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La muerte y las distintas formas de despedida

La muerte y las distintas formas de despedida

Manuel Nevado Rey, Psicólogo de la Fundación AVATA, reflexiona sobre el difícil acto de despedirse de nuestros seres queridos cuando se produce la muerte. Los diferentes rituales de cada religión hacen posible el tránsito necesario para aceptar la pérdida.

Despedirse de nuestros seres queridos no es nada fácil, por este motivo todos los ciudadanos y en todas las culturas necesitan de rituales para facilitar el transito, para facilitar la despedida.

Aunque existen innumerables datos sobre ritos funerarios vamos a centrarnos en las tres civilizaciones clásicas por excelencia: Egipto, Grecia y Roma.

Existen distintas maneras de despedir al cadáver en función de las creencias religiosas, el clima, la geografía y el rango social. El enterramiento se asocia al culto de los antepasados y a las creencias en la otra vida. La cremación, sobre todo antiguamente, se asociaba a la intención de liberar el espíritu del muerto. La exposición al aire libre es común en las regiones árticas y entre los parsis (seguidores de una antigua religión persa, el zoroastrismo), donde también tiene un significado religioso. Y prácticas menos comunes son arrojar el cadáver al agua después de un traslado en barco y el canibalismo.

Abandono del cadáver
Esta técnica ha sido la preferida por las tribus nómadas de distintas partes del mundo, sobre todo de Asia y África. Por ejemplo, los antiguos habitantes de Mongolia dejaban los cadáveres, especialmente los de los más pequeños, envueltos en sacos de cuero, a un lado del camino. Y tiene su razón, en la creencia de que su espíritu se reencarnaría en el seno de las mujeres que pasasen más tarde por aquel lugar. De esta manera, los niños podrían tener una oportunidad más de volver a vivir.

Los tibetanos también abandonan el cadáver a los perros, sobre todo los de las personas mayores. Al contrario de lo que nos pueda parecer, este acto es honorable para los difuntos. En algunas zonas de Indonesia se deja el cadáver al aire libre hasta que se pudre; con posterioridad, recogen los huesos y los entierran realizando una gran fiesta funeraria.

En la India, los parsis –como los antiguos asirios– dejaban sus cadáveres en las denominadas "torres del silencio", que eran construcciones cilíndricas con plataformas concéntricas llenas de cavidades destinadas a recibir los cuerpos para que los buitres (aves sagradas de Ormuz) se encargaran de despedazarlos y descarnarlos. Después de esto, los huesos eran recogidos por la familia, quienes se encargaban de guardarlos en el seno familiar.

Otro de los pueblos en los que se practica este tipo de rito son los esquimales, que abandonan a sus mayores entre los hielos aún sin estar muertos, dejándoles una mochila con alimentos, para que puedan subsistir, a la espera de que el oso polar venga y los devore. Luego ellos se comerán al oso y así el espíritu volverá al hogar.

Inhumación
Desarrollada desde tiempos inmemoriales, ha sido y es la práctica más difundida en todo el mundo. Desde muchos siglos atrás el enterramiento podía realizarse en grutas y cavernas, como hacían los antiguos cristianos o las tribus australianas y europeos prehistóricos, como los antiguos escoceses y muchos pueblos de Oceanía.

En Japón, los denominados ainu, entierran a sus muertos a los dos días de fallecer con lo mejor de lo que disponen, y después queman la casa del difunto. Los jefes de estas tribus pueden pasar hasta dos meses sin ser enterrados, protegidos por productos que frenan la putrefacción.

En Indonesia existe una curiosa tradición. Debido a su orografía, las grutas son de difícil acceso y, al estar excavadas en la roca, dejan una especie de ventana o balcón tras el que colocan muñecos antropomorfos vestidos que producen el efecto de sociabilidad y compañía respecto al difunto, al observarse desde la lejanía da la impresión de que hay gente allí reunida mirando lo que pasa por el mundo.

En numerosas culturas se han añadido al rito de la inhumación la comida funeraria, que junto con el ajuar (formado por diversos objetos que pertenecieron al difunto) debía acompañar al muerto en su viaje al más allá, que se imaginaban de diversas maneras. A veces se acompañaba el enterramiento con variados rituales, a cargo de los familiares o de los chamanes o sacerdotes, con música y cánticos.
El entierro de personajes importantes de las distintas tribus era acompañado del sacrificio de sus esposas o personas allegadas. De esta manera, se han encontrado con frecuencia en diversas partes del mundo, en torno a los restos principales del varón, revestido de las galas propias de su rango, los cuerpos de mujeres, de niños o de esclavos a su alrededor con evidentes muestras de haber sido sacrificados con la finalidad citada.

Los primeros cementerios o necrópolis surgen ante la prohibición en determinadas civilizaciones de inhumar los cuerpos dentro de las ciudades, como ocurría en Siracusa y en Roma. Ante esta circunstancia las ciudades de los muertos debían realizarse fuera de los recintos de las ciudades “de los vivos”.

Cremación o incineración
Es, junto con la inhumación, la práctica más difundida durante toda la historia de la humanidad, desde los primeros pueblos, es decir, de 3.000 a 2.000 años antes de Cristo hasta la actualidad, donde la incineración vuelve a estar de moda.

En la Península Ibérica, con los iberos, celtíberos, celtas, tartésicos, turdetanos, púnicos, fenicios, cartagineses, etc., quemaban a sus muertos en una pira funeraria, recogiendo, al terminar, las cenizas y los fragmentos de hueso que quedaban. Con ellos se hacían amuletos y el resto lo guardaban en las urnas, que enterraban en la necrópolis. Otros pueblos, como los etruscos y los cartagineses, mantuvieron siempre esta técnica como rito funerario.

La India es el país donde la cremación es la práctica más generalizada. Pero allí no se guardan las cenizas del muerto, sino, simplemente, se depositan en el río sagrado más cercano –el Ganges, por ejemplo–, que las arrastra y hace desaparecer.

Para finalizar, en algunas tribus de Bali el cuerpo es introducido en un sarcófago en forma de vaca sagrada y quemado en la ceremonia de liberación del alma.

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