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El sexo y la edad, ¿existe el fin de la vida sexual?

El sexo y la edad, ¿existe el fin de la vida sexual?

Con la edad, muchas capacidades físicas se ven mermadas por el deterioro natural, así que es el momento de contemplar la sexualidad desde un ángulo más amplio.

A pesar de que poco a poco se van eliminando mitos, la vida sexual en la vejez sigue cargada de prejuicios sociales. Las mismas personas mayores muchas veces asumen el fin de su vida sexual a partir de cierta edad.

Es cierto que en la vejez se presentan una serie de cambios físicos y psicológicos que afectan a la forma de vivir la sexualidad, pero en ningún caso la anulan. La emancipación de los hijos, la pérdida de amistades y familiares (o incluso de la pareja), la disminución del ritmo en la vida diaria y el deterioro físico pueden llevar al hombre o la mujer mayor a un estado de ánimo bajo que no ayuda al restablecimiento de la vida sexual.

En general se malinterpreta el concepto de sexualidad, centrándola en los genitales y, con ello, en las relaciones coitales. Debemos entenderla como una sexualidad global, en la que se disfruta del todo el cuerpo, de la cabeza a los pies. Y no sólo en pareja, sino también a solas.

Es cierto que algunas capacidades físicas se ven mermadas por los deterioros típicos de la edad y los efectos de algunas enfermedades específicas que pueden afectar a las distintas fases de la respuesta sexual.

En el hombre se percibe una erección menos potente y duradera y una eyaculación menos abundante, la sensación de orgasmo puede ser menos intensa que en la juventud. Por otro lado, enfermedades como la diabetes o cirugías en la próstata, que son bastante típicas a edades avanzadas, pueden afectar también a la erección.

Como consecuencia de los cambios hormonales de la menopausia, la mujer mayor presenta menor lubricación vaginal y pierde elasticidad en la vagina. Además, con la edad y los partos, los músculos que forman el suelo pélvico pierden fuerza y eso, aparte de provocar la ya conocida incontinencia urinaria, merma la sensibilidad de las paredes vaginales y la intensidad de los orgasmos.
También hay que tener en cuenta que padecer enfermedades cardiacas, pulmonares, los dolores musculares, artritis… pueden obligar a variar la frecuencia y ritmo de las relaciones sexuales así como las posturas, pero, y esto es muy importante, no tienen mayores consecuencias.

Pero, tal y como decíamos al principio, las dificultades con las que se pueden encontrar las personas mayores prácticamente solo afectan a las relaciones genitales. Pero no las impiden totalmente.
Se recomienda apostar por la calidad más que por la cantidad en el sexo. Fomentar el contacto físico, los abrazos, los besos, las caricias, los masajes… Quitar importancia y peso a la penetración y centrarse en el placer y la comunicación afectiva.

A estas edades nos encontramos con muchas personas sin pareja; viudas o separadas, que posiblemente no quieren dejar de disfrutar de una vida sexual. Por un lado se aconseja socializarse, salir y conocer gente, hacer nuevos amig@s y no cerrarse a la posibilidad de una nueva relación sexual o afectiva.
Por otro, y aún teniendo pareja, es adecuado a todas las edades fomentar la autosatisfacción, tratando de conocer el propio cuerpo (todo él), masajeando y estimulando zonas sensibles. Este “automimo” mejora mucho la autoestima y permite no renunciar a una vida sexual plena en ninguna de las fases de nuestra vida.

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Comentarios (1)

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Lucas
13 agosto 2015 20:20

Existe algúnroducto natural o que no tenga efectos secundarios, para aumentar l eyaculacion?

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