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¿Recordando no corremos el riesgo de sufrir?

¿Recordando no corremos el riesgo de sufrir?

«Venga, abuela, cuéntanos cosas de cuando tú eras pequeña», nos pide una vocecilla que, a veces, no es más que el eco de nuestros propios deseos de revivir la propia historia: volver a encontrarnos con el niño que fuimos para tomar mejor de la mano al que nos pregunta y ayudarle a construir su futuro. Recibir y transmitir: son las palabras que enlazan a las sucesivas generaciones.

Todo el mundo siente la necesidad de hacer, en algún momento, un balance de su vida. Algunas personas tienen tantas dificultades para «cuadrar las cuentas» que necesitan ayuda y acaban recurriendo a un psicoterapeuta o a un psicoanalista. Son casos especiales. Hay otras que se zambullen en su pasado para conocerse más y vivir mejor el futuro. En cualquier caso, revivir la propia vida nunca es un acto sin trascendencia. Recordar es reencontrarse con las personas de las que hablamos y puede ser doloroso. En todas las familias hay tantos malentendidos y episodios dramáticos como hechos felices... De todo ello quedamos cada uno de nosotros, fruto del amor de nuestros padres y fruto de nuestros propios amores y encuentros. Y esa es la cosecha que ahora nos toca transmitir a los que nos siguen.

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