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¿Son eficaces los sustitutivos de comidas y las barritas dietéticas?

¿Son eficaces los sustitutivos de comidas y las barritas dietéticas?

Los sustitutivos no son en principio productos desequilibrados. Están concebidos para reemplazar una comida y aportar los nutrientes esenciales.

Si cumplen la reglamentación, no pueden anunciar afirmaciones falsas y, por ello, consumirlos no altera el equilibrio de la alimentación y pueden ayudar a perder peso. El problema es que el objetivo no es solo adelgazar, sino mantener el peso a largo plazo. No se recomienda la alimentación exclusiva con estos productos que, además, suelen ser relativamente caros. Tarde o temprano volveremos a hacer comidas «normales», lo que implicará modificar de nuevo el comportamiento alimentario y volver a engordar. Los sustitutivos de comidas no son, por tanto, una solución interesante, salvo en los casos en que no se tenga ocasión de preparar una comida normal sana.

¿Qué opinión merecen los complementos alimentarios?
Situados a medio camino entre los productos dietéticos y los medicamentos, los complementos son concentrados de nutrientes u otras sustancias con efecto nutritivo o psicológico, diseñados para complementar una alimentación normal. Generalmente se comercializan en píldoras, ampollas, bolsitas, etc. Pueden incluir vitaminas, sales minerales, plantas o productos naturales y los hay también que asocian en el mismo producto vitaminas, sales y otros ingredientes. Los beneficios que anuncian están sometidos a una reglamentación y no deben ser falsos. Hay que prestar atención a las dosis recomendadas en los prospectos, pues pueden ser nocivos en dosis elevadas. Hay que tener siempre presente un precepto simple: es preferible tomar alimentos, porque en ellos se encuentran todos los nutrientes necesarios; comiendo buenos alimentos es innecesario comprar un producto que presume de tener una docena de vitaminas. La leche enriquecida con vitaminada D, presente en las tiendas desde no hace mucho, podría ser útil para las personas que salen muy poco y no les da el sol, como protección de los huesos, aunque, evidentemente en el caso de nuestro país, no es precisamente el sol lo que más falta. Si, en cualquier caso, una persona sufre realmente de una carencia concreta (vitaminas C o D, por ejemplo), podrá tomar un complemento alimentario de modo provisional y, en todo caso, es mejor que sea con receta médica, porque la automedicación puede tener efectos indeseables.

¿Se pueden consumir sin problemas productos congelados?
A menudo las verduras congeladas tienen más vitaminas que las frescas compradas en los mercados; estas pueden llevar tiempo almacenadas y haber perdido así buena parte de sus vitaminas. Las congeladas se preparan inmediatamente y pueden mantener toda su frescura. Hay que respetar siempre las normas de cocción, pues, si se dejan hervir demasiado tiempo, se producirá una pérdida importante de vitaminas. Lo ideal sería consumir vegetales cultivados por uno mismo en el huerto o jardín de casa; para beneficiarse de todas sus vitaminas, lo mejor es comerlos el mismo día que se recogen.

¿Qué opinión merecen los alimentos «enriquecidos con Omega 3»?
Hay numerosos datos científicos que muestran que los ácidos grasos Omega 3 que hoy se encuentran en ciertos alimentos enriquecidos (leche y huevos, sobre todo) son nutrientes interesantes para prevenir los problemas cardiovasculares. Pero estos nutrientes también se encuentran en alimentos habituales, como el pescado azul y las nueces, por lo que se recomienda tomar pescado azul 2 ó 3 veces por semana (sardina, jurel o chicharro, arenque, caballa, boquerón, salmón, trucha, atún, bonito, etc.) y frutos secos. El aceite de oliva (preferentemente virgen, es decir, producto de la primera presión en frío) es otro aceite cardiosaludable por su carácter de grasa monoinsaturada, beneficiosa para reducir los niveles de colesterol LDL o «colesterol malo» y favorecer los niveles de HDL o «colesterol bueno».

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