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REUMATOLOGÍA

Consulta al reumatólogo

Consulta al reumatólogo

A veces el cuerpo nos recuerda su existencia mediante el dolor. Entonces nos damos cuenta de que no le hemos hecho mucho caso y de que el tiempo también pasa para él. Hay que aprender a ser más cuidadosos con nuestros huesos, músculos, tendones, ligamentos y articulaciones. El reumatólogo puede ayudarnos.

¿De qué modo actúa el tiempo sobre los huesos, músculos y articulaciones?

A medida que avanza la edad, el cuerpo se modifica a todos los niveles. Si con los años aumentan las arrugas en la piel, también el paso del tiempo afecta a nuestros huesos. Las articulaciones se fatigan más y pueden tener tendencia a «rechinar» un poco, desde una simple molestia hasta pequeños dolores más intensos. La masa muscular va disminuyendo progresivamente, sobre todo como consecuencia de la reducción de la actividad física. Y en cuanto al esqueleto propiamente dicho, el daño principal procede de la desmineralización. En las mujeres, esta pérdida ósea se agrava con la menopausia También afecta a los hombres, aunque a una edad más tardía.

¿Se puede luchar contra esta evolución, o es inevitable sentirse un poco más «oxidado»?

Todos podemos con unos medios sencillos retardar la aparición de estos fenómenos. Es una cuestión de higiene de vida, es decir, comer de forma equilibrada sin descuidar los alimentos ricos en vitamina D (que ayuda a fijar el calcio en los huesos, presente, por ejemplo, en el pescado azul, la yema de huevo o el hígado) y con un aporte de calcio suficiente, lo que implica comer tanto yogur, queso y productos lácteos, en general, como un adolescente. Hacer ejercicio también frena la pérdida de masa muscular y facilita la regeneración de los huesos, preferente-mente si se hace al aire libre (el sol ayuda al organismo a fabricar la valiosa vitamina D); se recomienda andar una hora al día o al menos tres veces por semana.

¿En qué momento se debe consultar a un reumatólogo? ¿Es la duración del dolor el único factor que nos debe hacer ir al médico?

Lógicamente no sirve de nada dejar que un dolor actúe más de quince días, sea cual sea el lugar en donde aparezca, pero, por supuesto, hay que tener en cuenta la intensidad. Si la aspirina o un antiinflamatorio cualquiera no tienen un efecto significativo, es preferible acudir a un especialista de inmediato. Otros síntomas que nos deben llevar a la consulta del médico son, por ejemplo, los dolores en las vértebras lumbares y cervicales, o los entumecimientos de las manos o dolores en los brazos. Una inflamación articular también se debe tomar en serio. De todas formas, hay que diferenciar entre el dolor que aparece después de un traumatismo (una caída o una operación, por ejemplo) y el que surge espontáneamente.

Algunas personas tienen a veces la impresión de que les cruje todo. Este fenómeno puede acompañarlas toda la vida o aparecer a una edad avanzada. No es grave en sí mismo, solo hay que saber escuchar al cuerpo y consultar cuando ese rechinar se vuelve doloroso o se manifiesta con más frecuencia.

¿Cómo encontrar un reumatólogo?

En principio, no es difícil encontrar un reumatólogo en cualquier población importante. Como buena parte de las patologías reumáticas son atendidas a menudo, en primer lugar, por el médico de familia, él sabrá indicarle un reumatólogo si hay necesidad de él.

También se puede conseguir información al respecto en las asociaciones de enfermos. La Organización Mundial de la Salud, que en el año 2000 declaró la década actual como la de los huesos y articulaciones, insiste en la participación activa de los pacientes mediante la ayuda de las asociaciones de enfermos.

¿Qué hacer en caso de urgencia? ¿Es aconsejable acudir al hospital?

