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Reconstrucción de la parálisis facial

 La parálisis facial es una de las lesiones que pueden derivarse la cirugía necesaria para extirpar determinados tumores cerebrales, traumatismos, procesos congénitos, infecciosos, etc.

¿Qué es?

La parálisis facial es una de las lesiones que pueden derivarse la cirugía necesaria para extirpar determinados tumores cerebrales, traumatismos, procesos congénitos, infecciosos, etc. Para tratar esta parálisis se llevan a cabo unas intervenciones de microcirugía, caracterizadas por ser complejas y laboriosas. La operación consiste en implantar un injerto muscular que realice las funciones del músculo afectado, en este caso el músculo cigomático mayor, de manera que el paciente recupere la capacidad de sonreír. Se pueden emplear injertos nerviosos o trasplantes musculares según el tiempo de evolución de la parálisis, la edad y el sexo. Cuando la parálisis tiene más de dos años de evolución el injerto procede de la zona del músculo recto interno (llamado músculo gracilis) que está situado en la parte interior del muslo. Con este fin se extirpa un segmento con un tamaño de 9 por 4 centímetros, incluidas sus respectivas vena, arteria y nervio.

¿Cómo es la intervención?

Antes de que se trasplante el injerto, en la cara del paciente es preciso exponer para la recepción los vasos faciales y el nervio facial del lado sano u otros. A continuación se procede al implante, durante el cual el nervio del injerto se conecta al nervio facial del lado sano u otro, mientras la arteria y vena del músculo donante se suturan a sus correspondientes vasos faciales. En esta cirugía, la incisión en el rostro se realiza por la línea que discurre junto al nacimiento del pelo y detrás de la oreja, de manera que apenas se aprecie la cicatriz resultante. Si la parálisis afecta a ambos lados del rostro, el procedimiento deberá realizarse en dos fases. La duración de cada intervención ronda las 6 horas. En estos casos el nervio donante es el nervio masetérico.

¿Cómo es la recuperación?

Cuando el paciente sonríe es como si hiciera un pequeño movimiento de mandíbula. Posteriormente, gracias a su plasticidad (capacidad de aprendizaje), el cerebro asimilará la nueva función del músculo injertado, que a partir de entonces será el encargado del movimiento de la sonrisa. Para conseguirlo el paciente deberá hacer rehabilitación

Artículo facilitado por:
Clínica Universidad de Navarra

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