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Hipertensión arterial: síntomas y consecuencias

Hipertensión arterial: síntomas y consecuencias

La sintomatología que puede acompañar a la hipertensión arterial es muy variada

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➤ Vídeo: ¿Qué es la presión arterial?

¿Qué síntomas produce?

La sintomatología  que puede acompañar a la hipertensión arterial es muy variada. Puede ocurrir que la hipertensión arterial no dé ninguna sintomatología y su descubrimiento sea casual (por revisiones médicas, cirugías, etc..), En otras ocasiones se descubre a raíz de la presencia de determinados síntomas como dolores de cabeza, hemorragias nasales espontáneas, sensación de inquietud, nerviosismo, etc.. y de forma menos frecuente por elevaciones bruscas y severas de la tensión arterial que se acompañan de dolor de cabeza intenso, sensación de frialdad y angustia, palpitaciones, temblor. Las manifestaciones clínicas de la hipertensión depender en gran parte de la posible causa que la puede originar. En determinados procesos el inicio de la hipertensión puede ser brusco con elevaciones severas de la tensión arterial en forma de crisis.

Consecuencias de la hipertensión arterial:

La presencia de una presión excesiva de la sangre daña de forma importante el sistema vascular, sobre todo cuando no es controlada, y debido a la lesión de ese sistema cualquier órgano puede resultar afectado. Este deterioro de las arterias se debe en gran parte al desarrollo de arteriosclerosis, una enfermedad grave que evoluciona más deprisa cuando además existen trastornos importantes del metabolismo de las grasas y azúcares. La hipertensión arterial obliga al corazón a realizar un mayor trabajo para bombear la sangre. Debido a ese esfuerzo la pared muscular del corazón aumenta de tamaño precisando más sangre para alimentarse. Esa sangre proviene de las coronarias, unos vasos que también resultan dañados por la hipertensión arterial y las posibles enfermedades metabólicas asociadas. Como consecuencia puede producirse una falta de riego de la musculatura del corazón o isquemia que de forma aguda deriva en una angina o infarto agudo de miocardio. Ese esfuerzo excesivo del corazón conlleva a largo plazo un agotamiento del mismo, entrando el paciente en insuficiencia cardíaca. El riñón recibe un excesiva presión de la sangre, destruyéndose sus unidades funcionales y desarrollando una insuficiencia renal progresiva con pérdida de proteínas y un peor manejo de la sal y de los líquidos (agravándose la hipertensión arterial). El sistema arterial del cerebro se deteriora no llegando bien la sangre a determinadas áreas (de forma local o difusa) generándose uno o varios infartos (unas veces importantes y otras veces pequeños pero repetidos), o bien la ruptura de alguna arteria (favorecida por la excesiva presión de la sangre) produciéndose una hemorragia. La vista resulta dañada debido a que los pequeños vasos de la retina sufren también con la presión excesiva. La llegada de la sangre a otros territorios con el tiempo también resulta perjudicada apareciendo problemas de circulación en las piernas (claudicación) o incluso otras zonas como el intestino.

¿Qué complicaciones presenta?

Agudas: Ocurren en situaciones en las que la tensión arterial presenta elevaciones severas alcanzando cifras la sistólica de 200 mmHg, y la diastólica de 120 mmHg. Es lo que se denomina crisis hipertensiva, que dependiendo del momento en que aparezca (después de una cirugía, en un embarazo) o de los síntomas que presente (alteraciones de la visión, disminución del nivel de conciencia por encefalopatía o dolor precordial) se denominará urgencia o emergencia hipertensiva. La aparición de una urgencia o emergencia requiere un actuación médica que en muchos casos puede incluso requerir el empleo de medicación intravenosa.

Crónicas: Las complicaciones crónicas derivadas de la hipertensión arterial, dependerán fundamentalmente del control que se haya hecho de la misma, o de que se asocie a otras enfermedades, principalmente metabólicas.

A nivel cardíaco se produce un engrosamiento de la pared del ventrículo así como cierta rigidez que dificulta su llenado, comprometiendo ambos la irrigación del músculo miocárdico y por lo tanto favoreciendo junto a un deterioro de las coronarias la aparición de enfermedades isquémicas del corazón.

En el riñón se produce un deterioro de la vascularización renal generándose una isquemia de sus unidades funcionales (nefronas) que junto a la hipertensión transmitida a dichas unidades genera una destrucción progresiva e irreversible. Esta hiperpresión favorecerá la pérdida de proteínas por la orina, que podrá ser valorada como marcador de daño renal.

En el sistema nervioso central se producirán enfermedades derivadas de fenómenos trombóticos (infartos cerebrales de forma episódica o crónica pudiendo llevar a una situación de demencia) o hemorrágicos (hemorragias cerebrales). Estas enfermedades dan lugar a una gran morbilidad por la repercusión que tienen sobre el paciente.

A nivel periférico se produce un deterioro de la circulación arterial en las extremidades, apareciendo problemas de claudicación intermitente con el ejercicio y lesiones ulcerosas o necróticas, especialmente sobre heridas. 

¿Qué es el riesgo vascular?