En el caso de las consultas privadas de reumatólogos, normalmente no suele haber lista de espera, sobre todo si se trata de una urgencia. Naturalmente, al pedir cita, hay que indicar el carácter urgente y señalar los síntomas y la intensidad del dolor. En caso de caída fuerte o de traumatismo, evidentemente, hay que acudir a Urgencias. Si no hay excesiva prisa, todo depende de las preferencias del paciente; los hay que prefieren el ambiente más personalizado de una consulta privada y otros tal vez se sientan más seguros en un hospital. En ambos casos, el nivel de competencia está garantizado. No obstante, hay ciertos tratamientos que solo se ofrecen dentro del marco de un hospital y en todos los centros medianamente importantes hay un servicio de reumatología.

¿Cómo se desarrolla una primera consulta de reumatología?

Comienza con una serie de preguntas del especialista. Puede que algunas parezca que no tienen relación con los problemas de las articulaciones, pero hay numerosas señales aparentemente ajenas que pueden orientar el diagnóstico. Fechas de los primeros síntomas, factores desencadenantes, y si el dolor impide dormir. También le interesa saber si el paciente tiene una profesión con alguna exigencia física particular, si practica algún deporte, etc. Los antecedentes personales (diabetes, hipertensión) y familiares; si tiene conocimiento el paciente de patologías articulares en sus padres o familiares cercanos, a qué edad se manifestaron, su evolución, etc.

Después de esta conversación, pedirá al paciente que se descubra para proceder al examen clínico: tomar la tensión, auscultar los pulmones, comprobar los reflejos con un martillito especial y la sensibilidad mediante pequeños alfileres. La zona dolorosa requiere un examen más detallado y puede que el médico le pida que haga algunos movimientos concretos.

¿Qué pruebas médicas se necesitan para hacer un diagnóstico precoz o confirmar el diagnóstico?

Dependen, evidentemente, de la patología concreta, pero se puede decir que existe un conjunto de pruebas comunes que se hace de manera casi sistemática. En primer lugar, se comprueba si hay un fenómeno inflamatorio con el análisis de la velocidad de sedimentación (VS), de la proteína C reactiva y si están altas las plaquetas (trombocitos). También se mirará si hay un factor reumático. Asimismo puede el reumatólogo pedir un análisis del calcio y del fósforo, y de los niveles de anticuerpos con el fin de identificar enfermedades autoinmunes. Para todo este conjunto de análisis basta con extraer sangre en una toma normal.

¿Es suficiente con estas pruebas o deben completarse con radiografías?

En efecto, es raro que el reumatólogo no pida también una radiografía de la parte del cuerpo que causa el dolor. En principio, una radiografía normal, aunque también podría pedir una ecografía, sobre todo para los problemas de tendinitis en el hombro o en el tendón de Aquiles.

Después, para las patologías vertebrales, el especialista puede pedir un escáner lumbar o cervical, que, entre otras cosas, sirve para confirmar una hernia discal.

Finalmente, por ejemplo en caso de dolor en la rodilla, la IRM (Imagen por Resonancia Magnética) permite ver el estado de los meniscos. Este examen es menos agresivo que una artrografía radiografía de las articulaciones), la cual exige inyectar un producto de contraste en el interior de la rodilla para ver las lesiones internas.

¿Son dolorosas estas pruebas? ¿Exigen precauciones particulares?

Las radiografías, ecografías y escáneres son totalmente indoloros. La artrografía es más bien desagradable que dolorosa. La resonancia magnética es también indolora y solo exige algunas precauciones, por ejemplo si el paciente sufre claustrofobia o lleva marcapasos.

La escintigrafía ósea tampoco es dolorosa, aunque exige una inyección intravenosa y resulta algo larga porque hay que esperar tres o cuatro horas para que el producto se difunda. Ninguna de estas pruebas necesita hospitalización.

Doctor Jean taillandier, reumatólogo, médico internista y jefe del Sercicio de Geronología del hospital Paul-Rousse, Villejuif, París.

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