco. Fumar produce una reducción de los aportes nutritivos que se realiza mediante los vasos sanguíneos y una mala oxigenación de los tejidos.

Durante este periodo en que la piel se vuelve más frágil, los suplementos alimentarios pueden ser útiles. Sin embargo, si se quiere tomarlos, es preferible consultar con el dermatólogo o el farmacéutico y dejarse aconsejar sobre lo que tomar y en qué dosis.

En cuanto a la DHEA, actualmente los beneficios y riesgos para la salud de esta hormona no están probados científicamente, por ello, la prudencia es la consigna. No se tiene todavía la suficiente experiencia para saber con certeza si su acción puede mejorar la sequedad de una piel que envejece.

Doctora Catherine Laverdet, dermatóloga adjunta del Hospital Saint-Luis de París

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