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Superar la muerte de un hijo

Superar la muerte de un hijo

La muerte de un hijo o de una hija es una de las experiencias más duras, difíciles y dolorosas que puede sufrir un ser humano. No resultará fácil de superar y será imposible que desaparezca de nuestra memoria, pero con el tiempo puede conseguirse recordarle y sentir sin sufrir.

Los padres se sienten responsables de la protección de sus hijos. Quizás por ello, perder a uno de ellos se vive como un fracaso y con un enorme sentido de culpa. Aunque todos sabemos que podemos morir a cualquier edad, la muerte de un hijo produce una auténtica ruptura: se desgarra la vida y parece un hecho imposible de aceptar porque es sin duda la experiencia más cercana a la propia muerte que puede padecer un ser humano.

Ante estas circunstancias, hay que asumir que el proceso de duelo normal –que se fija entre uno y dos años- superará este período, porque, aunque a partir del segundo año se haya conseguido encauzar las emociones, los altibajos y las crisis se sucederán con regularidad.

Es frecuente que la muerte de un hijo produzca tensiones y conflictos en la vida de pareja, derivadas de las diferentes formas de aceptar la pérdida. A veces, uno de los cónyuges puede pensar que al otro no le ha afectado tanto la muerte porque no llora o no habla de él, y otras porque puede que la pareja no viva al mismo tiempo los momentos de mayor dolor o las crisis emocionales derivadas de la pérdida. Es también relativamente habitual culpar de alguna manera a la pareja, lo que se puede traducir en reproches continuos o en sentimientos de impaciencia e irritabilidad hacia el otro.

Será necesario en estos casos reconducir la situación e intentar superar adecuadamente el inmenso dolor que supone la muerte de un hijo. Se deberán encontrar nuevas formas para vivir, nuevas motivaciones vitales sin el hijo perdido. Si por años la vida de los padres estuvo en función de su hijo, ahora la existencia debe reorientarse hacia otros rumbos; como acercarse más a los demás hijos o, de no haberlos, ayudar a otros familiares.

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