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JUBILACIÓN

¿Cómo nos afecta psicológicamente la jubilación?

¿Cómo nos afecta psicológicamente la jubilación?

Una de las principales crisis que es preciso afrontar en la edad madura es la originada por la jubilación.

La preparación para la jubilación debe comenzar en etapas anteriores
Una de las principales crisis que es preciso afrontar en la edad madura es la originada por la jubilación. Su impacto depende del significado que tenga para la persona que la vive y éste, a su vez, del valor que el individuo otorgue al trabajo para definirse a sí mismo y en relación al valor que conceda a otros posibles papeles que pueda desempeñar después de la jubilación.

Las actitudes hacia la jubilación suelen ser ambivalentes y cambian con la situación que se tiene en el trabajo. Se ha observado, por ejemplo, que el deseo de jubilarse suele ser superior entre las personas de 50 a 60 años que entre las de 64 a 65 años. Es decir, que se suele anhelar el abandono del trabajo cuando se ve lejano, pero sucede lo contrario cuando dicha separación es inminente. Cumpliéndose la tendencia reconocida por la psicología popular, según la cual se desea lo que no se tiene... y no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde.

La jubilación origina en algunas personas una fuerte sensación de vacío, pérdida de intereses, ausencia de objetivos y una drástica reducción de la actividad. Superar estos problemas es uno de los principales requisitos para favorecer la calidad de la vida durante la etapa posterior. Y para conseguirlo, conviene tener en cuenta que estos problemas se producen, sobre todo, cuando la jubilación es obligatoria y el individuo no se había preparado para asumir los cambios que implica.

Las consecuencias de la jubilación dependen del nivel de satisfacción y de implicación personal que cada individuo tiene en su trabajo. En determinadas situaciones, la jubilación puede representar una liberación. El deseo de jubilarse aumenta, por ejemplo, cuando en el trabajo se experimentan frecuentes conflictos, necesidad de adaptarse a cambios importantes, bajos niveles de autonomía o exigencia de un gran esfuerzo físico. Existen también importantes diferencias en función del estatus ocupacional: cuanto mejor posición ocupa una persona en el trabajo, mayor es el rechazo a la jubilación.

Cuando la jubilación no es forzosa, la transición se produce mejor. Quienes se jubilan voluntariamente suelen diferenciarse de los que lo hacen por obligación en que han planificado más activamente la nueva situación, tienen una actitud mucho más positiva hacia el incremento del tiempo libre que supone, viven con satisfacción los cambios sociales y económicos que con ella se relacionan y tienden a desarrollar otras actividades que antes no podían llevar a cabo.

Por otra parte, conviene aclarar que las personas que tienen expectativas excesivamente altas de las posibilidades que la jubilación les proporciona en áreas que no han podido desarrollar anteriormente experimentan, tras una fase inicial de euforia en la que tratan de poner en marcha todas esas actividades, otra fase de cierto desencanto y, finalmente, una reorientación más serena y realista a partir de la cual se estabilizan.

Las características observadas en las personas que superan la jubilación con eficacia pueden ayudar a prevenir las consecuencias negativas que se observan en otras. Para lograr este objetivo pueden llevarse a cabo las siguientes actividades:

- Buscar información sobre las actividades que se podrán realizar al no tener que trabajar.
- Elaborar planes y proyectos personales para la nueva situación.
- Preparar condiciones que permitan llevar a la práctica dichos planes y mantengan a la persona jubilada en contacto con otras personas en diversos contextos.

María José Díaz-Aguado. Catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense.

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