Concepto de riesgo vascular: Supone el riesgo de sufrir un deterioro importante del sistema vascular. Ese deterioro viene a través del desarrollo de una arteriosclerosis. La arteriosclerosis es la destrucción progresiva de la pared vascular mediante la formación de placas de ateromas. Esas placas se producen por el acúmulo de lípidos o grasas dentro de la pared arterial, retenidas en células provenientes del sistema de defensa. Ese acúmulo produce una irregularidad en la superficie del vaso que interfiere en el flujo de la sangre, volviéndose turbulento. Ese flujo turbulento es capaz de producir una mayor lesión de esa pared. Al crecer la placa de ateroma puede llegar a romperse soltando al torrente sanguíneo cristales de colesterol y diverso material. Ese material es capaz de interrumpir el flujo de sangre a niveles más distales. Por otro lado, la generación de una superficie ulcerada e irregular provoca la activación de la coagulación con la formación de trombos que reducen o eliminan la luz interior de los vasos. El deterioro del sistema vascular: La presencia de una hipertensión arterial no sólo es causa de un mayor deterioro vascular, sino también síntoma. La importancia que tiene saber dar relevancia a ese deterioro vascular proviene de que todo el organismo se sustenta sobre ese sistema. En ese deterioro (en parte fisiológico, fruto de la edad) tiene un especial protagonismo el endotelio. El endotelio, su papel en la hipertensión y deterioro vascular: Son unas células planas provistas de un núcleo y de todos los sistemas de producción de energía y fabricación de moléculas propias de las células del cuerpo humano, pero con un nivel de actividad muy elevado. Esas células recubren toda la pared interna del árbol vascular. Se encuentran en todos los vasos, desde los más grandes y próximos al corazón, hasta los más finos o delgados denominados capilares. Las células endoteliales están asentadas encima de una membrana microscópica que las separa de capas más profundas de la pared vascular. Tienen capacidad para fabricar moléculas que expulsan al torrente sanguíneo vascular. Esas moléculas influyen en otros sistemas celulares de la pared vascular, pero también en otros situados por todo el organismo. Estas células endoteliales ofrecen una superficie lisa y deslizante para la sangre que circula por los vasos, aislándola del contacto con capas más profundas de la pared. Además tienen la capacidad de transportar moléculas circulantes en la sangre, hacia el interior de los tejidos como sucede en los vasos más finos donde se produce el intercambio entre sustancias nutritivas y generadas por el metabolismo. El endotelio mantiene la estabilidad del flujo sanguíneo, influye en la capacidad de reacción de los vasos, y establece una barrera entre la sangre y los tejidos permitiendo el intercambio selectivo entre ambos. Estas células fabrican unas sustancias que son secretadas a la sangre,  o permanecen fijadas a su superficie reduciendo la actividad del sistema de la coagulación. De esa forma, y a la vez consiguiendo una superficie lisa que reduce las turbulencias de la sangre, mantienen libre el flujo de la sangre. También producen otras sustancias que son secretadas hacia otras células presentes en capas más profundas de la pared vascular como sucede con el óxido nítrico. Esas sustancias influyen entre otras cosas en la contracción o relajación de las células musculares de la pared. A través de ese mecanismo regulan la resistencia del territorio circulatorio periférico al paso de la sangre procedente del corazón. Esa resistencia es uno de los factores que determina la presión arterial de la sangre. También el endotelio actúa como una membrana de filtración facilitando el paso de moléculas nutritivas e incluso células del sistema de defensa hacia los tejidos, mientras que retiene otras dentro del vaso fundamentales para el transporte de moléculas o evitar la salida de líquido fuera del vaso. En dirección contraria, permite la difusión de moléculas tóxicas para esos tejidos para que sean eliminadas por los sistemas depurativos del organismo (riñón, hígado y pulmón). Una anomalía en la función de ese sistema celular provoca o facilita la aparición de enfermedades. Esa disfunción endotelial puede estar provocada por agentes internos o externos. Entre los agentes internos destacan sustancias procedentes del metabolismo (algunas grasas o moléculas con capacidad oxidativa) o producidas por procesos inflamatorios agudos o crónicos (citoquinas). Respecto a las procedentes del exterior, destacan sobre todo las producidas por microorganismos infecciosos y ciertas sustancias tóxicas (entre ellas la nicotina). La disfunción endotelial crónica aparece en circunstancias como la hipertensión y la arteriosclerosis. En estos casos, el endotelio provoca una espasticidad de la pared muscular del vaso y un aumento de las resistencias periféricas a la circulación de la sangre. Además esas células endoteliales se deterioran con rapidez, facilitando el paso de determinadas moléculas hacia capas más profundas de la pared como sucede con las grasas (especialmente de baja densidad) que junto al acumulo de células relacionadas con el sistema de defensa, provocan el desarrollo de la placa arteriosclerótica. Por otro lado, al deteriorarse esas células endoteliales dejan expuestas zonas internas de esa pared vascular produciendo la aparición de trombos y un flujo turbulento de la sangre, que redunda en una mala circulación sanguínea.

Artículo facilitado por:
Clínica Universidad de Navarra

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Comentarios (1)

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maria de los angeles camacho-lopez
11 septiembre 2016 02:42

puedo tomarprasosina despues de haver tomado desparasitante

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